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Inês y Sebastião: una boda campestre en el sur de Portugal

Los novios se casaron en la tierra de la novia, Herdade da Negrita, en una emotiva boda que superó todas sus expectativas

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Inês y Sebastião posan, muy felices, tras darse el 'sí, quiero'.
©Frameyou Fotografia

Inês Eugenio de Almeida nos cuenta que desde niña ha soñado con el día de su boda. Ya de pequeña jugaba en la capilla de la localidad donde vivía -Herdade da Negrita, en Alentejo, al norte de Portugal- a que se casaba, imaginándose "mil vestidos de novia" y otras "mil maneras de decorar" este día tan especial.

El príncipe azul de su historia, Sebastião de Brion, apareció en una fiesta que organizaron sus amigos. Desde aquel momento, Inês confiesa que sintió magia, y la certeza de que había encontrado a su otra mitad. Tiempo después, Sebastião le propuso matrimonio en su querido Herdade, bajo ese cielo estrellado que, según detalla, tantas veces mira "para apreciar esas pequeñas grandes cosas de la naturaleza".

El escenario de su unión no podía ser otro que Herdade. El lugar donde vivió 17 años, donde se bautizó y bautizó a sus hijos, donde Sebastião le pidió matrimonio, y donde sus padres también pasaron por el altar. Y aunque Inês tenía ese millón de ideas de cómo sería el enlace en su cabeza, pronto comenzó a descartarlas. "Pienso que hoy en día se ha elevado mucho el perfeccionismo, que hay que hacer una boda 'perfecta', hasta el más mínimo detalle. Pero nosotros somos una pareja simple. creemos que si hay amor de verdad en el día de la celebración y en la relación, nada más importa", comenta.

Así que con la ayuda de su madre, "cuyo gusto admira muchísimo", y 'Amor e lima', que se encargó de su ramo, decoró este espacio, que pedía un vestido distinto y único. Inês, quien también se había imaginado diferentes modelos, decidió acercarse a España para encontrar el ideal. Señala que el haber vivido tan cerca de nuestro país despertó en ella una gran pasión por las bodas españolas, y tras visitar a Helena Mareque, tuvo claro que su vestido se diseñaría en el atelier 'Immaclé'.

Allí se creó el vestido, un guiño al que lució su abuela paterna el día de su enlace. En el velo quiso incluir esas estrellas que la habían arropado el día de su pedida, y que, además, le recordaban a su abuelo paterno, quien era otro enamorado del cielo. El toque original lo dieron sus botas, el calzado perfecto para su boda campestre, y la corona de la española 'M de Paulet'.

El pasado 18 de junio, Inês llegaba al altar de la capilla de Herdade del brazo de su padre, conde de Vilalva, y al ritmo de la canción 'Cada lugar teu', interpretada por Mafalda Veiga, una cantante portuguesa. La ceremonia, en palabras de Inês, fue "muy familiar, divertida y sentimental", y para su salida ya como 'marido y mujer', escogió la canción de los HMB con Carminho 'O amor é assim'.

A la puerta no les esperaba el clásico coche, sino un carro que fue conducido por su cuñado. Para sorpresa de Inês, tras su trayecto, le esperaba otro paseo, esta vez, por el aire. Sebastião había organizado una vuelta en helicóptero, y juntos sobrevolaron la tierra natal de Inês.

"Lo más importante fue que éramos superfelices, y veíamos a todos nuestros amigos y familiares pasándolo genial también", apunta Inês. "Me emociono cada vez que veo el vídeo de la boda. No me canso de verlo", al igual que su primer hijo, Sebastião, que tenía casi dos años y fue testigo de la unión de sus padres. Una boda que superó todas sus expectativas y sueños de la infancia.

 

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