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Pequeños pueblos costeros (que no te sonarán tanto) para disfrutar este verano del mar

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CATOIRA (PONTEVEDRA)

Que este pueblo fuera, durante siglos, una de las fortalezas defensivas más inexpugnables de Galicia, resistiendo los ataques de los ejércitos normandos y los piratas sarracenos es un capítulo importante de su historia que todavía se rememora en Catoira durante la celebración de su romería vikinga, una fiesta de interés turístico internacional. Pero más allá de su conjunto fortificado de las Torres del Oeste, está su ubicación, a 37 kilómetros de Santiago de Compostela y en el lugar en el que se unen la desembocadura del río Ulla y la ría de Arousa, y su entorno natural, un paisaje salpicado de molinos de viento y formado por bosques espesos, marismas y playas fluviales.

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BINIBECA VELL (MENORCA)

Que fuera levantado entre finales de los años 60 y principios de los 70 hacen de Binibeca Vell uno de los pueblos más «jóvenes» de nuestro país. Un lugar encantador, de casas blancas y estrechos callejones, diseñado a modo de laberinto, por el que perderse por sus rincones sin orden.

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TAZONES (ASTURIAS)

El único puerto asturiano con carácter imperial queda próximo a la ría de Villaviciosa. Y lo es porque fue el primero que conoció el emperador Carlos V en su primer viaje a la península. El recóndito y amable pueblo que antaño cautivó el corazón de un joven emperador, hoy conquista por sus antiguas y coloristas casitas de pescadores, sus hórreos, sus rincones tan singulares como el de la casa de las conchas y el animado ambiente de sus restaurantes y terrazas, donde sentarse a comer los manjares del Cantábrico.

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