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La contaminación: el ‘nuevo tabaco’ que está dañando tu corazón

En 2016, la contaminación del aire mató a 6,1 millones de personas en todo el mundo: 4,1 millones de muertes fueron provocadas por la contaminación exterior, y 2,5 millones debido a la contaminación del aire doméstico.

by J.G.

Los datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS) son claros: la contaminación del aire es responsable de alrededor de siete millones de muertes al año en el mundo, de las cuales 2,5 millones corresponden a enfermedades del corazón (25%), y 1,4 millones a ictus (24%). Tanto que la contaminación ambiental ya es considerada por los expertos como el ‘nuevo tabaco’.

¿Cuáles son las enfermedades causadas por la contaminación?

Consciente de esta problemática y de su impacto sobre la salud cardiovascular, la Fundación Española del Corazón (FEC) celebró la jornada ‘Impacto de la calidad del aire en la salud cardiovascular’, junto con la European Public Health Alliance (EPHA por sus siglas en inglés), y la colaboración de la Universidad de Deusto (Bilbao).

“El problema de la contaminación ambiental es tan preocupante que el simple hecho de respirar está comprometiendo seriamente nuestra salud. Se han estudiado hasta cien patologías distintas relacionadas con la contaminación, desde problemas bronquiales, enfermedad obstructiva crónica, asma, cáncer de pulmón, derrame cerebral, hipertensión, arterosclerosis, enfermedades neurodegenerativas como el Parkinson, el Alzheimer… Pero sobre todo tiene una acción directa sobre el aparato cardiovascular, de forma que, según los datos de los que disponemos, el 80% de la contaminación ambiental impacta sobre la salud cardiovascular (anginas, infartos, insuficiencia respiratoria…). En concreto, es responsable directa de 3,3 millones de muertes por enfermedades cardiorespiratorias; 2,1 millones por ECV y 1,1 millones por ictus isquémico y/o hemorrágico. Esto representa la primera causa de morbilidad y mortalidad por delante de factores de riesgo cardiovascular tradicionales, como el tabaco, la obesidad, la diabetes o el colesterol alto“, indica el Dr. José Luis Palma, vicepresidente de la FEC.

¿Cuáles son los principales contaminantes ambientales?

Como sabemos, uno de los principales agentes contaminantes son las grandes ciudades debido al tráfico rodado y el óxido de nitrógeno que expulsan los tubos de escape, empeorando considerablemente la calidad del aire. De hecho, según los últimos estudios, el 93% de la población mundial está expuesta a niveles detectables de contaminación del aire exterior producidos, principalmente, por el tráfico urbano, pero también por las calefacciones domésticas, la agricultura, el turismo… Y es que los agentes contaminantes que comprometen nuestra salud son varios:

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  • Partículas en suspensión (ceniza, hollín, polvo, niebla, humos…). Conjunto de partículas microscópicas líquidas y sólidas procedentes de residuos animales y vegetales, y que permanecen flotando en el aire. Aunque no son visibles, se pueden apreciar en grandes ciudades, en lo que llamamos ‘boinas’ de contaminación. Estas partículas se dividen en tres grupos según su tamaño; las que más afectan a la salud son las micropartículas (miden 2,5 micras o menos). El tráfico es, según los estudios, el factor que más contribuye (entre un 70 y un 80%) en la contaminación por partículas en suspensión de menos de 2,5 micras. Por tanto, en la actualidad, es el mejor indicador de la contaminación urbana. “En estos estudios queda patente que los aumentos de PM  2,5 en el aire, incrementan el riesgo de morir por cualquier causa y, en especial, de fallecer por enfermedades del aparato circulatorio y cáncer de pulmón”, apunta el doctor.
  • Ozono. Es el componente principal de la niebla fotoquímica y tiene lugar por la confluencia de otros factores contaminantes (dióxido de nitrógeno, partículas en suspensión…). Se da sobre todo en verano, por la humedad, el calor y el exceso de radiación solar.
  • Monóxido de carbono (CO). Es el resultado de la combustión incompleta de combustibles que contienen carbono (biomasa, fuel…). Por ejemplo, en un aparcamiento los niveles suelen ser alto, provocando alteraciones en personas con malas condiciones cardiovasculares o, incluso, desencadenar un episodio de angina. Esto se produce por la transformación de la oxihemoglobina en sangre por la carboxihemoglobina, que es lo que ocurre cuando escuchamos que alguien ha fallecido intoxicada a causa de una mala combustión de una estufa, por ejemplo.
  • Óxidos de nitrógeno (NO, NO2…). Es uno de los más relevantes ya que es el que se tiene en cuenta para que las autoridades sanitarias eleven la alerta sobre los altos niveles de contaminación y, por tanto, sea necesario restringir el tráfico rodado, que es el principal emisor de este componente. Los vehículos con motores diésel no provistos de catalizadores selectivos son los que emiten más material particulado y de menor tamaño. Por eso, las medidas encaminadas a la reducción y limitación del tráfico rodado se plantean como una de las soluciones más inmediatas.
  • Dióxidos de azufre (SO2). Es la combustión de materias que contienen azufre, principalmente, plantas industriales, pero también motores diésel, calcinación de sulfuros metálicos… Según un estudio elaborado por la Universidad de Deusto, los días en los que se registran altas concentración de dióxido de azufre aumentan las hospitalizaciones por eventos cardiacos agudos y de la mortalidad.

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Contaminación, también en el hogar

Además, solemos pensar que la contaminación ambiental es aquella a la que estamos expuestos fuera del hogar, pero esto no es así. Nuestras casas también acumulan una alta concentración de ciertos contaminantes perjudiciales para la salud, llamados compuestos orgánicos volátiles (COV). Son componentes químicos que contienen carbono y su concentración es diez veces superior en el aire interior que en el exterior. Esto es debido a malas ventilaciones, combustiones de estufas, o, incluso, a los ambientadores y velas perfumadas a los que tan aficionados somos.

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De hecho, la lista de contaminantes en el interior de los hogares incluye:

  • Los muebles de madera prensada, que pueden emitir formaldehído, y otros conservantes de madera. Los muebles nuevos también pueden contener polímeros que emiten VOC.
  • Algunas pinturas de interior contienen compuestos orgánicos volátiles que se emiten en forma de gas durante el secado y posiblemente a lo largo de su vida.
  • Las velas perfumadas pueden liberar benceno y formaldehído al aire con la combustión.
  • Los suelos pueden emitir formaldehído cuando son nuevos y posiblemente durante su vida.
  • Las chimeneas y estufas de madera pueden generar partículas nocivas durante la combustión.
  • Los productos de limpieza, desinfectantes… pueden contener benceno y emitir vapor y olores.
  • Los fogones de gas y el proceso de cocción en sí pueden emitir humo y olores al aire.
  • Repelentes contra insectos, ambientadores de hogar… Pueden contener compuestos orgánicos volátiles y benceno que pueden ser liberados con la fragancia cuando se utilizan.
  • Ropa lavada en seco.

“Los efectos pueden ser agudos (cuando percibimos el olor y aparecen poco después de la exposición), que pueden provocar tos, congestión ocular, erupción cutánea; y crónicos (incluida la enfermedad arterial coronaria, el cáncer de garganta y pulmón; y algunos problemas respiratorios como la disnea y el asma”,  concluye el Dr. José Luis Palma, quien también indica que hay personas más susceptibles que otras como aquellas que sufren diabetes, hipertensión, obesidad, fumadores, mujeres embarazadas, etcétera.

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