La reina Victoria es la soberana inglesa que más tiempo permaneció en el trono

La princesa Victoria ascendió al trono de Inglaterra a los 18 años y permaneció como monarca absoluta de su país durante casi 64, más tiempo que ningún otro soberano inglés. Rigió, además, los destinos del mayor Imperio que ha existido a lo largo de la historia. Si estos meros datos ya son, de por sí, llamativos, su biografía, personalidad y política exterior constituyen el guión ideal de una superproducción de Hollywood.
La infancia de la pequeña Victoria transcurrió entre tutores. Su padrino, el príncipe Leopoldo de Coburgo asumió el papel de preceptor tras fallecer su padre -cuando ella tenía tan sólo ocho meses- y decidió que la princesa no debía saber que iba a ser Reina, para evitar así que se volviera vanidosa. A partir de entonces, y debido también a las poco respetables costumbres de la corte, Victoria fue alejada de palacio y educada en una quinta rural bajo la más severa y estricta disciplina. Hasta que se convirtió en Reina, no pudo dormir ni una sola noche fuera del cuarto de su madre ni tampoco hablar a solas con ninguna persona mayor.


La princesa se convirtió en la Reina más poderosa de entonces y... de la historia. Primordialmente, fue su genio inglés lo que contribuyó en mayor medida al esplendor del imperio victoriano. La reina Victoria gobernó a su pueblo con los mismos principios que le habían inculcado siendo niña: religión, familia, trabajo y austeridad. Así, el puritanismo imperante en la época se hizo exacerbado durante su reinado. Tanto, que no se podía citar en una novela la palabra pierna o atar a un hombre y una mujer de pies y manos si no estaban casados. Pese a todas las cortapisas y restricciones a la libertad que se impusieron durante su reinado, la popularidad de la Reina no decreció.

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