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Insectos: un alimento más de la dieta

Son una gran fuente de proteínas, hidratos de carbono y vitaminas B1, B2 y B3. También contienen omega 3 y 6, todos los aminoácidos esenciales e importantes niveles de hierro.

by JULIA GIRÓN

Por mentira que parezca, los insectos han llegado a la dieta para quedarse. Desde que a comienzos de año, algunas grandes superficies de supermercados incluyeran en sus estanterías sus nuevos alimentos elaborados a base de insectos, el interés del consumidor ha ido en aumento. Sin embargo, mientras los más aventureros ya se han lanzado a experimentar con ellos, todavía hay un sector de la población que se continúa preguntando si de verdad es posible que los insectos acaben formando parte de nuestra alimentación y cuáles son sus beneficios.

Aunque unos dos millones de personas comen insectos en todo el mundo -principalmente en África, Asia y también América Latina-, en España y el resto de Europa los insectos son considerados alimentos desde hace apenas un año, cuando entró en vigor una ley aprobada por el Parlamento. De hecho, los insectos no han formado nunca parte de nuestro patrimonio culinario; lo que puede crear ciertas reticencias en un primer momento. No obstante, tal y como explica la dietista-nutricionista Luján Soler, esto no quiere decir que no podamos incluirlos a partir de ahora y beneficiarnos de su magnífico perfil nutricional.

Larvas de escarabajos, gusanos de seda y orugas, abejas y hormigas, saltamontes, langostas y grillos, cigarras,  chicharritas, cochinillas y chinches, libélulas y moscas… Son muchos los insectos comestibles más habituales y, aunque cada uno de ellos tiene unas propiedades nutricionales diferentes, en general, podemos decir que son una gran fuente de proteínas, hidratos de carbono y vitaminas B1, B2 y B3. También contienen omega 3 y 6, todos los aminoácidos esenciales e importantes niveles de hierro.

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“Todo alimento nuevo que venga cargado de nutrientes es bueno; además está bien variar la alimentación. En su día ya pasó con otros alimentos como la quinoa o el amaranto. Ahora bien, la forma en la que de momento han aterrizado en los supermercados no es la más adecuada, desde mi punto de vista…  Snacks, aperitivos, barritas energéticas… Si miras bien el etiquetado de estos productos, no se diferencian mucho de los snacks de siempre –‘con sabor barbacoa, picante, al curry…’-. Es decir, en su mayoría, están aderezados con todo tipo de aditivos, aromatizantes y, por supuesto, alto contenido de azúcar y sal. Está claro que esta no es la opción más saludable”, apunta la experta en nutrición, decana del CODINMA (Colegio Oficial de Dietistas y Nutricionistas de la Comunidad de Madrid).

Mejor opción, continúa, son “las harinas de insectos que, al igual que otras que en los últimos años se han popularizado, como las de cereales como el trigo sarraceno o el centeno, puede servir de base para la elaboración de muchas recetas (galletas saludables, una masa de tarta). Y luego, por supuesto, en la ensalada, de la misma manera que usamos semillas o frutos secos o bayas goji, por qué no utilizar pequeñas cantidades de insectos crocantes”.

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Una alternativa saludable a la carne

Una de las grandes ventajas que señalan desde la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) es la sostenibilidad medioambiental de los insectos; ya que son más eficientes que otros animales a la hora de producir proteína.

De hecho, según los estudios elaborados por FAO, por término medio los insectos pueden convertir 2 kg de alimentos en 1 kg de masa de insecto, mientras que el ganado requiere 8 kg de alimento para producir 1 kg de aumento de peso corporal. Además, los gases de efecto invernadero producidos por la mayoría de los insectos son menores que los del ganado convencional. Los cerdos, por ejemplo, producen entre 10 y 100 veces más gases de efecto invernadero por kilogramo de peso.

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Si tenemos en cuenta que las cifras de producción de carne en el mundo superan ya los 300 millones de toneladas al año –algo insostenible debido a los recursos limitados de nuestro planeta-, el consumo de insectos, así como otras proteínas vegetales, pueden suponer una solución para el futuro de nuestra alimentación.

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