Elena Cué y Margarita Hernández se enfrentan a los peores momentos de su vida

Elena abandonó una pasión que había cultivado durante catorce años sólo para complacerle. Era un tributo que debía pagar, la primera de otras renuncias que no podía imaginar hasta entonces. Como la libertad de ir a actos públicos, el placer de sentarse entre las invitadas de un desfile de modas, asistir a alguna fiesta con sus amigas...La pareja no quería dejarse ver en exceso, llamar la atención, ser objeto de comentarios, aunque todo fueran elogios para Elena, que frente a las cámaras no habla nada, pero sonríe, parece una persona cercana y afable, aunque es consciente de que ser feliz y demostrarlo crea envidias y resentimientos.

Elena dejaba el tiro al pichón, pero cada fin de semana que no viajaban al extranjero, el matrimonio Cortina se iba a «Las Cuevas », solos, a caminar por el campo, a hacer caza mayor o caza menor, según la estación. En realidad, practicaba su «hobby » favorito todo el año y compartía con su marido la afición a la Naturaleza. Otros fines de semana se subían al avión privado del banquero y volaban a ver una exposición de arte importante. Las antigüedades y la pintura son otras de las pasiones que comparten. Les interesan las subastas; en alguna de ellas han ido adquiriendo los detalles de valor y buen gusto que decoran su casa. Los amigos que frecuentan al matrimonio Cortina hablan de una pareja enamorada, divertida, que se ríe de las mismas cosas, que va al mismo ritmo.

Intensa vida social
En Madrid, han vivido hasta ahora una vida social intensa, pero de puertas adentro, con cenas diarias fuera de casa. Elena juega al padle varios días por semana con algunas amigas. Una de sus íntimas es Isabel Sartorius, que a veces la ha acompañado a pasar algún fin de semana en Saint-Tropez, donde está atracado todo el año el yate del financiero. Ese barco es su casa de verano, donde pasan solos muchos días descansando, leyendo, con escapadas a otros puntos de la Costa Azul francesa, a Cerdeña, la costa de moda, desde que el Aga Khan construyera en Costa Esmeralda uno de los complejos turísticos más exclusivos del mundo.

Allí pasan sus vacaciones algunos de sus amigos actuales, como Flavio Briatore,el «play-boy » italiano que fue novio de la modelo Naomi Campbell, propietario de la discoteca Le Billionaire, donde se da cita la «jet set » internacional.. También se les ha visto junto a Juan Villalonga, su primera mujer, Concha Tallada,en unas vacaciones en el Caribe. La amistad de Villalonga Cortina siguió después de la separación del antiguo presidente de Telefónica. Elena Cué y su marido eran algunos de los invitados a la boda de Juan Villalonga con la mexicana Adriana Abascal en Los Angeles .Allí pudimos ver unas imágenes poco frecuentes de Alberto Cortina, bailando ritmos modernos, muy animado, con Elena, su mujer.

La amistad de los dos matrimonios se ha ido enfriando poco después, por los complicados intereses del mundo de los negocios. En esta vida intensa y cosmopolita, a Elena sólo le ha faltado una cosa, un hijo, que lleva buscando desde el día en que se casó y que por momento no ha llegado. Una vida que no le ha impedido seguir trabajando junto a sus padres.

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