José Campos, primera entravista tras conocerse su relación con Carmen Martínez-Bordiu

—¿Cómo y cuándo os conocisteis Carmen y tú?
Nos conocimos hace un mes y medio aquí, en Santander. Nos presentó el doctor Alfonso del Corral. Carmen es una señora, y cuando conoces a una señora sobran las palabras. Luego conoció a mi familia, a mis padres, a mis abuelos, a mis hermanos, y la gente la quiere.
—¿Qué es lo que más te impresionó de ella?
Me impresionó ella, la persona. No sabía que tenía tanta repercusión cuando la conocí. Me ha sorprendido cómo la quiere la gente; pocas personas he conocido como Carmen.
—¿Te preocupa la fama?
Sí, no conozco este mundo y no sé cómo actuar. Por ejemplo, esta tarde, cuando la fui a llevar al aeropuerto, nos sorprendieron varios fotógrafos, y Carmen me dijo: "Esto es lo que hay que aguantar" (por salir con ella). Yo la tranquilicé y le comenté que los fotógrafos estaban haciendo su trabajo. Son las circunstancias de apellidarse así.
—En este mes y medio de relación os habéis dejado ver mucho por sitios públicos de Santander...
Siempre hemos estado con gente. Hemos estado en los sitios que habitualmente yo suelo frecuentar. No entiendo por qué tenía que cambiar de lugares.

Hemos paseado por toda la ciudad sin preocuparnos por nada ni por nadie

—¿Le has enseñado Santander? Según tengo entendido, Carmen sólo había estado en una ocasión, y fue cuando era muy pequeña; apenas lo recordaba, según ha comentado a algunos amigos...
Hemos paseado por toda la ciudad sin preocuparnos por nada ni por nadie. Lo que sí tengo muy claro es que a Carmen la quiero respetar al máximo. Ella es una persona que tiene hijos, y no quiero que nada de lo que yo diga pueda afectarle; yo, en cambio, no he estado casado y no tengo nada que perder. Carmen es tan especial, tan humana, tan buena...
—¿Estás muy enamorado de Carmen? Al menos es lo que se comenta por Santander...
Estoy muy ilusionado con Carmen.
—Ella pasa mucho tiempo últimamente aquí, en Santander. ¿Es por vuestra relación?
Carmen viene a Santander porque está haciendo nuevas amistades; mis hermanas, Blanca y Belén, por ejemplo. Ahora ha coincidido que ha venido a España su hijo, Luis Alfonso, para participar en el torneo de polo de esta ciudad.
—No se te ha visto en el torneo. ¿No te gusta el polo?
No he querido quitarle protagonismo a su hijo. He preferido quedarme en el local. Si yo llego a aparecer por allí, entonces todas las miradas hubiesen sido para nosotros, y yo quiero dejar claro que no quiero interferir en la vida de Carmen; quiero mantener un respeto por ella total.
—¿Se queda en tu casa cuando viene a Santander? Se queda en casa de mi familia.
Pero tú vives con tu familia, ¿no?
Tengo una casa en la misma finca de la casa de mis abuelos.
—¿Vais a iros a algún lugar juntos de vacaciones?
¿Mejor que aquí? No se me ocurre ningún sitio que no sea Santander.

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