'Arrepentimiento histórico': Felipe de Bélgica envía una carta sin precedentes

El Rey de los belgas reconoce que se cometieron "actos de violencia y de crueldad" durante los años que el Congo estuvo en manos belgas

Este pasado martes 30 de junio la República Democrática del Congo ha celebrado sus 60 años de independencia, ya que hasta 1960 estuvo en manos belgas, primero como propiedad privada del rey Leopoldo II y después como colonia de Bélgica. Este aniversario ha estado marcado por un hecho histórico: el rey Felipe de Bélgica reconoce por primera vez la “violencia y crueldad” ejercida en el Congo.

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“Quiero expresar mi profundo pesar por estas heridas del pasado cuyo dolor es reavivado hoy por las discriminaciones todavía demasiado presentes en nuestras sociedades”, ha escrito el Rey en una carta enviada al Primer Ministro de la República Democrática del Congo, Félix Tshisekedi, en referencia a las réplicas que el movimiento Black Lives Matter -originado en Estados Unidos en 2013 y que tomó fuerza tras la muerte de George Floyd durante su arrestro por parte de la policía de Mineápolis- están teniendo en su país.

Por primera vez, un monarca belga se pronuncia sobre unos hechos por los que se calcula perdieron la vida unos diez millones de congoleños en condiciones atroces. “Se cometieron actos de violencia y de crueldad (en la época del Estado Libre del Congo) que todavía pesan sobre nuestra memoria colectiva. El periodo colonial que le sucedió causó también sufrimiento y humillaciones”, ha escrito el rey de los belgas en una carta que ha sido analizada por los medios de su país con un primer paso había una posible disculpa de Bélgica, un tema que en todo caso se debatiría en una comisión parlamentaria que examinará el pasado colonial y reconducirá las relaciones entre los dos países.

El rey Felipe afirmó en la carta su compromiso de “combatir todas las formas de racismo”. “Aliento la reflexión iniciada por nuestro Parlamento para que nuestra memoria sea definitivamente pacificada”, añadió. Un mensaje que en Kinshasa ha sido recibido con satisfacción, pero tras el que esperan que se tomen acciones y se repare el daño. Mientras en Bélgica las estatuas de Leopoldo II se llenan de pintura roja y el debate sobre su figura se reabre con fuerza después de la oleada de protestas que ha originado el movimiento Black Lives Matter.

El diario belga Le Soir publica una editorial firmada por Béatrice Delvaux en el que recuerda que este gesto se esperaba desde hace una década, cuando el rey Alberto II, padre del actual soberano, viajó a Kinshasa para celebrar los 50 años de independencia. Entonces, la editorialista cuenta que “la decepción fue muy grande” al no escucharle “asumir las responsabilidades coloniales”, y analiza que ha sido Felipe, “que nunca ha estado en la antigua colonia belga, quién asume, diez años después, este gesto fuerte e histórico”. Le Soir, en este mismo artículo editorial, califica la carta de un “gesto necesario que engrandece al Rey y al país”.

Las palabras de Felipe de Bélgica, lamentando los hechos cometidos por uno de sus antepasados, no tienen precedentes. Hay que recordar, que fue en 1885, tras la Conferencia de Berlín en al que se resolvió la repartición de África, cuando el rey Leopoldo II comenzó gestionar el Estado Libre del Congo como una propiedad privada. Durante ese periodo, el Congo fue sometido a una explotación sistemática de sus recursos naturales para lo que se sirvió de mano de obra indígena en condiciones de esclavitud y bajo un régimen de terror. La presión internacional, por la brutalidad con la que “reinaba” en su territorio privado, llevaron a que en 1908 pasara a ser administrada como colonia belga hasta la independencia del país en 1960.  

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