La contaminación conlleva un mayor riesgo de sufrir un ictus

Medio ambiente

La contaminación conlleva un mayor riesgo de sufrir un ictus

3 de cada 10 accidentes cerebrovasculares se atribuyen a la polución ambiental, cuya influencia en enfermedades neurodegenerativas es destacable

by Gtresonline

Cuando parece que la concienciación sobre el cambio climático va calando cada vez más en la ciudadanía mundial, la Sociedad Española de Neurología (SEN) hace hincapié en los efectos de la contaminación sobre el cerebro, una circunstancia desconocida por la mayoría de las personas que solemos relacionar polución ambiental con enfermedades respiratorias. Este desconocimiento es, en palabras de Pablo Eguía del Río, vocal de la SEN, “porque ha sido recientemente cuando se ha comenzado a estudiar en detalle la relación entre la aparición de enfermedades neurológicas y la contaminación ambiental”.

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Además los expertos han querido recordar que la contaminación ambiental también repercute de manera negativa a nivel cognitivo: “Un número creciente de estudios epidemiológicos realizados en todo el mundo han hecho saltar la alarma porque se ha demostrado que la contaminación puede provocar una reducción en la capacidad cognitiva, en las habilidades intelectuales y en la memoria”. Más de nueve millones de personas fallecen cada año por causas atribuibles a la polución atmosférica. Causa más de tres millones de muertes prematuras, de las cuales unas 27.000 se dan en España. Eguía del Río se suma a lo que dicen otros expertos: “Reducir la polución no solo ayudaría a evitar muchas de las muertes que se producen cada año, sino que también podrían frenar el aumento de casos de enfermedades cerebrovasculares y neurodegenerativas”.

La contaminación no solo influye en enfermedades respiratoriasVER GALERÍA

 Los estudios lo confirman

Diferentes investigaciones relacionan la exposición a la contaminación del aire con los cambios en la funcionalidad natural del cerebro, apuntando que una mayor concentración de contaminantes se relaciona con una menor maduración funcional de las redes cerebrales, básicas para la actividad intelectual.

  • Estudio de la Universidad de Yale realizado en conjunto con la Universidad Normal de Pekín: según comenta Eguía, una de las conclusiones de esta investigación reconoce que incluso tres años después de una alta exposición a contaminantes, las personas que participaron en el estudio tenían un rendimiento cognitivo similar a perder un año de escolaridad.

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  • Por otra parte, desde la SEN hablan de otro estudio realizado en Canadá que concluyó que las personas que vivían a menos de 50 metros de una carretera tenían más riesgo de desarrollar demencia. A este se han sumado otros que apuntan a que la exposición a la contaminación atmosférica, especialmente a mercurio y plomo, son un factor de riesgo para desarrollar alzhéimer, párkinson, esclerosis múltiple o esclerosis lateral amiotrófica (ELA) e incluso epilepsia.
  • Otros informes también hablan de las consecuencias de una exposición prolongada a la contaminación, asociada con estrés oxidativo, neuroinflamación y también al envejecimiento prematuro del sistema nervioso central.

El 30% de los ictus son atribuibles a la contaminación del aire

El Global Burden os Disease señala que hasta el 30% de los ictus que se producen cada año en todo el mundo podrían ser atribuibles a la contaminación del aire, ya que los agentes contaminantes han quedado relacionados con estados protrombóticos. En la última Reunión Anual de la SEN se presentaba una nueva investigación que apuntaba que la contaminación podría influir tanto en el incremento de ictus isquémicos, en la gravedad inicial de esta patología, así como en el pronóstico a corto plazo.

La contaminación también influye en otras enfermedades neurodegenerativasVER GALERÍA

Otros tóxicos que afectan a enfermedades neurodegenerativas

Juan Carlos Portilla, miembro de la SEN explica que el 17,6% del total de los trabajadores españoles manipula contaminantes químicos y que el 22% de los trabajadores europeos inhalan humos y vapores durante una cuarta parte de su vida laboral. Las consecuencias que destaca Portilla es que “la exposición a pesticidas se asocia a un mayor riesgo de padecer párkinson y alzhéimer, mientras que los disolventes pueden ocasionar síntomas neuropsiquiátricos o incluso daño neuronal, así como la exposición a metales puede suponer la formación de placas seniles y muerte neuronal”.

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