Un viaje a la China de 'El último emperador'

En el gigante asiático las cosas han cambiado, y mucho. Y, sin embargo, entrar en la Ciudad Prohibida implica echar la vista atrás y recordar los tiempos de la China Imperial. La película de Bertolucci anima a hacer un recorrido por su interior a través del relato autobiográfico de Pu Yi, el último emperador de un mundo que se derrumbaba a marchas forzadas en el corazón de Pekín.

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Bertolucci fue el primer director extranjero al que las autoridades chinas permitieron rodar en el interior de la Ciudad Prohibida, el palacio imperial desde el que ejercieron su poder las dinastías Ming y Qing entre 1420 y 1912. Como narra con gran preciosismo esta superproducción ganadora de nueve Oscar, fue entonces cuando los nuevos gobernantes del país depusieron a Pu Yi, su último emperador, todavía un niño, aunque le permitieron vivir con todos los honores una docena de años más dentro de este inmenso recinto siempre y cuando, eso sí, no osara salir fuera de sus murallas.

Para colarse en los vericuetos de la Ciudad Prohibida hay que dejar hoy atrás el descomunal retrato de Mao que preside la actual plaza de Tiananmen. Una prueba inequívoca de que en China las cosas han cambiado, y mucho. Convertida en museo apenas un año después de que el emperador se viera obligado a abdicar, la Ciudad Prohibida es con sus 720.000 metros cuadrados el recinto palaciego más grande de todo el planeta, con unos mil edificios y cerca de 9.000 habitaciones y salas dispersas entre explanadas y patios cercados por murallas y un inmenso foso.

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La simetría y el esplendor de este símbolo de la China imperial representan el equilibrio entre la triáda cósmica formada por el Cielo, la Tierra y el Hombre, entre los que mediaba como enlace único la figura del emperador. Este microcosmos al servicio exclusivo de su majestad, erigido sobre un descomunal rectángulo en el que cada edificio fue dispuesto según los designios de los geomantes y la jerarquía de sus ocupantes, es hoy visitado por cerca de siete millones de personas cada año. Entre los pabellones de su zona de la ‘Corte Exterior’, donde se concedían las audiencias y se celebraban las grandes fiestas, ceremonias y banquetes, no hay que perderse el Salón de la Armonía Central, el Salón de la Armonía Conservada y, sobre todo, el Salón de la Armonía Suprema, el más elegante de los tres, conocido también como el Salón del Trono de Oro. La ‘Corte Interior’, reservada al entorno privado del emperador, sus mujeres y concubinas, también permite deambular libremente por dependencias magníficas como el Salón de la Pureza Celestial.

Además de la Ciudad Prohibida, El último emperador invita a descubrir otros escenarios reales, donde se rodaron algunas de sus escenas: la estación de tren de Changchun, la capital del Estado de Manchukuo entre 1931 y 1945, cuyo trono fue ocupado por el derrocado Pu Yi; la ciudad de Dalian, que hizo las veces de la antaño colonia japonesa de Tientsin, en la que se refugió el emperador al abandonar Pekín; o el Palacio de Verano, a las afueras de la capital, Patrimonio de la Humanidad al igual que la mismísima Ciudad Prohibida.

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GUÍA PRÁCTICA

Cómo llegar
Con Rumbo pueden contratarse vuelos a Pekín desde unos 525 €.ICU propone su circuito China Milenaria, de 11 días, desde 1.398 €.

Dónde dormir
Entre sus mejores hoteles, The Peninsula, los Hyatt y el histórico Raffles, abierto en 1917.

Dónde comer
En el cantonés del hotel Peninsula, Huang Ting, para degustar exquisitos dim-sum; el igualmente exclusivo Whampoa Club (Jia 23 Jinrong Jie) o, a precio más moderado y en un entorno encantador, el Dali (Xiao Jing Chang Hu Tong), con especialidades de Yunnan en un romántico patio.

No dejes de…
Dedicar una mañana a la Ciudad Prohibida, junto a la también imprescindible plaza de Tiananmen, visitar el Palacio de Verano y el Templo del Cielo, el Museo Capital, el parque Beihai, el Templo Lama, los hutong o barrios tradicionales y el Estadio Nacional, el nuevo icono de Pekín, así como hacer una excursión a la Gran Muralla y las Tumbas Ming.

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