Entramos en Marivent

Viajamos al pasado a bordo de nuestro archivo fotográfico a la residencia de verano de la nueva Familia Real española, tal y como era en los años 70 cuando se entregó oficialmente a los entonces príncipes Juan Carlos y Sofía

 

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Don Felipe y doña Letizia abrieron las puertas del Palacio de Marivent en su primer verano como Reyes. La escalinata de entrada a la residencia real se convirtió el pasado martes en escenario del histórico posado de la nueva Familia Real en Mallorca y en umbral de la curiosidad popular: ¿Cómo es la casa de verano de los nuevos soberanos? Viajamos en el tiempo a bordo de la nave del archivo fotográfico de la revista ¡HOLA! y entramos en el palacio mallorquín a principios de los años 70, cuando se entregó oficialmente a los entonces príncipes Juan Carlos y Sofía para su uso y disfrute, aunque en su ausencia seguiría siendo un museo abierto al público.

Mientras millones de españoles abandonaban las ciudades en verano en busca de las playas o de la montaña, don Juan Carlos y doña Sofía se quedaban en cambio en Madrid con sus hijos, en su residencia del palacio de la Zarzuela, o bien marchaban a Estoril. Carecían de residencia de verano. Por ello, conociendo la afición marinera del príncipe Juan Carlos, la Diputación de Palma de Mallorca decidió donarle el usufructo del palacio de Marivent, construido en 1925 por un multimillonario griego, don Juan Saridakis, y cedido a la ciudad en 1965 por su viuda, doña Ana Marconi, interpretando los deseos de su marido. La donación se hizo efectiva el 4 de agosto de 1973.

 

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Para acomodar a la Familia Real fue necesario realizar una serie de obras, sobre todo en la planta segunda, donde se instalaron las habitaciones privadas, así como dos dormitorios de invitados, y cuatro cuartos de baño. La decoración de estas plantas, muy funcional, fue realizada de acuerdo a los gustos de los Príncipes. En todas las estancias, predominaban los tonos claros, preferentemente el blanco, color preferido de doña Sofía. El resto del edificio, sobre todo la planta noble, donde se encuentran la sala de estar, la sala de música, el comedor y los despachos, seguía conservando su carácter antiguo original. De sus paredes cuelgan valiosas obras de arte.

Desde la amplia terraza abierta a un precipicio sobre el mar se domina una impresionante vista de Palma de Mallorca, la ciudad que se siente orgullosa de ofrecer a la Familia Real española su residencia estival. Por muchos veranos.

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