Sociedad

Belén y Ricardo: una historia ‘de altura’

Se conocieron cuando eran unos niños, se enamoraron, y tras una pedida con vistas a los Alpes, pasaron por el altar en una emotiva boda celebrada en Segovia

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Ricardo y Belén celebraron su boda de ensueño tras más de una década juntos.
©Ana Encabo

La historia de Ricardo Díez y Belén Collado parece sacada de una novela. Se conocen desde que son muy pequeños, para ser exactos, desde los siete años, cuando sus padres les apuntaron, junto a sus hermanos, a un grupo scout. Pero lo que comenzó como una amistad y compañerismo de campamentos de verano, dio paso a algo más especial. Ricardo y Belén se enamoraron, y cuando en 2017 ella se fue a Londres a trabajar, él decidió seguirle en esa aventura que continúa a día de hoy.

Belén nos cuenta que su sueño siempre fue visitar unas termas que fueron diseñadas por uno de sus arquitectos favoritos en Suiza, así que Ricardo le hizo ese bonito regalo por su cumpleaños. Por si fuera poco, alquiló una excursión en la que sobrevolaron en helicóptero un precioso valle suizo. Allí, en las alturas, con unas espectaculares vistas a los Alpes, Ricardo sacó una caja, y por radio le dijo a su novia: “ahora que ya no podemos llegar más alto, ¿quieres casarte conmigo?”.

Este amor ‘de altura’ pasaba por el altar el pasado 1 de junio, en la ermita de Nuestra Señora de la Adrada. Un pequeño templo religioso que se sitúa en una pradera, a las afueras del pueblo segoviano de Otero de Herreros, y de cuya decoración floral se encargó ‘Cristina & Co’.

Un primo del novio, Juanjo Aguado de la Obra, fue quien ofició la ceremonia, que estuvo repleta de instantes destacados como sus propias palabras o las que les dedicó el hermano de Ricardo.

Aunque Javier Morillas y su chelo pusieron música al acto, el silencio también fue protagonista. Según detalla Belén, se podía escuchar la naturaleza que les rodeaba.

La novia, que entró en la ermita del brazo de su padre, Enrique, escogió para este día un vestido de Alejandra Svarc. Una diseñadora que supo leer su pensamiento y captar en un sencillo modelo, minimal y con un toque urbano, la personalidad de Belén. Las joyas que lució, unos pendientes y una pulsera, tenían mucho significado para ella, puesto que pertenecieron a su tatarabuela.

Marieta se encargó de su original peinado, una ‘trenza de luna’, que adornó con estrellas de ‘Suma Cruz’ y una luna, mientras que Mercedes Couceiro se encargó de su maquillaje.

El ramo fue, sin duda, otro elemento destacado de su ‘look’ nupcial, puesto que fue su propia hermana María, ‘Eme.artisan’, quien confeccionó el ‘bouquet’. Belén tenía claro que quería un ramo con mucho color, y María, con toda su creatividad e imaginación, le dio vida, incluyendo unas cuantas margaritas, en honor a las primeras flores que el novio le regaló cuando comenzaron su relación. El broche final lo puso un lazo de raso azul, el color favorito de Belén.

'La Estación' de Otero de Herreros se convirtió en el posterior escenario de una auténtica fiesta ‘a la segoviana’. Además del menú típico de esta tierra, Ricardo cambió su traje a medida de ‘Hackett’ por otro de mesonero, y con un cochinillo cocinado al estilo tradicional, saludó mesa por mesa. De fondo sonaba la banda sonora de ‘Los vengadores’, y tras su discurso, el estilo segoviano, se puso a cortar un cochinillo con plato. “Un momento épico de la cena”, afirma Belén.

Otro instante que la pareja no olvidará es el baile que organizaron los primos de Belén. Tan pronto como empezó a sonar ‘Mambo number five’, una canción especial para su ‘gran familia’, la novia supo que algo ocurría. Y en efecto, sus sospechas fueron confirmadas: “me vi con ellos, improvisando la coreografía que habían ensayado”.

Fly me to the moon’, interpretada por Frank Sinatra, supuso el inicio del baile nupcial que Belén abrió con su padre. El turno de Ricardo llegaría con el verso In other words, I love you –‘En otras palabras, te quiero’-.

‘High Volume Event’ y ‘Son cremita’ son los grupos que animaron esta fiesta y el cóctel, haciendo bailar a todos los invitados.

Tal y como explica Belén, su ‘codiciado’ ramo se lo entregó a su madre, Concha, al son de su canción favorita, ‘Chiquitita’ de ABBA. “No se lo esperaba para nada, y su cara de felicidad lo decía todo”, asegura. A su tita, que es como una abuela, le prepararon un ramo de peonías, y a los padrinos del enlace una caja de galletas de té de su tienda londinense favorita. A los novios que, al igual que ellos, estaban a un paso de darse el ‘sí, quiero’ les dieron un mini olivo.

Después de la boda, los recién casados organizaron una pequeña luna de miel en Menorca. El siguiente viaje, la gran luna de miel, sería en Tanzania, el viaje de su vida.

 

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