Miriam Díaz Aroca se ha casado civilmente con Wichi Stuart, hermano de la popular presentadora Belinda Washington

—Miriam, ¿cómo definirías a tu marido?
—Creo que es una bendición en mi vida. Es un ser que me aporta sentimientos y pensamientos limpios. No tiene ningún doblez. Es bondad, generosidad, ternura y alegría. Por supuesto que tiene su carácter, los dos lo tenemos, pero no tiene ningún retorcimiento. Es llano, sencillo y no se complica la vida. Wichi aporta mucha luz y amor a mi vida.
—¿Qué fue lo que más te impactó de él?
—Ese duende, esa magia que despide constantemente. Tiene un ángel y una luz especial en su mirar, en su hablar, en su forma de estar en silencio. Es pura verdad. Eso es lo que más me cautiva.
—¿Esto implica que es tu hombre ideal?
—Es mi amor y mi sueño. Y quiero hacerme viejecita junto a él.
—Y tú, Wichi, ¿cómo definirías a Miriam?
—Una mujer vitalista, muy positiva, que me ha quitado el sentido.
—¿Y el rasgo a destacar?
—Es noble y sincera. Me gusta su capacidad de hacer de una tormenta un arco iris.
—Wichi, ¿no creéis que es poco tiempo para dar un paso tan importante?
—No es cuestión de tiempo. En esto no hay fechas ideales. Es transmitir lo que sientes y llevarlo a cabo.
Miriam apostilla:
—Es una cuestión de encontrarse en el momento oportuno, en el camino correcto y saber que esa es la persona con la que quieres unirte, a la que quieres amar sin tiempo ni espacio. Después de esa fascinación que se produce en el primer encuentro, existe luego una reflexión sobre la realidad de la pareja. Sientes esa voluntad de crecer los dos, día a día, con alma, razón y corazón.
—¿Quién pidió a quién en matrimonio?
—Yo le pedí que se casara conmigo a los dos meses de empezar la relación —revela Wichi, mientras Miriam añade, en este punto: —Fue muy bonito. Me lo dijo con tanto amor y tanta verdad...
—Miriam, ¿habiendo vivido ya una experiencia parecida, dudaste un poquito al dar la respuesta?
—Me miró con esos ojos tan bonitos que tiene y me preguntó si me quería casar con él. No tardé ni dos segundos en contestarle que sí, un «sí» emocionado, pero rotundo. En ese momento, si se hubiese podido fotografiar el aire, se hubiera visto todo lleno de chispitas de luz.
—Wichi, ¿cómo reaccionaron las familias cuando les transmitisteis la noticia?
—Al principio, no se lo creían, y mi madre, hasta pocos días antes, no estaba del todo convencida. —Mi madre se quedó sorprendida —cuenta su mujer—, pero sí me creyó. Me abrazó emocionada y me dijo que lo único que deseaba es que yo fuera feliz.

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