Desde que llegó a España, a raíz el fichaje de su marido por el Real Madrid, Milene Domingues se ha convertido en una habitual de la prensa. La joven contrajo matrimonio con Ronaldo en diciembre de 1999, y un año después nació el hijo de ambos, Ronald. En el aspecto profesional, los que la conocen bien cuentan que nunca quiso jugar con ninguna muñeca y que prefería dar patadas al balón junto a sus tres hermanos mayores. Su 1,61 metros de altura y sus 50 kilos de peso esconden a una ágil delantera capaz de hacer enmudecer de asombro a su mismísimo marido. Milene juega actualmente en el Rayo, intentando ubicar al fútbol femenino en el lugar que se merece. Estos días, el equipo de Milene jugaba un partido contra un combinado de famosas y deportistas, entre las que se encontraban Carmen Janeiro, hermana de Jesulín, y Coral Bistuer, la ex campeona olímpica de taekwondo, quien, por cierto, no está embarazada, como se ha llegado a decir. El partido acabó con la victoria del Rayo, con tres goles de Milene, curiosamente los mismos que consiguió su marido frente al Manchester recientemente.

—¿Es cierto que de pequeña no jugabas a las muñecas porque preferías jugar al fútbol?
—Sí, es cierto, porque tengo tres hermanos mayores y siempre jugaba con ellos. Desde los cinco años jugaba ya al fútbol, pero en Brasil eso no es tan normal. Los niños sí juegan mucho, sin zapatillas y en la calle, pero para las niñas no es tan normal.
—¿Sientes que el fútbol femenino está discriminado?
—Sí, sigue estando discriminado, pero ha mejorado muchísimo. Hace cinco o seis años, el nivel era más bajo y no se pagaba nada. Ahora las mujeres empiezan a cobrar, poco, pero empiezan a cobrar. Y también se les va dando más espacio en los periódicos.
—¿Cómo te sientes ahora en España?
—Estoy muy poco, porque de jueves a sábado juego en Milán. Actualmente estoy jugando dos campeonatos, y ahora, además, hay un campeonato que empieza en junio. Cuando juego un martes casi me paso toda la semana en Milán. Pero Madrid es una ciudad muy bonita y tiene un estilo más parecido a Brasil que el de Italia. Las personas también son muy parecidas, con un ritmo de vida similar.
—¿Qué costumbres echas más de menos de tu país?
—Sobre todo, comer tarde, sobre las tres. También me encanta dormir por la tarde. En Madrid hay más cosas cosas abiertas a partir de las ocho. Eso en Milán es difícil.
—Con tanto viaje, ¿te acostumbras a los idiomas?
—No, lo llevo fatal. Escucho mucho y leo los periódicos, pero no consigo que mi español sea bueno. De todas formas, el español se parece mucho al brasileño. El italiano ya lo hablo bien, porque llevo allí cuatro años.

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