El paraíso mediterráneo está en la costa de Granada

Los 73 kilómetros de la Costa Tropical son uno de los mayores tesoros del litoral andaluz. Irresistibles calas de aguas turquesas, acantilados que cortan la respiración, pueblos rebosantes de encanto... Nada puede salir mal en un viaje por este rincón.

Se trata quizás de la más desconocida de todas las franjas costeras andaluzas, aunque es difícil de entender, porque la Costa Tropical cuenta con tantos atractivos que el hecho de que no demasiados turistas hayan descubierto sus tesoros es casi un milagro. Precisamente es lo que hace aún más especial este rincón del Mediterráneo con vistas a Sierra Nevada, que las aglomeraciones brillan por su ausencia.

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ACANTILADOS DE MARO-CERRO GORDO

Nuestra ruta por el sur puede arrancar junto al Paraje Natural Maro-Cerro Gordo, un conjunto de escarpados acantilados repletos, allí donde rozan el mar, de pequeñas calas de aguas cristalinas. Este paradisíaco rincón es un tesoro compartido con la vecina provincia de Málaga, aunque no supone ningún problema, pues aquí hay belleza suficiente para repartir entre todos.

LA HERRADURA

Justo en la linde entre Málaga y Granada está esta pequeña localidad dependiente de Almuñécar, donde debemos pasear por su pequeño casco histórico repleto de diminutos pasajes, de macetas y fachadas encaladas, pero también disfrutar de horas y horas de sol en cualquier rincón de sus 2 kilómetros de playa, donde tomar un rico pescado a la brasa en el chiringuito La Sardina o explorar, por qué no, sus maravillosas profundidades marinas buceando.

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ALMUÑÉCAR

Continuamos camino rodeando curva a curva la Punta de la Mona, un llamativo promontorio con exclusivas propiedades, para llegar, tras 8 kilómetros, a Almuñécar, a cuyos vecinos se les conoce curiosamente como sexitanos. Fueron sus antepasados fenicios los artífices de tan peculiar gentilicio. Sin embargo, no solo fenicios anduvieron por estas tierras, también romanos y árabes dejaron su impronta, dotando a Almuñécar de un legado arqueológico digno de visitar. Empezando por el antiguo acueducto levantado en el siglo I d. de C. que llegó a alcanzar los 7 kilómetros de largo. Hoy se conservan varios tramos, como el del barrio de Torrecuevas, con nada menos que 130 metros entre cultivos de frutos tropicales.

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Habrá que ir de nuevo hasta el corazón de la localidad para toparnos con los que son quizás los restos más llamativos de la herencia romana: las pilastras de la factoría de salazón de pescado ubicada junto al mar, que se contemplan en el Parque Botánico y Arqueológico El Majuelo.

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Subir las retorcidas callejuelas del barrio histórico nos lleva hasta el cerro de San Miguel para visitar lo que queda del mítico castillo del mismo nombre, construido por los musulmanes –a lo largo de los años sirvió desde residencia de la dinastía nazarí hasta cementerio– y contemplar unas impresionantes vistas desde lo más alto.

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Antes de bajar hasta la calle Real para tomar un vermú —con su consabida tapa de regalo, que hay que recordar que estamos en Granada— en cualquiera de sus tabernas repletas de solera, una última parada: el museo arqueológico Cueva de los Siete Palacios. El vaso canopo del faraón Apofis I de Egipto, del siglo XVII a. de C., es su más admirado tesoro.

CULTIVOS TROPICALES

Al continuar la ruta por la Costa Tropical podemos hacer una visita a la Finca San Ramón (fincasanramon.net), donde de la mano de Rita Galiana, su encantadora propietaria, aprenderemos todo sobre el cultivo de frutas tropicales tan extendido en la zona. Aquí los mangos, aguacates, chirimoyas o guayabas regalan un festín de sabores gracias al microclima del que goza la zona, pues en este rincón del mundo el sol brilla una media de 321 días al año y las temperaturas no suelen bajar de los 18 grados ni subir de los 30.

