Cecilia Bolocco: "Que digan lo que quieran de nosotros, nuestro amor es más fuerte que nunca"

El cordón de plata
—A propósito de familia, ¿cómo está el increíble pequeño gran caballero?
—¿Se refiere a mi marido?
—De él hablaremos después, le pregunto por el otro, por su pequeño
—se abre su sonrisa fresca, maternal.
—Ese es mi ángel. Tanto lo ansiábamos Carlos y yo, tanto, que su llegada marcó un antes y un después en nuestras vidas, sobre todo en la mía, porque para una mujer ser madre es realmente un privilegio. Yo digo que eso de que castigar es parir con dolor no es cierto, para mí ha sido y es una bendición. Porque llevarlo dentro de ti, en tu vientre, y luego esperarlo tanto tiempo, y de ese cordón umbilical, aunque lo corten físicamente, se desarrolla uno virtual, como un cordón de plata, que te mantiene unida de por vida. Yo siento esto… —y se lleva la mano desalhajada a la cintura. Y es que ahora mismo sólo está encendido frente a ella el piloto rojo de la cámara veraz, de la pregunta.
—Me han dicho que en tu nuevo programa habrá incluso como un lugar, un apartamento para tu pequeño…
—Así será. En ello estamos. Sé que la televisión es para entretener, cierto, pero quisiéramos hacer también el aporte de algo de valor, y así, en la nueva temporada de La noche de Cecilia, de doce capítulos en principio, de dos horas de duración cada uno, con música y entrevistas, hemos decidido eso, que sea La casa de Cecilia, mi casa, y hemos puesto en pie no un estudio de televisión, sino un lugar magnífico como es el Palacio de Riesgo, monumento nacional en Santiago de Chile, y en ese lugar habrá un cuarto de juegos, que será el cuarto de Máximo.
—¿Con el niño dentro?
—No, eso no. Mi niño, no. Por nada del mundo. Le hemos llamado el "play room"; mi biblioteca, mis libros estarán, la mesa de la cena con mis invitados…
—Y habrá una cocina, por supuesto... —Habrá cocina, claro, como el corazón de la casa...
—¿Y una alcoba?
—No. No habrá alcoba.
—No sería malo que al primer programa acudiese, para ser entrevistado por ti, el ex Presidente Menem, tu marido…
—Veremos. Aunque yo no le invitaría, porque le pondría en un aprieto, para que no me tenga que decir que no. Además, si él viene a mi casa, viene también a su casa, por supuesto.
—Supongamos que va. ¿Cuál sería tu primera pregunta?
—Yo no le preguntaría nada, porque a mí lo que me gusta es estar cerca de él e impregnarme de esa paciencia infinita que él tiene, de su prestancia. El es para mí un constante ejemplo de lucha, de entrega, de empuje. Mira, él va a trabajar toda su vida por su país, porque eso es algo que está en su sangre. Y si quisiera ver ese día es porque esa lucha es, además, lo que le da la vida, tanto que si le quitas eso, le robas su ilusión de vivir.

Toda una vida comunicando
Le pregunto que cómo le va, cómo le ha ido por España estos días, y me dice que se muestra encantada del trato con la gente, de su deferencia para con ella y su marido, aunque esté lejos.
—La otra noche asististe al estreno de la ópera «Mérimée», en Madrid. ¿Tienes algo de esa Carmen?
—Las comparaciones nunca son buenas, pero se trata de una formidable historia de amor, eso sí, con un final trágico, triste. No me gustaría vivir esa historia, no. Es muy inteligente. Tiene dos Emmy de televisión a lo largo de toda una vida. Ha entrevistado a los más grandes personajes de su tiempo, es valiente y culta. La Barbara Walters del mundo latino.
—Cecilia, ¿y cómo está tu corazón ahora, en soledad, acompañado en la distancia? ¡Ya sabes lo que dicen!
—Estoy en vida plena, he sido madre en un contexto que toda mujer sueña, en un matrimonio bien constituido, con un hombre que me acompaña en todas mis locuras, porque mi vida no es una vida cualquiera. Aunque sea una mujer común y corriente, he vivido una vida extraordinaria, y eso hace que encontrar un compañero que te comprenda, que te acompañe, que sea un cómplice de tus aventuras y que las disfrute junto a ti, aunque sea en la distancia, porque yo hablo con él dos veces al día por lo menos...

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