Vallejo-Nágera habla en exclusiva de su ruptura con Eugenia

«No considero que venda mi intimidad»
—Que se haya perdido la comunicación, Nicolás, no implica que se diluyan también los sentimientos.
—Los sentimientos no se van tan rápido, es cierto. A Eugenia la he querido mucho.

—Mucho en muy poco tiempo.
—Pues sí.

—Reconocerás que has tenido éxito con las mujeres.
—Hombre, pienso que sí, aunque con este aspecto que tengo, no lo entiendo, de verdad.

—No todo es el físico, Nicolás. Al menos eso es lo que dicen muchas mujeres.
—Bueno, dicen los que me conocen que soy un tipo cariñoso, simpático y buena gente. También muy tímido, y puede que por eso parezca un poco frívolo en determinadas ocasiones.

—¿Callas más que hablas en cuanto a tus conquistas femeninas?
—Me has preguntado sobre tres relaciones cuya existencia ha sido de dominio público, por lo que no considero que esté vendiendo mi intimidad ni mi vida privada. Fíjate, estoy convencido de que lo mío con Eugenia hubiera ido mejor de haber habido mayor privacidad.

—Intuyo como si todavía no hubieses tirado la toalla.
—Me rijo por el destino.

«Me siento un poco desbordado»
—Una cosa es regirse por el destino y otra el deseo interno.
—No quiero insistir en el tema. Estoy algo cansado y con ganas de que pase todo esto para pensar más tranquilamente acerca de lo sucedido.

—Da la sensación de que habéis puesto vuestra relación en suspenso.
—Pienso que la comunicación se ha deteriorado mucho y no sé cómo puede evolucionar.

—Te veo hecho un lío, Nicolás.
—Me han pasado muchas cosas en muy poco tiempo y me siento un poco desbordado. A lo mejor no he sabido reaccionar como tenía que haberlo hecho. Todo lo que hago se mira con lupa, y yo soy sensible. Me siento incómodo.

—¿Puedes llegar a ser una pura contradicción en un momento determinado?
—Sí.

—De todas maneras, Eugenia y tú ibais juntos a sitios donde podría haber fotógrafos en la puerta.
—Acordamos llevar una vida normal en la medida de lo posible, porque estás condicionado por las cosas que se saben de ti. Por ejemplo, hemos ido a discotecas por separado y no nos han visto entrar juntos.

—Pero sí salir juntos, Nicolás.
—Llega un momento en que dices: «Paso, me da igual que nos fotografíen juntos».

«Fui un iluso»
Intenta rebobinar la película de estos últimos seis meses y mira qué fotograma o fotogramas cortarías.
—No borraría sólo una cosa, sino algunas concretas.

—La lección principal.
—Que no hay que meterse en líos. (Ríe.) La verdad, tampoco he aprendido nada concreto. Siento no poder ser más explícito. Si acaso, que estaba convencido de poder ayudar a Eugenia, porque consideraba que yo no estaba metido en ese mundo.

—Qué iluso fuiste, Nicolás.
—Tremendo. Pero siempre he sido muy positivo. Quisiera hacer un pequeño apunte para cerrar este tema.

—Adelante.
—Que hemos intentado llevar la relación de dos personas normales y que siempre he tratado a Eugenia como Eugenia, no como la duquesa de Montoro o la hija de la duquesa de Alba. Para mí ha sido sólo Eugenia.

—Háblame de la Eugenia sin título.
—Una mujer estupenda, cariñosa y supersimpática. Como te decía, tímida, pero muy divertida cuando toma confianza.

—¿Cómo crees que reaccionará cuando lea tus declaraciones?
—Supongo que me hará algún comentario. De todas maneras, se lo he dicho.

—Algo te habrá contestado.
—Yo se lo he dicho.

—Y tu empresa, con nuevo rumbo.
—Así. Somos una empresa joven, que después de cinco años acaba de reestructurarse por completo, incorporando gente muy profesional al proyecto. Ahora somos una agencia de servicios plenos para nuestros clientes. Por ahí no hay problema, somos efectivos y controlamos bien el sector de la comunicación empresarial.

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