Akihito y Michiko de Japón protagonizan sus últimos actos en plena cuenta atrás para la abdicación

Los emperadores apuran ya su reinado cumpliendo con la tradición y los rituales de este final de etapa mientras acuden a varios eventos públicos

La cuenta atrás ha comenzado. Dentro de solo unos días, el emperador Akihito de Japón cederá el testigo a su hijo Naruhito en un gran ceremonial que pondrá fin a los 30 años de reinado de los actuales emperadores. La celebración coincide prácticamente en el tiempo con el 60 aniversario de su matrimonio con la emperatriz Michiko, con la que precisamente este viernes ha protagonizado uno de sus últimos actos antes del relevo real, que tendrá lugar el 30 de abril (la abdicación) y el 1 de mayo (la subida al trono).

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Poco a poco, Akihito y su esposa se han ido despidiendo de su reinado y han estado visitando lugares emblemáticos y significativos de su vida. Si hace dos semanas ambos acudieron a los jardines Nemunoki, en los que nació y creció la emperatriz, y al parque infantil Kodomo no Kuni, un centro de juegos construido con fondos procedentes de los regalos y donativos que recibieron por su boda, este viernes el matrimonio se dejaba ver en Tokio, donde acudieron a la entrega del premio académico Midori, en el que es sin duda uno de los últimos actos que ha protagonizado en la era Heisei y antes de que arranque la nueva, Reiwa, que puede traducirse como armonía.

Mientras tanto, en Japón ya está todo listo para este momento histórico en el que, por primera vez en más de 200 años, un emperador abdicará. El Gobierno ha puesto extremado las medidas de seguridad para entonces con el objetivo de prevenir cualquier intento de ataque terrorista además de poder coordinar la presencia de las más de mil personas que se espera que asistan a los festejos. Entre los dispositivos que se pondrán en marcha se encuentra un sistema de reconocimiento facial, el mismo que se usará en los Juegos Olímpicos y Paralímpicos de Tokio 2020.

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Cuando llegue ese día, Akihito ya habrá cumplido con todos los rituales pertinentes, incluida la recogida, en el santuario de Ise, de los tres tesoros imperiales que entregará a su hijo Naruhito en el instante en el que este asuma el poder. Se trata de la espada, la joya y el espejo que simbolizan los valores que se presuponen en todo emperador que se precie: el valor, la sabiduría y la benevolencia. Anteriormente, Akihito ya visitó el mausoleo del primer emperador nipón Jimmu para cumplir con el protocolo de informar a sus ancestros de la decisión de abdicar y el mausoleo de Tokio, donde yace el padre del emperador, Hirohito, para también notificarle su renuncia al trono de crisantemo. 

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