Enrique Ponce abandonó ayer la habitación 586 de la clínica alicantina Perpetuo Socorro, en la que se encontraba ingresado a causa de su grave cogida el pasado martes en la Feria de San Juan. El diestro valenciano sufrió fractura de la clavícula derecha y de dos costillas, además de una cornada de 25 centímetros en el muslo derecho. El parte médico indica que necesitará un mes y medio de convalecencia para recuperarse de las secuelas de la cogida. Enrique Ponce ha optado por vivir esta convalecencia, en sus domicilios de Madrid y Jaén, siempre bajo la atenta mirada y el cuidado de su esposa, Paloma Cuevas, quien, en cierta manera, también siente, como si fueran en piel propia, las cornadas que recibe su marido.

Un gran profesional
La centralita de la clínica recibió cientos de llamadas de personas preocupadas por el estado de salud de Enrique Ponce, un torero muy querido por su enorme profesionalidad, sus dosis de generosidad dentro y fuera de la plaza, y su entereza para superar las enormes trabas ocasionadas por el ejercicio de su gran pasión: el toreo.
Y parece ser, que una vez pasado el primer susto, lo que más le disgusta al diestro es que, debido sobre todo a la fractura de clavícula derecha, se perderá al menos veinte festejos taurinos: "Los toreros estamos mentalizados para las cornadas. Pero lo de las fracturas es peor. Calculo que durante un mes, por lo menos, voy a estar fuera de juego".

Dos años después
Hace exactamente dos años (el 23 de junio de 2002) el diestro sufrió otro percance, cuando una costilla se le clavó en la pleura y muchos temieron, incluso, por su vida. Sin embargo, Enrique Ponce se recuperó. Eso sí, a costa de suspender todas sus corridas del verano. Y eso, a un torero, sí que le duele. Lo triste es que este elegante diestro no había sufrido cogidas graves en sus catorce años de carrera, hasta las tres últimas temporadas. Sevilla, León y Alicante ahora se pusieron en su contra. Pero la racha tiene que cambiar. Por la fuerza del torero y la fe de sus seres más queridos.

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