Eugenia Martínez de Irujo, haciendo gala de su discreción habitual, no ha querido hablar, en sus últimas apariciones públicas, de la situación que atraviesa su matrimonio con Francisco Rivera Ordóñez. Han sido semanas de rumores, algunos hablando incluso de una grave crisis en la pareja que contrajo matrimonio el 23 de octubre en Sevilla.

Ellos, a los que nunca les ha gustado ser el centro de atención por cuestiones personales, han evitado las preguntas indiscretas que sólo han tenido por respuesta el gesto serio y la mirada hacia otra parte. Viven un momento de alejamiento, pero también es cierto que su relación es cordial y que están intentando superar esta pequeña crisis.

Aunque viven separados, él en la finca La Pizana, y ella en el palacio de Dueñas, la residencia sevillana de su madre, la duquesa de Alba, se ven continuamente ya que el torero visita todos los días a su hija Cayetana. Además, el diestro sigue contando, en las circunstancias más penosas con el completo apoyo de su esposa, como se demostró cuando ambos estuvieron con la tata de Francisco, pocos días antes de que falleciera.

Intentan permanecer ajenos a los comentarios, algunos malintencionados, y a las cada vez más persistentes polémicas sobre su matrimonio mientras solucionan esta crisis pasajera.

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