La Monarquía renovada de Felipe VI parece haber encontrado el perfecto equilibrio entre modernidad y tradición. Los Reyes se han convertido en símbolo de una España joven, atractiva, actual y responsable. Uno de sus méritos ha sido haber acercado la Corona a la sociedad, tanto por la accesibilidad de los propios soberanos, como por su empeño en una comunicación fluida y directa a través de las nuevas tecnologías, que ha cambiado la manera de interacción.

Es por ello que don Felipe y doña Letizia, reyes de su tiempo, son recibidos con los móviles en alto y consienten a todos aquellos que se acercan pidiéndoles una foto. Anónimos o rostros conocidos, ya sea durante veladas privadas en el cine, en el teatro o en algún restaurante, que compromisos oficiales en entregas de premios, inauguraciones o galas. Con la única salvedad de hacer fotos a sus hijas.

La tradición encuentra sitio también en la Monarquía de Felipe VI en todo aquello que “nos une y vincula como nación”. El Rey no se cansa de reivindicar los valores patrios, “lo que somos y lo mucho que compartimos”, y el reconocimiento hacia aquellas personas que llevan con su buen nombre y con su buen hacer un pedacito de España por el mundo. La agenda oficial siempre reserva espacio al deporte y la cultura española y sus discursos expresan el orgullo por lo que “todos juntos, como pueblo, hemos sabido y logrado alcanzar” con esfuerzo, creatividad y coraje.

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