La fabulosa historia de la tiara de diamantes con la que se casó la princesa Beatriz

La joya pertenece a Isabel II, que también la lució en su boda con Felipe de Edimburgo

Beatriz de York se ha casado este viernes con un romántico diseño del armario de la Reina, pero no es el único detalle que Isabel II ha tenido con su nieta para una de las bodas más atípicas de la realeza, pero no por ello menos emotiva. La tiara que lucía la hija del príncipe Andrés y Sarah Ferguson también procede del joyero real y ya es todo un símbolo generacional que ha lucido desde la reina Mary, pasando por la actual monarca, su hija la princesa Ana y ahora Beatriz de York. 

Beatriz de York y Edoardo Mapelli MozziVER GALERÍA

Se trata de una tiara fringe de diamantes que heredó Isabel II de su madre en 2002. Originariamente, la exclusiva pieza procedía de un collar que la reina Victoria llevó en su boda, y que le regaló a la reina Mary cuando contrajo matrimonio. Fue la esposa de Jorge VI la que en 1919 encargó a Garrard and Co. transformarlo en tiara. La princesa es la tercera Windsor que dar el 'sí quiero' con esta joya, formada por 47 diamantes con la que la Reina se casó en 1947, aunque por poco no llega al altar. Justo antes de su salida hacia la Abadía de Westminster, se rompió y tuvo que ser reparada de urgencia antes de la ceremonia. En 1973, la princesa Ana volvió a lucirla, esta vez sin incidentes, el día de su boda con con Mark Phillips. 

Beatriz de York y Edoardo Mapelli MozziVER GALERÍA

Princesa Ana y Mark PhillipsVER GALERÍA

Las fotografías oficiales de la boda secreta de Beatriz de York y Edoardo Mapelli

El look nupcial de la princesa Beatriz era todo un homenaje a su abuela, y viceversa. El vestido, que la Reina lució en varias ocasiones en los años 60 es de Norman Hartnell, que también diseñó su traje de novia y el de su hermana la princesa Margarita. Se trata de un modelo de seda de tafetán en tono marfil, con mangas de organza y un corpiño geométrico con brillantes engarzados, que ha sido adaptado para la novia por Angela Kelly y Stewart Parvin. A pesar de que no ha podido tener una celebración a lo grande, la hija del duque de York ha lucido como la princesa que es. 

Todos los obstáculos que han tenido que sortear los novios para darse el 'sí quiero' han quedado compensados con una bella ceremonia que, aúnque íntima, ha contado con detalles que no olvidarán. En la Capilla Real de Todos los Santos de Windsor y rodeados de sus padres y hermanos, además de la Reina y el duque de Edimburgo y el hijo de Edo, que con solo tres años ejerció de perfecto padrino, han sellado su amor en un servicio oficiado por el reverendo Paul Wright, subdecano de la Capilla Real y el reverendo Martin Poll, capellán de la Reina. Además, sus madres han sido las encargadas de leer sus poemas favoritos: Soneto 116, de William Shakespeare, y I carry you in my heart, de E.E. Cummings. De acuerdo con las recomendaciones de las autoridades, no ha habido música en directo en la boda, aunque no ha faltado la reproducción de una selección de canciones, así como del himno nacional.

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