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PLAYAS DE GUIJARROS

Si el cuerpo nos pide un poco de mar antes de alcanzar el próximo destino, la solución es bien fácil: la amplia oferta de playas y calas en la zona se adapta a todo tipo de gustos. Desde rincones naturistas como la de Cantarriján o la de El Muerto, a maravillas como la Caleta de La Guardia (en ella quedan los restos del último ingenio azucarero, cerrado en 2006), la playa de La Charca o el paradisíaco El Caletón, hacen las delicias de los baños infinitos en el Mediterráneo. Eso sí, las playas no son de arena blanca sino de guijarros.

SALOBREÑA

Salobreña, la siguiente parada, aparece deslumbrante con sus casonas encaladas desparramadas por la loma del Peñón. En lo más alto del casco histórico, cómo no, el castillo, que regala, a quienes se atrevan a subir las empinadas cuestas que llevan hasta él, a contemplar una de las mejores panorámicas de la Costa Tropical, del Mediterráneo y de Sierra Nevada. 

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La iglesia del Rosario, con sus azulejos de estilo mudéjar, merece un tiempo en la ruta, como también el mirador de Enrique Morente. Si se tercia, además, nunca estará de más tomar algo en el vecino Bar Pesetas, un clásico de la localidad. Cuentan que en el pasado servía la cerveza a este precio. Pero lo que debemos hacer, sin duda, en este bello rincón granadino es recorrer sus callejuelas y dejarnos engatusar por sus balconadas y sus paredes decoradas de macetas de alegres colores. Cada rincón, cada detalle, será objeto de deseo de cualquier aficionado a la fotografía. Aquí es imposible no lucirse en el arte.

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Pero si hay algo que no falla para disfrutar de Salboreña es comer. Una gastronomía que tiene un claro protagonista: el pulpo, sobre todo si es presentado en su receta más tradicional, el pulpo seco. Para catar esta maravilla. cualquiera de sus históricos chiringuitos, como El Campano (Paseo Marítimo, 5), todo un clásico, que lo sirven para chuparse los dedos.

MOTRIL

Motril es la siguiente parada, la localidad más poblada de toda la comarca, con un activo puerto pesquero donde cada tarde podemos contemplar la llegada de las barcas cargadas de género y su animada subasta. El producto estrella aquí es la quisquilla, la niña bonita.

Y como no hay buen producto sobre la mesa que no vaya acompañado (o seguido) de una bebida que esté a la altura, nos animamos a visitar la bodega de Ron Montero (ronmontero.com), la única de este licor abierta al público en toda Europa continental. Allí, además de recorrer sus estancias y catar el tan aclamado brebaje, conocemos también la hermosa historia de Francisco Montero, un visionario que apostó por elaborar un ron de calidad, sin prisas y único.

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Y MÁS PLAYAS PARA REMATAR

Tras pasar por el Museo Preindustrial de la Caña de Azúcar de Motril para terminar de conocerlo todo sobre este tradicional sector, ¿qué tal si sentimos de nuevo el Mediterráneo? Las posibilidades vuelven a ser múltiples en este otro extremo de la comarca: la playa de la Joya atrapa a aquellos que apuestan por el naturismo; la de La Rijana, en el pueblo de Castell de Ferro, es solitaria, de arenas oscuras y unas aguas cristalinas ideales para hacer snorkel; la de El Lance invita a dejar pasar el tiempo sin mirar el reloj y la del El Ruso, permite entrar en contacto con la naturaleza en cuerpo y alma sin ningún pudor. Una manera única de poner fin a nuestra ruta.

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DÓNDE DORMIR

El Hotel Suites Albaycín del Mar (hotelalbaycindelmar.com) se halla en el corazón de Almuñécar, inmerso en los jardines de la Isla del Ocio, y cuenta con un total de 71 suites ideales para pasar unos días de desconexión y explorar la zona. Abundan en su decoración las líneas andalusíes, plasmadas en detalles como las cúpulas o las celosías. Otra opción es el hotel Helios Costa Tropical (hoteleshelios.com), a pie de playa. De estilo elegante y sencillo, las puestas de sol desde su terraza lounge Blue Bar son altamente recomendadas. 

DÓNDE COMER

Para una experiencia diferente, Firmvm (restaurantefirmvm.com), en Almuñécar, ofrece una carta repleta de sabores de la zona, pero con recetas innovadoras que sorprenden. Cuenta con una amplia y completa carta de vinos. Si lo que se quiere es saborear los productos del mar en el mejor contexto, el Chiringuito Flores, en Salobreña, es el lugar.

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