Miriam Díaz Aroca y su esposo, Wichi, posan por primera vez con su hija recién nacida

Decir que la felicidad ha llegado a un hogar feliz sería una redundancia, pero en esta ocasión es así, y es la mejor forma de explicar lo que se siente al llegar y ser recibidos por todos los miembros de esta familia. El hogar al cual nos referimos es el de Miriam Díaz Aroca, Wichi y Pedro. Todos locos de contento, todos queriendo participar en la atención de María, que con su llegada el pasado día 7 de junio (tal y como hemos informado) ha causado una pequeña revolución, revolución que todos estaban deseando que ocurriera.

—Miriam, ¿qué tal te encuentras?
—Estoy muy recuperada y me siento plena. Estoy viviendo intensamente esta etapa.
—¿Cómo se desarrolló el parto?
—Muy bien, en veinte minutos ya estaba María con nosotros. Fue un parto natural y Wichi estuvo todo el tiempo a mi lado.
—¿Cuánto pesó María al nacer?
—Pesó tres kilos y cien gramos y midió cincuenta centímetros. Lo bueno del parto ha sido que no hubo que darme ningún punto, y esto me ha permitido una recuperación más rápida.
—Wichi, ¿y tú cómo has vivido esta experiencia?
—En primera línea no; en la retaguardia, pero al pie del cañón. Fue algo impresionante, sin palabras. Estaba más nervioso en la habitación que en la sala del paritorio. Allí estuve todo el tiempo en la cabecera de Miriam, y desde ese lugar pude grabar la llegada al mundo de María. Ni que decir tiene que me emocioné al verla.
—¿Cómo ha sido la llegada de María a casa?
—Con muchísimas emociones, imagínate. No sólo es integrarnos toda la familia con María, sino las visitas, los amigos que llegan… Ha sido, sobre todo, una semana intensísima de atención y de intención con el bebé y con toda la familia para celebrar su llegada. Ahora estamos recuperándonos, porque las noches de María se podrían calificar de jarana y juerga. Cada dos o tres horitas hay que atenderla y, aunque es una niña buenísima, este horario nuevo requiere un período de adaptación por nuestra parte.
—¿Cómo es un día normal de María?
—Durante todo el día es como un osito, duerme perfectamente, y a veces me pregunto: ¿tendré que despertarla?, porque duerme cuatro, cinco y hasta seis horas seguidas, pero luego llega la noche y se activa. Ella se activa y entre Wichi y yo nos vamos turnando para atenderla, sobre todo, por los gasecitos, hasta que se consigue dormir entre las tres y cinco de la mañana. Aun con esto, es una niña buenísima y es muy cómodo estar con ella.

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