Road trip «a la romana» por la Via Augusta

Siguiendo esta milenaria vía trazada hace dos mil años (hoy la carretera N-340) podemos recorrer una parte del litoral catalán descubriendo las huellas de los romanos. Un viaje apasionante entre Roda de Barà y Tarragona.

La carretera N-340 que transita entre los viñedos, pinares y el Mediterráneo discurre por el mismo trazado que antaño ocupó la Via Augusta, la calzada más larga construida por los ingenieros romanos en Hispania y que, desde los Pirineos hasta Cádiz, bordeaba el Mediterráneo.

EL INICIO: EL ARC DE BARÀ

En todo viaje en el tiempo no hay mejor punto de partida que encontrar una puerta que haga trascender a otra dimensión. Y en este caso, la mejor es el Arc de Barà, un portal espectacular, construido en honor del emperador Augusto y declarado Patrimonio Mundial por la Unesco, que se encuentra en el kilómetro 1.183 de la N-340, en el término municipal de Roda de Barà, a media hora de Tarragona. Hoy no se ven cuádrigas cruzando por él, pero sigue impresionando igual, por su decoración y sus más de 12 metros de altura.

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LOS ARENALES FAVORITOS DE LOS ROMANOS

Transitando por la Via Augusta se admiran tesoros naturales de los que ya disfrutaron hace dos milenios los patricios que situaron aquí sus residencias, como las dunas y lagunas de Els Muntanyans, las playas de arena dorada de Sant Salvador, Coma-ruga y el Francàs, en El Vendrell, o los arenales de Torredembarra.

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VILLA DE ELS MUNTS

En Altafulla (a 15 km de Tarragona) descubrimos el mejor ejemplo de las lujosas y grandes villas rústicas que se levantaron alrededor de Tarraco. Con el Mediterráneo a unos metros, esta residencia rural empezó a construirse a mediados del siglo I d.C. y el paseo por ella permite admirar sus estancias decoradas con mosaicos o sus espectaculares termas (mnat.cat. Cierra los lunes. Entrada: 2,50 €).

TORRE DE LOS ESCIPIONES

De nuevo en la Via Augusta, aparece otro remedo de la antigua Roma, la Torre de los Escipiones. A un paso de la famosa Cala Fonda o Waikiki, este monumento funerario fue construido en la primera mitad del siglo I d.C. y pese a que no saberse a ciencia cierta por quién fue construido, la creencia secular lo ha atribuido –aunque erróneamente– a los hermanos Cneo y Publio Cornelio Escipión, lo que justifica su nombre.

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ACUEDUCTO DE LES FERRERES

Antes de zambullirnos de lleno en Tarragona, podemos optar por aproximarnos a algunos enclaves romanos en los alrededores de la ciudad, como el acueducto de les Ferreres, «solo» un fragmento (217 metros de largo y 26 de altura) de una gran canalización construida durante el siglo I d.C. para llevar el agua desde el río Francolí a Tarraco.

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VILLA ROMANA DE CENTCELLES

Buena idea es también acercarnos al municipio de Constantí, a 4 kilómetros de la ciudad, para visitar la espectacular villa romana de Centcelles, con sus dos recintos termales y, sobre todo, el tesoro de la fastuosa cúpula de la gran sala, decorada con un magnífico mosaico de temática cristiana que es el más antiguo del mundo romano. Se trata de una fusión entre casa de campo con explotaciones agrarias y ganaderas y residencia de recreo (mnat.cat. Entrada: 2,50 €).

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Y YA EN TARRAGONA…

Caminar hoy por la que fuera la urbe más importante de la Hispania Citerior es lo más parecido a hacerlo en un museo arqueológico al aire libre gracias a su riquísimo patrimonio histórico y monumental declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Para zambullirse en ese parque temático real, nada de cartón piedra, nada como empezar el periplo en la plaça del Pallol para visualizar, gracias a una espectacular maqueta, cómo era el Foro Provincial y el resto de Tárraco en su máximo apogeo (siglo II d.C.). Después hay que deambular sin prisas junto a sus murallas, cuya parte más interesante puede recorrerse a través del Paseo Arqueológico, un camino jalonado por cipreses, jardines y estatuas.

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Como epílogo a este viaje siguiendo la Via Augusta, la ancestral calzada acaba en Tarragona frente a las dos mayores sorpresas de Tarraco: el circo y el anfiteatro (tarracoticket.cat, las entradas para cada uno de los monumentos romanos de Tarragona es de 3,30 €; existe una entrada conjunta para cuatro recintos por 7,40 € y a todos por 11,05 €). Del primero, construido en el siglo I d.C., su cabecera, restos de sus bóvedas y gradas son aún visibles en restaurantes, tiendas u oficinas bancarias en torno a la plaça de la Font y la calle Trinquet Vell.

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No menos impactante es el anfiteatro, asomado al Mediterráneo y en cuyo interior se construyó la iglesia de Santa Maria del Miracle. De principios del siglo II d.C., en su arena se celebraron luchas entre gladiadores, cacerías de fieras y otros espectáculos para disfrute de las 14.000 personas que podían abarrotaban sus gradas. Hoy, sentado en ellas y con los ojos cerrados es fácil pulsar durante un instante la energía del lugar.

GUÍA PRÁCTICA

Dónde dormir

En El Vendrell, frente a la playa de San Salvador está Le Méridien Ra Beach Hotel & Spa (lemeridienra.es), un cinco estrellas que destaca por su centro Ra Wellness. Y en el casco medieval de Altafulla, en Gran Claustre (granclaustre.com), con un delicioso spa, lo más parecido en el siglo XXI a las termas de la cercana villa romana de Els Munts.

Dónde comer

En Altafulla, en Bruixes de Burriac (bruixesdeburriac.com), cuya cocina va al ritmo de las estaciones. Su pescado está recién llegado de las lonjas cercanas y sus productos de proximidad del Baix Gaià. En Roda de Barà, en Cal Sisquet (calsisquet.com). En su carta de platos brillan los sabores –paté de aceitunas, caldereta de bogavante, gambas de Vilanova, suquet de pescadores…– que paladearon los habitantes del Imperio en esta zona. Y dos buenas referencias en Tarragona son Balandra (balandra.cat), ubicado en El Serrallo, el barrio marinero de Tarragona, y Les Voltes (restaurantelesvoltes.cat), emplazado situado debajo de las bóvedas del circo romano.

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