Juan Carlos Ferrero, el 'mosquito' de oro

A los tres años coge su primera raqueta, y con sólo 19 ya está entre los 50 mejores tenistas del mundo

Dicen de él que es un mosquito, porque parece que pica suave, pero cuando lo hace asesina como ha podido comprobar hoy el holandés Martin Verkerk al que ha vencido en la final de Roland Garros. Ferrero es un hombre dedicado en alma y cuerpo a su raqueta, su fiel compañera, su confesora, su cómplice... una raqueta que la ha acompañado desde niño y con la que tiene una cita cinco días a la semana durante sus entrenamientos en su natal Onteniente (Valencia).

Nacido el 12 de febrero de 1980 Ferrero sintió predilección por el tenis desde que era tan sólo un niño. A los 3 años con sus pequeñas manos coge sus primeras raquetas, las de su padre, gran aficionado al frontenis, quien tras sufrir una lesión se pasa al tenis, afición que inculca a su hijo desde muy temprana edad. Aún no levanta un metro del suelo cuando Ferrero intenta golpear como puede sus primeras pelotas cualquier lugar de la casa.

A los 8 años consigue su primer título en división de Honor en Benjamines, pero no será hasta los 19 años cuando Juan Carlos entre en la categoría profesional. Comienza entonces la leyenda del 'mosquito', que como dicen sus compañeros 'revolotea en la pista y cuando menos te lo esperas te tira una de sus derechas que son como picaduras'.

Su vital papel en la victoria de España ante Australia en la Copa Davis -la primera ensaladera para el país desde Orantes y Santana - le consagró internacionalmente. No obstante, su nombre ya sonaba dentro del circuito profesional, porque en 1999 realizó una de las mejores progresiones dentro del ranking al avanzar 302 posiciones y así colocarse dentro de los 50 mejores tenistas del mundo.

En 2001 logró cuatro torneos -Dubai, Estoril, el Godó y el Masters Series de Roma, que le llevaron a meterse entre los cinco mejores jugadores del mundo. Una lesión de rodilla al final de temporada le impidió disputar el Masters Nacional, en el que partía como gran favorito. La 'espinita' del año: caer en semifinales del Roland Garros ante el brasileño Kuerten, algo que también hizo el año pasado, ante el español Albert Costa.

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