‘Mi tipo de hombre ideal es moreno, de ojos negros, inteligente, con mucho sentido del humor, cariñoso y, sobre todo, muy comprensivo’. Así, con sinceridad y franqueza, se expresaba Carla Goyanes, la hija menor de Cary Lapique y Carlos Goyanes, cuando irrumpía en el mundo de la moda de la mano de Don Algodón hace cuatro años. Una decisión paralela a la idea de concluir los estudios empresariales, siempre intentando pasar lo más inadvertida posible —como ha sido norma de la casa Goyanes—, y ascender lo mínimo por la rampa de la popularidad que no fuera la de sus éxitos profesionales.

Poco a poco lo ha ido consiguiendo... hasta este verano, cuando Carla, una bella mujer de veintiún años, prudente, elegante y de gran estilo personal, ha irrumpido en los medios de comunicación por su relación con Francisco Rivera Ordóñez, convirtiéndose, seguro que sin quererlo, en el personaje del verano. Porque lo que comenzó como un simple rumor pronto se desbordó en un río de comentarios tras la publicación de una foto de Francisco y de Carla con Cayetana en brazos, la hija del torero, en la casa familiar de los Goyanes en Marbella, cuando todavía humeaba la noticia referente a la definitiva imposibilidad de reconciliación entre los duques de Montoro. (Ya se dice incluso que se podría haber presentado demanda de separación legal).

Estos días, Francisco salía a hombros por la puerta grande de la plaza de San Roque (Cádiz), mientras Carla recibía en Marbella el efusivo, y probablemente lleno de significado, abrazo de una de sus amigas, tal y como puede verse en una de las fotos de este reportaje.

Carla conoce desde niña a Francisco y en los Goyanes el torero ha sido tratado como uno más de la familia. Esto es cierto. Como también la admiración que ella siempre ha sentido por el diestro, algo que ya no ocultaba hace cuatro años: "Me encantan los deportes, el cine, el flamenco, salir con mis amigos e ir a ver torear a Francisco".

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