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Revelado el secreto para vencer el síndrome posvacacional

Estrés, apatía, sueño, malhumor, sensación de lentitud e, incluso, tristeza son algunos de los síntomas del síndrome posvacacional, un problema de adaptación pero no una enfermedad. De la mano de dos expertos, te contamos cómo superarlo.

by Nuria Safont

A estas alturas, nadie duda que exista un 'síndrome posvacacional', a pesar de que no se trate de una enfermedad, según la Organización Mundial de la Salud (OMS). Tampoco la American Psychiatry Association (APA) lo considera un problema de salud mental que catalogue en sus manuales clínicos. Aún así, está en boca de todos y, para algunas personas la vuelta a la rutina es un verdadero calvario.

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Los síntomas de tristeza, apatía, desgana, malhumor, estrés son frecuentes cuando nos reincorporamos al trabajo. ¿Por qué? "La principal causa del síndrome posvacacional es enfrentarnos de nuevo a un trabajo diario o a unas condiciones de vida que no nos gustan o donde no nos sentimos cómodos. En los primeros días, sobre todo, son lógicos los trastornos en mayor o menor medida en función de lo alejados que nos sentimos de la vida que deseamos tener", indica el escritor, divulgador y terapeuta Xavier Caparrós. 

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Amar nuestro oficio sería, de hecho, el secreto para no sufrir al volver a a la oficina. Pero esto no siempre es posible. Entonces, ¿qué hacemos? "En primer lugar no olvidar y tener presente que es posible cambiar de trabajo y encontrar otro que se adapte mejor a nuestras capacidades, características o inquietudes personales. Trabajar cada día ocho horas en algo que nos nos apetece resulta muy duro para nuestra autoestima y para nuestra propia satisfacción personal. Por otra parte, para tolerar nuestro quehacer rutinario propongo siempre tener, crear o hacer alguna actividad extralaboral que sí nos apasione de verdad. Es muy recomendable que cada persona encuentre sus motivaciones para desarrollarse y los caminos para desplegar los dones y talentos que todos tenemos como seres humanos", recomienda Caparrós. 

Asimismo también podemos esforzarnos y reflexionar sobre lo que implica trabajar para no caer en la críticia fácil, adaptarnos a nuestro lugar de trabajo e, incluso, disfrutar de nuestra actividad profesional. Noemi Mateos, miembro de la Asociación Española de Coaching (ASESCO), nos da algunas claves para volver con mejor pie y para valorar más lo que tenemos. 

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Consejos para la vuelta en septiembre

En primer lugar, hay que trazar un plan para recuperarse y dejar de lado los excesos, comunes durante la época estival.

Empieza por tu cuerpo. Al hacer ejercicio, se liberan endorfinas y serotonina, que ayudan a regular el sueño y mejorar el estado de ánimo. La dieta saludable también beneficia. De hecho, según datos de la app 'Quiero cuidarme' de DKV Seguros, el Índice de Masa Corporal (IMC) de los españoles aumenta tras las vacaciones, es decir, volvemos con kilos de más que hay que perder. Además de comer más sano, evita los alimentos que puedan contribuir a aumentar el estrés, por ejemplo, los dulces, la sal o la cafeína. 

Escúchate. Presta atención a tus emociones y pensamientos. Recoge información sobre qué necesita tu cuerpo y piensa cómo vas a satisfacerlo. Si sientes tristeza o ansiedad solo por retomar tus obligaciones, reflexiona y actúa en consecuencia. 

Vive el presente. Ten en cuenta que la tristeza al volver de vacaciones es una emoción que vive en el pasado, mientras que la ansiedad lo hace en el futuro. Toma consciencia del momento presente y agradece lo que las vacaciones te dieron pero valora lo que tienes hoy. 

Practica la higiene mental. Mira dentro de ti, pasa tiempo a solas contigo y escúchate de forma activa. Puedes conseguirlo mediante la meditación o el mindfulness. Limpiarse de emociones y pensamientos negativos y limitantes evita la contaminación de tu estado mental y físico. Y si lo practicas de forma regular incrementarás la conexión interna y tu creatividad. 

Márcate objetivos. En el trabajo, márcate hitos con los que puedas tomar consciencia de cómo estás evolucionando y puedas introducir cambios. Prémiate cuando los logres. Son refuerzos positivos que incrementan la frecuencia de la conducta deseada, la convierten en un hábito y aumentan el bienestar. 

Hazlo poco a poco. Incorpórate de forma progresiva. No intentes volver a la rutina de golpe puesto que aumentas el riesgo de que aparezca el estrés. Ten paciencia contigo y con los demás. Practica la empatía emocional, es decir, ponerte en el lugar de otro y retoma una relación más enriquecedora con tu entorno. 

Depresión y vuelta al trabajo

A pesar de nuestros esfuerzos, puede que no logremos rehacernos y que la vuelta al trabajo nos pase una factura inesperada: síntomas de depresión. En este caso, hay que recordar que no podemos relacionar únicamente la vuelta con la enfermedad, y es conveniente acudir al especialista para que averigüe la verdadera causa del malestar.

Por otro lado, tener un historial previo de trastorno depresivo, bipolar o trastorno afectivo estacional puede favorecer su aparición. Ser muy perfeccionista, introvertido, o la falta de apertura a las nuevas experiencias también son considerados cómo factores de vulnerabilidad para sufrir este síndrome. Lo ideal es tener paciencia y, si nos vemos desbordados, pedir ayuda. 

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