José Ortega Cano fue recibido por su hijo, un joven cadete, con un '¡A sus órdenes!'

-Pues ahí vamos, es José, con la voz de siempre, la habitual, cercana, nuestra, luchando, es verdad.Esta semana es ahora más fuerte que ninguna, pero en ello vamos. Sí quiero decirte que gracias por todo, que Rocío está más débil, como es natural, y que la estamos reforzando con alimentos más nutritivos, pero decirte también que salimos de vez en cuando a dar una vuelta, que no se le ha caído el pelo, a mí se me cae más que a ella... y que nos hemos cambiado de habitación. Ahora estamos en un apartamento nuevo, que donde estábamos antes era más triste, y por lo menos aquí hasta vemos una palmera.
Un breve silencio. Escucho respirar cerca de la Jurado.
—Espera, Tico, que quiere saludarte Rocío, que ya sabes que te queremos mucho.
El nudo. La emoción. Por mi parte, digo. Al otro lado, la Jurado con el chorro de voz habitual. Mi palabra de honor. Mi palabra de amor.
—Rocío, bonita, que todos los días me acuerdo de ti, de verdad, porque llevo al cuello la Virgen de Regla que me regalaste, ¿te acuerdas?
Me acuerdo, ¡vaya si me acuerdo!... Mira, te voy a decir una cosa: voy por la calle, sí, aquí en Houston, como si fuera bajo palio, porque me cuelgan a mi paso, como si fuera una imagen, rosarios, estampas, cruces, santos, de este y del otro lado, para que me ayuden en lo que estamos pasando, que no es chico...
Suspira profundo.
—Mira, es que hay que vivir lo que está uno viviendo, no sólo en su propia carne, para saber, en el cogollo mismo del dolor, lo que hay en el mundo y uno no lo sabe. Mira que es dura la cura, pero lo otro, lo que te rodea, hay que verlo, hay que sentirlo..., y hasta que no se vive, no se sabe.

—Oye, Rocío, quiero hacer el quiebro acaso hecho, aunque se parta la cintura de la historia, ¿y el Jabugo no te mejoraría un poco de lo que está pasando?
Se ríe de buena gana, a grandes carcajadas, como cuando la teníamos tan cerca como aquella noche del pescaíto frito en Chipiona, en aquella taberna con el toldo y los recuerdos.
—¡Ay, hijo mío! El Jabugo dices... Mira, aquí hay una cosa que se llama protucho que les trae locos. Digo yo que es que no saben lo que es lo nuestro, que si lo supieran, cambiaría mucho este país... A ver si mi hija Rocío se acuerda y le dejan pasar un poquito...

Siento que tiene ganas de que se la vea entera, fuerte, optimista, y eso traslado al respetable.
—Pero es que voy perdiendo kilos, Tico...

—Enhorabuena, Rocío, con lo que tú has peleado por perderlos y mira por dónde ahora...
Pero no de esta forma, hijo, no de esta forma. Benditos kilos aquellos, que uno lo único que quería era una túnica como la de Demis Roussos para salir a la calle... Ahora, en cuanto termine esto, nos vamos a pasar unos días en Miami, para mejorar la color y reponerme un poco antes de volver a casa.

—Donde estamos esperando. Cuídate, reina, que no tenemos más que una Rocío Jurado y que nos hace mucha falta.
Dile a la gente que gracias por lo que se están preocupando por mí...
Dicho queda, te lo juro, RocíoJurado, prenda.

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