Humberto Janeiro, padre de Jesulín: 'Mis hijos saben donde estoy'

‘He sido siempre un luchador’
—¿Le impone, le da miedo el futuro, su futuro?

—No, en absoluto. Tengo unas ambiciones tremendas, porque he sido un luchador siempre. Nadie me ha ayudado. No he tenido esa suerte. Me he valido por mí mismo y estoy orgulloso de tener mis cuatro hijos donde están. Si yo no les hubiese arrancado desde abajo, no habrían llegado.
—La vida pasa inexorablemente, Humberto.
—Tengo muy claro una cosa: El día que necesite que me cuiden, porque enferme o me encuentre mal físicamente, me iré a una buena residencia. No me gusta molestar a nadie ni que nadie me trate mal. La residencia se paga y ya está.
—De todas formas, sabe que la distancia con su familia será mayor a partir de ahora.br> —La distancia no me importa, porque ya la tenía en ‘Ambiciones’. ¡Y eso que todos vivíamos a unos pocos metros del otro! Ya me da igual la distancia.
—Mire que si sus cuadros comienzan a cotizarse a partir de ahora.
—¡Ojalá! Pero no creo que ese vaya a ser mi medio de vida. Tan sólo se trata de la distracción o el ocio de un hombre de sesenta y un años. Me gusta pintar, pero me siento joven y fuerte para llevar otros menesteres, y los voy a llevar.

‘Jesús es con quien más he luchado’
—Me da la impresión de que usted piensa que su hijo Jesús le comprende en el fondo.

—Mi Jesús me comprende, pero no puede hablar mi mismo idioma, aunque me lo expresa con sus gestos. Se suele decir eso de ‘de tal palo, tal astilla’, si bien eso no quiere decir, ni mucho menos, que tengamos la fama de mujeriegos que nos han puesto a él y a mí. Sólo te diré una cosa: la libertad es una de las cosas más maravillosas de la vida.
—Humberto, le noto como si se hubiera quitado un corsé vital.
—Me siento como el mirlo que tuve y que un día se me escapó de la gran jaula en la que vivía. Cuando le vi posarse en un árbol cercano, abrí la puerta de la jaula y les grité a los otros pájaros: ‘¡Vámonos!’. Ahí aprecié yo lo que es la libertad.
—Se le llenan los ojos de lágrimas cuando habla de Jesús.
—Porque es con quien más he luchado y a quien he dejado el timón del barco. Mi hijo ha sido la cabeza del tren que ha tirado, pero yo siempre he llevado el timón. De no haber estado yo ahí, no sabríamos qué pudiera haberle pasado en manos de los buitres que hay sueltos en el mundo de los toreros, los cantantes...
—Muy seguro está usted de eso.
—Prefiero que mi hijo me haya dicho: ‘Papá, deberías haber hecho aquello’ a que me digan: ‘Papá, ¿qué has hecho conmigo?’.
—Y ahora es él quien maneja su barca, como decía aquella canción de Remedios Amaya.
—Sí, tiene que aprender. Ya está en edad para eso.
—No me querrá decir que Jesús no está ya curtido en ciertos menesteres.
—Bueno, ten en cuenta que nos morimos aprendiendo. Yo creo que está haciendo las cosas bien.

‘A mi hijo nunca se le va a acabar lo que tiene’
—A él le gusta mucho el negocio de compraventa de fincas.

—No. Yo creo que no toca eso. De hecho, yo le tengo dicho: ‘Zapatero, a tus zapatos, y deja las cosas para otros’. Mi hijo posee un patrimonio muy importante y no necesita nada. Puede llegar a su vejez, que nunca se le va a acabar lo que tiene. Pero todo se lo ha ganado él.
—Eso es innegable.
—Y también sé que es muy feliz en su matrimonio con su María José y sus dos niñas. Tiene el problema de Andreíta con Belén, pero yo creo que con el tiempo eso se va a ir saneando y todo va a ir a su sitio.
—Después de la tempestad viene la calma.
—Sí. En primer lugar, porque mi Jesús no es guerrillero. Es de las personas que saben torear muy bien dentro y fuera de la plaza. Tiene buena mano izquierda para llevar todo, incluso los comentarios sobre él, que, en vez de quitar fuego, lo que hacen es echar más leña. Mi Jesús pasa de todo. Eso es muy importante.
—No me negará que María José, su nuera, también tiene que aguantar lo suyo.
—María José está también preparada. Es una mujer inteligente que sabe sobrellevar la situación. Porque ser la mujer de un torero, y más de Jesulín de Ubrique... Tiene guasa la cosa. Pero ella lo lleva muy bien gracias, como decía, a su inteligencia y su preparación.

Más sobre

Regístrate para comentar
Leer más