Volveremos a Soria, la ciudad que sabe lo que es resistir

Soñar con un viaje próximo es una de nuestras actividades favoritas. Más si ese viaje está enaltecido por la poesía, la historia y el enamoramiento. Hay una ciudad en Castilla que resume esas tres palabras. Estos días sus habitantes se han abrazado a su espíritu numantino de lucha y resistencia. Cuando todo esto pase, que pasará, emprenderemos camino Soria.

Es un poema y una realidad. Entre San Polo y San Saturio, los álamos dorados que se alzan a orillas del río Duero tienen en sus cortezas grabadas iniciales que son nombres de enamorados. No existe paseo más romántico que la ribera que une y separa ambas ermitas. En ella encontró inspiración Antonio Machado para sus más bellos versos recogidos en Campos de Castilla. En ese poemario late la ciudad de Soria, sus años de mayor felicidad, su matrimonio con la joven Leonor Izquierdo y su muerte con tan solo diecinueve años.

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Soria es una ciudad enaltecida por la poesía. Antes que Machado la pregonó Gustavo Adolfo Bécquer, que se inspiró en sus alrededores para algunas de sus más conocidas rimas y leyendas. Luego anduvo por ella Gerardo Diego, que escribió en sus calles encendidos versos de amor.

Volveremos a Soria y continuarán en los álamos a orillas del río los corazones, las iniciales y las fechas de los enamorados. Será el tiempo de los largos paseos, de sentir el peso del románico en San Juan de Duero o de recorrer al atardecer la animada calle Collado. Serán días para tomar el sol en la Alameda de Cervantes y entrar en silencio en la iglesia de Santa María la Mayor. Y tardes para subir hasta El Espino o para dejarse caer hasta la severidad monumental de la concatedral de San Pedro.

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Estas semanas, los vecinos de Soria evocan el espíritu de Numancia, la vieja ciudad celtíbera, ubicada a siete kilómetros al norte de la capital, cuyos habitantes soportaron con heroicidad el asedio de las tropas romanas. El Museo Numantino, ubicado en el paseo del Espolón, evoca aquella gesta en que los resistentes prefirieron el suicidio antes que la rendición.

Poesía y reciedumbre solo es posible en ciudades como Soria. Esa antagónica dualidad está expresada en la desnudez de su paisaje y en sus fríos páramos, pero también en el carácter de sus gentes y en esa lírica capacidad de convertir en verso sus más bellos rincones patrimoniales. Cuando todo esto pase, que pasará, los sorianos celebrarán la primavera tardía en el monte Valonsadero. Habrá fiesta, música y se degustarán torreznos. Y nos aseguran que todos estamos invitados.

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