Carmen Bazán obtiene el divorcio de Humberto Janeiro y le demanda penalmente

—Pero se necesita dinero para vivir, y si tu ex marido no te paga, como dices, y tampoco quieres pedir ayuda a tus hijos, tú me dirás.
—Estoy tirando de los pocos ahorros que tengo.
—Cuando Humberto se marchó de la finca, pareció dar a entender que se sentía humillado.
—Yo no lo creo. Lo que sucede es que mis hijos van cada uno a lo suyo, porque tienen sus obligaciones, y entonces se veían poco, no que no se hablasen entre ellos.
—Y encima tú no le dirigías la palabra.
—Ahí está. Como yo no le hablo, pues a lo mejor se sintió obligado a marcharse, porque del personal que trabaja en la finca le hablaban todos. En resumen, que mi ex marido se fue de aquí cuando le dio la gana y cuando le pareció. No le echó nadie.
—Ahora vive en una casa nueva.
—Dice que es alquilada con opción a compra. Ahí vivirá con sus amigas. Es que ya...

‘Ya no siento rencor’
—Parece como si ya todo te resbalase.
—Pues, mira, sí...
—Ni rencor ni nada.
—Ni rencor. Me da exactamente igual.
—Te veo mucho más tranquila.
—Sí, aunque evidentemente lo he pasado muy mal. No olvides que durante cuarenta años he estado casada con ese señor, que, además, es el padre de mis cuatro hijos. No he conocido a otro hombre.
—Hace unas semanas tu hija me decía que habías estado mal de salud.
—Sí, he estado mal. Tuve dos úlceras sangrantes y una hernia de disco. Me tuvieron que ingresar y hasta ponerme transfusiones de sangre.
—Quizá los disgustos tengan mucho que ver, Carmen.
—Ese fue el motivo. Seguro. Ya estaba harta. Tuve muchas depresiones, no quería comer, no quería nada.
—Y por si fuera poco, tu hijo Víctor estaba en Africa con ‘La selva de los famosos’.
—Encima eso. Me ahogaba, no podía andar... hasta que fui a hacerme un chequeo médico y me encontraron todo eso. Fíjate que en un principio, ante los síntomas que presentaba, me hablaron de la posibilidad de tener un cáncer de colon.
—Carmen, a lo mejor, un día te entran ganas de dejar ‘Ambiciones’ y comenzar una nueva vida lejos de aquí.
—¿Irme yo de la finca? Mi vida está aquí. ¿Qué hago yo por ahí sola? ¿Cómo me voy a ir? Mi Víctor lo tengo aquí casi permanentemente, Humberto, cuando no está volando, también viene aquí, mi nieta Julia...

‘Habrá hombres que son de fiar’
—¿Verás ahora a Humberto de otra manera desde la distancia del corazón?
—Pues, mira, si le viera que ha rehecho su vida con una persona que de verdad le quisiera, pues mejor. Pero no creo que lo vea.
—Pero él dice que sólo tiene amigas.
—Para mí, esas dos no están con mi ex marido porque le quieran. A la vista está. Porque si una le quisiera de verdad, no consentiría que estuviera con la otra, ¿o no?
—Podrías casarte de nuevo, Carmen.
—¿Yo? Nunca. Jamás me volveré a casar porque lo que yo he vivido no lo vuelvo a vivir más con otro hombre.
—No puedes ni debes generalizar.
—Tienes razón, pero es que he pasado mucho. Habrá hombres que son de fiar.
—Ahí te duele, Carmen.
—Yo siempre confié en él y él no se ha comportado como tenía que haberlo hecho.

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