Patios con olor a azahar

Geranios y jazmines, un pozo de agua fresca, arriates donde germina el limonero y macetas entre las paredes encaladas estallando en flores de mil colores. Son los patios de Córdoba, la quintaesencia de la estética andaluza. Nos vamos de ruta por ellos, ya que en mayo abren sus puertas de par en par.

by hola.com

Los patios de Córdoba son el resumen de un modo de vivir. Aunque están abiertos todo el año, es en mayo cuando viven su mejor momento. Buena parte de ellos ubicados en casas particulares que permiten la visita, y otros son de carácter público, palacios y casonas señoriales convertidas en museos u organismos oficiales, cuidados con mimo, atención y dedicación permanente. Los patios más famosos de esta ciudad silenciosa y pensadora –como así lo dictaron Séneca y Lucano en tiempos de Roma y lo reafirmaron Averroes y Maimónides siglos después- se encuentran en los barrios populares, como el de San Basilio, intramuros y próximo al Alcázar de los Reyes Cristianos y a las Caballerizas Reales, cuidados por sus dueños que heredaron de sus antepasados el arte de la jardinería, la costumbre de encalar los muros de mampostería en primavera y el modo de cuidar los pozos y los arriates. Así de espectaculares lucen estos días.

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Si hubiera que buscar un lugar que fuera resumen de todos los patios de la ciudad ese sería el Palacio de Viana, entre San Andrés y Santa Isabel, rodeado de plazoletas íntimas, de callejones estrechos y esquinas ligadas a la memoria literaria de una de las urbes más antiguas de Europa. Fue construido en el siglo XIV y con el tiempo fue objeto de ampliaciones hasta conformar uno de los inmuebles barrocos más valiosos de la ciudad. 
El Palacio de Viana es el prototipo de la gran casa señorial andaluza. Su interior atesora doce patios todos diferentes, donde pende un rumor permanente a agua y naturaleza, a hechizo y romanticismo. En torno a sus patios se reparten las estancias señoriales, los aposentos y los salones decorados con muebles de estilos clásicos, lienzos de reputados maestros, libros antiguos y objetos decorativos de gran valor. 
Cuidados con esmero, los patios más afamados se encuentran en los barrios más humildes, como los de las calles Postrera, Martín de Roa y San Basilio. Y también en la Judería y la Ajerquía. Los hay que forman parte de casas populares y otros se encuentran en conventos y palacios señoriales. 
Los patios son un resumen de la estética andaluza, con sus paredes encaladas, sus macetas de geranios, su pozo, su empedrado de chinos, sus rejas artísticas y, sobre todo, el olor al jazmín y al azahar de los naranjos que perfuman el ambiente. 
El empedrado de los suelos, a base de pequeños chinos blancos y oscuros; las paratas donde madura el jazmín, la madreselva y el limonero; las macetas donde crecen las hojas aterciopeladas del geranio y sus flores de un rojo intenso y dramático; la mesa decorada con enseres de latón; la cerámica de reminiscencias andalusíes, los guadamecíes y los cordobanes conforman un universo propio, intransferible y original donde hay una permanente sensación de paz, de rumor de aguas limpias y naturaleza próxima. Así son los patios. 
Los patios son el resumen de un modo de vivir que tiene sus raíces en Roma y al-Andalus y que en 2012 la Unesco reconoció como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad. 
La judería es la esencia de la ciudad hispanomusulmana. En su laberinto de angostas calles y casas con patios rebosantes de macetas y flores se rinde homenaje a dos de los hijos más importantes de la historia de la ciudad, Averroes y Maimónides. 
Una reja artística de hierro forjado separa el patio del zaguán fresco de la casa. La mayoría de las veces permanece cerrado, pero queda a la vista del caminante que pasea las calles de la ciudad como una invitación para entrar en él y otear los secretos que anidan en el silencio de la casa. 

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