Estos son los rasgos que definen a una persona procrastinadora

Estos son los rasgos que definen a una persona procrastinadora

Cuanto más tiempo retrasamos las tareas que debemos hacer, más probabilidad hay de que nos sintamos inestables emocionalmente, pues el temor a la montaña de cosas por hacer puede convertirse en un problema por partida doble: baja autoestima y pérdida de la confianza en uno mismo.

by Cristina Soria

La procrastinación no es un rasgo propio de nuestra personalidad, sino que es producto de un estado de ánimo general que nos conduce a retrasar las tareas que debemos completar hoy, y hace que las posterguemos para después, o para mucho después. De esta forma puede que todo lo que te apetece hacer lo hagas primero, y todo lo que no se te acumule para después, generando así una situación contínua de colapso que puede darte malas consecuencias.

Sobre si la procrastinación es inequívocamente mala, o tal vez tiene sus ventajas, existen opiniones muy dispares. Por un largo se considera que las mentes más caóticas e impulsivas pueden demostrar ser procrastinadoras, y que en algunos casos, todo en conjunto, denota creatividad y facilidad para adaptar tu rutina a las situaciones que se presentan y a tu estado de ánimo.

Sin embargo, que la procastinación sea claramente positiva es solo una cuestión reducida a ciertas personas que sacan provecho de esta forma de organizarse “arbitraria”, y lo más común es que traiga consigo problemas importantes a la hora de hacer frente a las responsabilidades, no solo profesionales, sino domésticas.

Porque, muy especialmente ahora, la procastinación está instalada en nuestro día a día gracias a la tecnología y al contacto permanente que tenemos con la información de las redes sociales. Si cada cierto tiempo podemos “evadirnos” y mirar qué foto han publicado nuestros amigos en Instagram, qué noticias nuevas hay en Twitter y qué comentario nos hacen los amigos en Facebook, probablemente estaremos usando las redes sociales para alimentar el monstruo de la procrastinación, y dejando para luego lo que podemos hacer hoy.

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¿Sabías que la procastinación tiene que ver con tu autoestima?

Hay indicadores que demuestran que puedes ser propenso a procastinar, pero esto es además un camino de ida o de vuelta, porque si luchas contra tu procastinación puedes llegar a mejorar en otros aspectos.

Uno de los factores más importantes para dejar cosas para luego es la percepción de que hay algo de ciertas tareas que nos plantea una resistencia o rechazo. Esto es muy común porque tenemos miedo a fracasar realizándolas; nos da pereza porque preveemos la inseguridad que podremos sentir al meternos de lleno en ellas; y, de esta forma, procastinar significa rebelarnos contra lo que no nos apetece, entregándonos en cuerpo y alma a los brazos de la inseguridad.

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Si ese es tu caso, recuerda: la mayoría de las veces que dejaste para luego algo que te preocupaba, probablemente acabaste descubriendo que no era para tanto, y que tuviste que trabajar o esforzarte más porque habías dejado pasar demasiado tiempo, no porque la tarea fuera difícil. Así que, si sientes la necesidad de procastinar porque, en el fondo, crees que se trata de tareas demasiadas complejas para ti, apoya tu resiliencia y lánzate a quitarte ese peso de encima.

Además, cuando más tareas sin finalizar acumulamos, más probable es que nos sintamos sobrepasados por todo lo que no queremos hacer, y la montaña no dejará de hacerse grande, pudiendo generar cierta ansiedad el mero hecho de pensar en acometer esas cuestiones. Además, la procastinación disminuye nuestra autoestima, porque reconocemos claramente cómo existe una espada de Damocles sobre nosotros, que en cualquier momento puede caer y ponernos en evidencia o desencadenar otras consecuencias.

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Aprende a no procastinar como si caminaras, paso a paso

Para luchar contra la procastinación debes tener en cuenta que no puedes dar dos pasos a la vez, sino uno a uno. De esta forma, empieza a deshacer el nudo, pasito a pasito. Haz una lista con todo lo que tienes por hacer y ve tachando aquello que termines. Así, poco a poco, observarás cómo las tareas desaparecen.

Cuando no procastinas, eres más estable emocionalmente, porque no sientes temor a sufrir situaciones en las que se te enquistan las tareas, te sientes más capaz de todo, y el mero hecho de superar etapas y terminar cosas te da la percepción de que eres eficiente y de que haces un buen trabajo. Y esto es aplicable tanto en un ambiente laboral, como con tus hijos o con cuestiones de tu casa.

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