La playa más solitaria y secreta del Cabo de Gata

El viento y el oleaje han esculpido en un antiguo arrecife de coral la blanca cala de Enmedio, una de las más bellas y escondidas del Parque Natural. Faros, molinos de viento y pueblos morunos salpican una costa que todavía se man-tiene a salvo del turismo masivo, algo insólito en el Mediterráneo.

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Hace poco más de medio siglo, Juan Goytisolo recorría la comarca de Níjar y, al acercarse a Agua Amarga, anotaba que era “la tierra más pobre de España”, en la que solo había “lagartos y piedras” (Campos de Níjar, 1959). Hoy, milagros del turismo, Agua Amarga es el pueblo más deseado de la costa almeriense, con hoteles-cortijo de diseño, clubes de hípica y buceo, spas y otras delicadezas que hubieran resultado incomprensibles para los cuatro pes-cadores que vivían antaño. De aquella antigua aldea dedicada a la almadraba, quedan unas cuantas calles y costanillas bien conservadas en el centro y las barcas varadas en la playa del pueblo. No es esta, sin embargo, la playa más bella de Agua Amarga, sino la cala de Enmedio, un pequeña ensenada escondida a un kilómetro y medio, hacia el sur, que hechiza al visitante por sus arenas y rocas blanquísimas, las cuales sacan a relucir los colores más llamativos de la paleta marina: turquesa, esmeralda, verde botella..., y donde resulta obligado ponerse unas gafas para bucear en estas aguas de fantasía.

Para llegar a la cala de Enmedio hay que andar media hora desde Agua Amarga, subiendo por la calle Depósito y luego por el cerro del Cuartel. Es una senda sencilla, bordada de tomillos, lirios y siemprevivas, que conduce sin pérdida posible hasta la playa perfecta: 130 metros de arena brillante, flanqueados por acantilados cóncavos y ex-tensas plataformas de calizas arrecifales, tan blancos que el observador podría creerlos de hielo, si ésta no fuera la esquina más árida y ardiente de la península Ibérica.

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Otro lugar cerca de Agua Amarga que es una muy buena idea visitar (a pie o en coche) son las ruinas del cargadero de mineral que hay camino de Carborenas, donde se embarcaba el hierro transportado hasta aquí en ferrocarril desde las minas de Lucainena, en la Sierra Alhamilla, y que estuvo en funcionamiento de 1896 a 1942. La vista es bárbara, sobre todo al atardecer. Tampoco está mal lo que se ve desde el faro de Mesa Roldán, que se alza desde 1863 entre Agua Amarga y Carboneras, a más de 200 metros sobre el mar. Más al norte, ya casi llegando a Carboneras, se encuentra la playa de los Muertos: un kilómetro de menuda grava blanca asombrosamente rectilíneo, por el que sienten una misteriosa querencia los cuerpos de los náufragos, de ahí su nombre.

Una ruta espectacular en coche, desde Agua Amarga, es la que recorre todo el litoral volcánico del parque natural del Cabo de Gata: 40 kilómetros de playas solitarias, molinos de viento y blancos pueblos de aire moruno. Se empieza siguiendo la bonita carretera que lleva a Fernán Pérez, por un yermo salpicado de pitas y ruinas de cortiji-llos. Y luego se tira a la izquierda por la AL-3106, que tampoco es fea, pues se asoma de golpe, como si Dios descorriese un telón, al valle de Las Hortichuelas, cuyos cerros volcánicos, casas blancas y verdores parecen salidos del archipiélago canario. Al fondo queda la playa de Las Negras. Del verde tropical de Las Hortichuelas se pasa en otro instante, por la AL-4200, al rojo marciano de Rodalquilar, valle alucinante donde bostezan las bocaminas de antiguas explotaciones auríferas.

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Un cambio de rasante brutal, como de montaña rusa, conduce al mirador de la Amatista, tremendo despeñadero desde el que se dominan los 20 kilómetros de calas y promontorios que se suceden hasta la torre de la Vela Blanca, junto al cabo de Gata. Y una bajada fuerte y revirada, de segunda marcha, a la Isleta del Moro, la aldea de sa-bor más marinero de la comarca, con sus peñones gemelos llenos de gaviotas, sus barcas varadas en la orilla y su blanco caserío relumbrando sobre un fondo de palmeras.

Más suavemente ya, la carretera se arrima a Los Escullos, donde el mar ha labrado un arco en la arena petrificada de una duna antediluviana, rodea por la derecha el cerro del Fraile –máxima altura del parque: 493 metros– y enhebra El Pozo de los Frailes, un pueblo de aire moruno que se acurruca alrededor de la noria de sangre con que antaño le arrancaban algunas lágrimas de agua a esta esquina reseca del mapa andaluz. Al final de la carretera, aparece San José, un lugar harto civilizado para estos desiertos, pero perfecto para tomarse una cañita con su tapa de jibia en salsa antes de continuar, ya por pista de tierra, hacia las famosas playas de los Genoveses, Barronal y Mónsul. Demasiado famosas y concurridas. No como la casi secreta cala de Enmedio.

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GUÍA PRÁCTICA

Dónde dormir
En Agua Amarga, en La Almendra y El Gitano (laalmendrayelgitano.com), un cortijo solitario con preciosas habitaciones dobles y suites; en Mikasa (mikasasuites.com), en el pueblo y con mucho encanto, con piscina, jar-dín, spa, gimnasio, pista de tenis y club privado en la playa; en El Tío Kiko (eltiokiko.com), con vistas a la playa y grandes habitaciones con muebles indonesios; y en Los Malenos (cortijolosmalenos.com), arquitectura tradicio-nal dentro de una finca de siete hectáreas a cuatro kilómetros del pueblo. En Las Negras, Cala Chica, líneas puras y minimalistas a 150 metros de la playa.

Dónde comer
En Agua Amarga, en el Asador La Chumbera (Tel. 609 07 99 44) y La Villa (Ctra. de Carboneras, 18), de cocina de fusión mediterránea e internacional en un chalet con piscina. Solo cenas. En Carboneras, en Las Palmas (laspalmas-hoteles.es), platos tradicionales en un moderno establecimiento frente al mar.

Más información
Turismo de Almería, almeria-turismo.org.

NO DEJES DE…
Conocer las antiguas minas de oro de Rodalquilar (hay un centro de interpretación). Muy cerca están la playa del Playazo, ideal para nadar y bucear entre acantilados de roca amarilla, y la torre de los Lobos, para estirar las piernas (hay que andar 45 minutos) y otear el panorama desde el faro más alto de España (265 metros).

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