La suerte de la plebeya, la princesa la desea. Y, si no lo creen, miren a Mette-Marit de Noruega que gasta amuletos-joya igual que muchas de nosotras. Cierto es que los cofres reales noruegos custodian, además de las joyas de la Corona -coronas, cetros y orbes-, majestuosas tiaras, impresionantes collares, magníficos pendientes, espectaculares broches... Exclusivos aderezos con fabulosas piedras preciosas dignos de una reina. Pero su joyero de uso frecuente, al que recurre diariamente, es más corriente: guarda piezas minis y con adornos alusivos a la buena fortuna. ¿Y qué mujer a la última moda no tiene un corazón, una inicial o una medalla?

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La princesa Mette-Marit, sí. Centraron la atención de los medios de comunicación en las celebraciones del 75º cumpleaños de Margarita de Dinamarca sus pendientes calavera del diseñador noruego Borre Olsen, que se los regaló en agosto de 2014. Un motivo para algunos terrorífico, por su recuerdo a la mortalidad humana, y para otros fascinante, ya que históricamente la calavera también se ha empleado como símbolo de la eternidad y de la victoria sobre los enemigos.

Aquellos pendientes no eran una rareza en su estuche. Se la había visto también
con una cadena con infinidad de colgantes de buena ventura, entre otros, una medalla, iniciales, un corazón y una cruz; ha llevado pulseras de hilo de distintos colores con los imprescindibles charms -un ancla, que representa la seguridad ante las adversidades y la firmeza de los principios; dos flechas, que simbolizan protección, amor o impulso hacia delante, y una pluma, que puede significar la libertad de ataduras y cargas, la paz, el valor, la belleza o la inteligencia-, y tampoco se ha resistido a los ojos de la buena suerte típicos de Turquía que ha exhibido en una fina pulsera de oro.

Son los amuletos populares, porque los majestuosos están cuajados de rubíes (amor), brillantes (protección), esmeraldas (fertilidad) y zafiros (felicidad) y coronan las citas de gran envergadura de la realeza en las que Mette-Marit de Noruega vuelve a ser una princesa en todo su esplendor.


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