RUTAS EN COCHE

Al volante por la región de la Umbría, la otra Toscana

Entre suaves y verdes montes, campos amarillos de girasoles y los Apeninos en el horizonte, Umbría compone el paisaje medieval por excelencia. Nos ponemos en ruta para descubrir sus ciudades de ritmo tranquilo, dejándonos seducir por sus recios muros decorados con el arte del Renacimiento y por los vinos elaborados a orilla del lago Trasimeno.

La región italiana de Umbría compensa no tener salida al mar con sus colinas verdes, que compiten sin complejos con las toscanas. Poco visitada, a excepción de Asís, dibuja un paisaje medieval de villas pintorescas encaramadas en lo alto, construcciones imposibles suspendidas en el vacío y lugares que se paladean con calma. Con calma también se degusta la gastronomía local, rica en vinos elaborados con uva sagrantino, trufa negra y blanca, y las variedades locales de pasta, como los strozzapretti o estrangulacuras.

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SPOLETO, LA PRIMERA PARADA

La fortaleza de Spoleto, también conocida como la Rocca Albornoziana y unida con el bosque protegido de Monteluco por un espectacular acueducto, destaca en el perfil de esta ciudad italiana. El centro histórico es peatonal, y, como en otras poblaciones de la región, salva los desniveles de sus calles con escaleras mecánicas y ascensores que viajan por el subsuelo. En la superficie visitaremos los frescos de la catedral, realizados por Filippo Lippi, quien no era feliz con la idea de acabar sus días trabajando en esta obra. Por eso se retrató en La dormición de la Virgen haciendo los cuernos con la mano.

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ASÍS

Umbría abunda en guiños irreverentes, excepto en la devota Asís, patria de San Francisco. Llegar hasta allí no es fácil, ya que la carretera va desgranando un pueblo de postal tras otro: Spello, Montefalco, Folligno… Cuando por fin se avista Asís, su aspecto impone, pero luego se suaviza al pasear pos las calles llenas de tiendas de otros tiempos, como antiguas editoriales sacras de ediciones limitadas o comercios de pesebres, ya que fue San Francisco quien lo inventó. La visita a la basílica dedicada al santo causa admiración. No es extraño puesto que, tras la reconstrucción obligada por el terremoto de 1997, los frescos del Giotto o el crucero pintado por Cimabue resplandecen con un increíble cromatismo.

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PERUGIA

La ruta sigue hacia el oeste hasta llegar a Perugia, capital de la región, que también contó con su rocca o baluarte, hoy desaparecido. Solo han sobrevivido los subterráneos del palacio papal, en realidad las antiguas viviendas de los Baglioni, cabecillas de una revuelta contra el Papa. Tras derrotarlos, sus casas se convirtieron en una especie de catacumbas, que hoy se emplean como salas de exposición. Sobre ellas se encuentra la piazza Italia y el Corso Pietro Vannucci, calle principal de la ciudad dedicada al artista conocido como Il Perugino. El que fuera maestro de Rafael ejecutó las pinturas del Collegio del Cambio, la banca medieval, ubicada dentro del imponente palazzo dei Priori. Algo más allá, la plaza del IV de Noviembre traza una serie de ángulos caprichosos para adaptarse al relieve del lugar. En el centro, la fuente de Giovanni Pisano se rinde a los pies de la catedral de San Lorenzo. Los alrededores son una conjunto de calles que serpentean bajo arcos góticos.

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GUBBIO

A la población más antigua de la provincia se la conoce por su peculiar palazzo dei Consoli, sustentado por una serie de arcos ciclópeos y con una escalinata que brota directamente del segundo piso, obviando el que queda a la altura de la plaza, donde se celebra todos los mayos desde del Renacimiento la Carrera di Ceri.

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EN AUTO DE ÉPOCA

Explorar la carretera que rodea el perímetro del lago Trasimeno para descubrir sus cantinas de vino y pueblos con encanto como Castiglione del Lago resulta aún más apetecible en un coche de época. Las organizan empresas como classycar.rentals/tour, que también aconsejan sobre otros recorridos, como el que lleva hasta Cortona, en la frontera de la provincia, donde Frances Mayes escribió Bajo el sol de la Toscana.

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UN MERECIDO DESCANSO

El establecimiento de referencia para alojarse en Umbria es, sin duda, el hotel Sina Brufani (sinahotels.com), emplazado en lo alto de la Rocca Paolina de Perugia y han contribuido a su fama huéspedes como los Príncipes de Mónaco. Además de vistas panorámicas sobre el valle, en el piso inferior tiene una piscina que permite bañarse viendo unas ruinas etruscas debajo. Otro sitio estupendo es el Borgo Brufa (borgobrufa.it), en Brufa de Torgiano, un hotel diferente y solo para adultos, donde cada habitación es una casa independiente y además cuenta con el mayor spa de la región. Si se prefiere optar por el agroturismo, cerca de Asís está Paradiso41 (paradiso41.it), una antigua casa de campo con habitaciones sencillas pero correctas, donde el lujo es su gran piscina, el silencio y los productos bio que se cultivan en ella.

A LA MESA

Entre parada y parada hay que disfrutar de la gastronomía umbra, rica en productos del campo, en la carne de cerdo cocinada de mil maneras, si bien en las cercanías del lago Trasimeno tampoco hay que descartar los pescados locales. También son típicas las lentejas de Castelluccio di Norcia, así como el pan sciapo, elaborado sin sal. Un restaurante que no hay que perderse es La Fame (Via della Viola, 56), escondido en una callejuela de Perugia. En la misma Perugia, popular, con precios imbatibles y platos excelentes, Dalla Bianca (Via Piantarose, 13/14). Otra experiencia alucinante espera en la Osteria dal Matto (Pl. Mercato, 3), en Spoleto, con un menú de 12 platos distintos y ambientación nostálgica de cine italiano. Y ya en Asís, o mejor, en Santa Maria degli Angeli, a los pies de la ciudad, hay que pasar por el Porcellino Divino (Via Los Angeles, 44) para saborear uno de sus célebres bocadillos de porchetta, cochinillo cocinado con hierbas aromáticas y sin prisas.

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A TENER EN CUENTA

Aunque Perugia dispone de un aeropuerto para llegar a Umbría, no hay vuelos que operen desde España, así que tendremos que volar a Florencia o a Roma y allí, alquilar un coche, que de todos modos se necesitá allí. La opción de Roma es algo más conveniente, puesto que luego se viaja por autopista buena parte del trayecto: hasta Perugia se tardan unas dos horas.

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