Yo he salido a hacer todas las cosas que fueran necesarias:la radio,el Tívoli,la publicidad...Todo lo que pudiera contribuir a que mis hijas vivieran como unas reinas. Aquella fue una noche terrorífica en mi vida.Se fueron a casa,a acompañarme,varias amigas,entre ellas Pilar del Río,Pilar Falagán,Paz Fernández...y mi querido hermano Paco.Estuvimos toda la madrugada en blanco,porque yo no tenía billete de avión hasta las ocho de la mañana.En esas interminables horas te haces muchas preguntas: ¿por qué te pasa eso a ti?,¿qué has hecho de malo para que te ocurra una cosa tan dramática? Y empecé a recordar lo que había sido mi vida y mi matrimonio,lo que había hecho,cómo había sido con él...Creo que era un enfermo y para mí es como si se hubiera muerto de un infarto.Intenté que mis hijas comprendieran eso.Pero,claro,ellas,sobre todo Terelu,no lo podían entender.Terelu siempre se preguntó por qué su padre había hecho una cosa así,se preguntaba si ella no le importaba nada a él. Yo trataba de convencerla de que su padre estaba enfermo y que,desde luego,por encima de toda duda,las adoraba.Precisamente hizo eso porque no pudo pensar en ellas.Mi hija Carmen se iba a ir ese día con él a Marbella.Le llamó por teléfono. —Papá,que me voy contigo mañana. —No te precipites —le contestó él —,que mañana yo tengo que ir a Ronda. Nunca fue.No le dijo nada.Y creo que una persona que tiene ese problema y está decidida a hacer lo que él hizo no puede concederse ni un minuto de sentimentalismo. Siempre les he dicho que no es que no las quisiera,sino que si en ese momento baja la guardia y le confiesa a Carmen que la quiere mucho,a lo mejor no hubiera podido dar un paso tan trágico.

Mis hijas
Después de haber tenido ese complejo de culpa,por ser una mujer que trabajaba en la calle y no se dedicaba por completo a su familia,cuando Terelu y Carmen han sido mayores he tenido la gran satisfacción de sentirme respetada por ellas.La educación de los hijos es una tarea muy difícil:antes,ahora y siempre.A mí me ha tocado la etapa en que la autoridad no estaba bien vista,y he educado a las dos en libertad. He salido con Carmen y Terelu después de separarme,cuando ya vivía en Madrid.He sido muy colega de las dos,y las dos han sido una de las cosas que mejor me han salido en la vida. No he echado nada de menos,aunque podría haberlo hecho,aquellas cosas que me faltaban cuando mis hijas eran pequeñas.Ellas y mi trabajo me llenaban. No sé si mis hijas tienen algo que agradecerme,porque a una madre no hay que agradecerle nada;sólo que- rerla.Lo que sí sé es lo que yo tengo que agradecerles a ellas:la felicidad que han dado a mi vida,el permitir que pueda sentirme orgullosa de las dos. A Carmen le debo en estos momentos su apoyo en mi trabajo.En Terelu valoro su manera de trabajar duramente, aprendiendo cada día. Cuando mi gran preocupación era cómo podrían superar la muerte de su padre,ellas sólo me dijeron una cosa: Mamá,necesitamos que no te hundas.Si estás bien,nosotras estaremos bien. Así lo hice y así fue.Por todo,gracias,queridas hijas.

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