Falda plisada y volantes, los detalles del vestido de novia que conquistó a Paula (y al mundo)

La gallega eligió un diseño de Teresa Helbig lleno de personalidad

Parece innegable que, en los próximos meses, las bodas van a sufrir una evolución. De momento el número de invitados tendrá que verse reducido y se tomarán algunas medidas de seguridad, pero expertos del sector tienen claro que el principal objetivo será, más que nunca, celebrar el amor. En cuando a la elección del vestido, la diseñadora Teresa Helbig aseguraba que las novias "seguirán apostando por vestidos que les hagan muchísima ilusión y que les hagan sentirse ellas mismas, pero seguro que a partir de ahora tendrán en cuenta más de lo que se hacía hasta ahora, otras realidades como el origen del vestido, de los tejidos y cómo ha sido su proceso de elaboración". Realidades que ya antes apreciaban muchas chicas, como Paula, que eligió a la diseñadora catalana para vestir en su gran día. "Tenía super claras tres cosas: lo primero que quería era un diseñador nacional, ya que en España hay mucho talento y emocionalmente me apetecía "quedarme en casa"; lo segundo, que fuera un diseñador original que no hiciese los típicos trajes de novia; y lo tercero, que tuviese ese savoir-faire que hiciese de sus piezas naturalmente elegantes. No quería nada ostentoso, pero sí algo impecable y diferente".

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VER: El 'si, quiero' de Paula y Julio en Barcelona

Fue entonces cuando se acordó de Teresa, de sus colecciones de prêt-à-porter, de las novias que suelen cerrar siempre sus desfiles, y empezó a sentir curiosidad por su colección nupcial. Paula, que nació en Vigo, se mudó a Madrid a los 18 años y desde entonces ha vivido en Lisboa y Barcelona. Estudió periodismo y Fashion Marketing & Communication, y aunque en los últimos años se ha dedicado a la producción de eventos de una multinacional de la industria de la moda, hace unos meses lanzó su propia empresa de organización de eventos. "La organización de nuestra boda, con la libertad creativa que supuso, terminó de ser la chispa que me animase a dejar mi puesto de trabajo para crear algo propio y poder elegir mis proyectos", nos cuenta y asegura que, aunque para muchas chicas la elección del vestido resulta más compleja que la organización de la boda en sí, no fue su caso. "Cuando llegué al atelier me enamoré de cada detalle: las prendas, la decoración, el perfume que hay en el ambiente y el equipo que tiene y su trato hacia el cliente. La experiencia de entrar en el universo Helbig fue tan brutal que elegirla fue lo más fácil de la boda", explica.

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Un vestido de novia con mucha personalidad

"Cuando empezamos a organizar la boda pensé que elegir mi vestido iba a ser de las tareas más complicadas. Soy perfeccionista y si algo no me convence al 100% no paro hasta cambiarlo. Quién me iba a decir que en mi primera visita a un atelier iba a encontrar el vestido perfecto, aquel con el que me sentía 100% yo. Fue un viernes por la tarde y, aunque ese fin de semana tenía más citas para ver otros diseñadores con una amiga que llegaba expresamente de Galicia para eso, de mi cabeza no salía aquel vestido", recuerda Paula. Se trataba de un diseño de la colección nupcial de Teresa, una pieza con manga larga y escote de pico –los dos únicos detalles que la novia tenía claros antes de emprender la búsqueda de su vestido ideal– con la falda plisada y decorada por sutiles volantes. Un detalle en el que la gallega vio un guiño a la tierra de su chico –Julio, nos explica, es malagueño– y que contribuyó a que sintiera ese flechazo.

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"Le añadimos unos gemelos joya con forma de racimos de uva y un broche a juego para sujetar el velo. A parte, para el momento del banquete y fiesta elegí una diadema de flores de porcelana y tela que aportaba un toque de romanticismo al look y Teresa me dejó un chaleco de plumas rosas para cuando empezara a hacer un poco más de frío. Para los zapatos elegí a Serena Whitehaven. Trabaja mucho con Teresa y terminó de darle ese toque rebelde inesperado que buscaba en el vestido, con unos zapatos hechos a medida de pitón color rosa", relata la novia. Muy llamativo fue también el ramo con el que culminó el estilismo. Paula confió su diseño a Guida, de Molist Floristes, el mismo proveedor que elegió para gran parte de la decoración floral de la boda. "Fue un ramo desestructurado en donde se mezcló flor natural con flor seca para darle ese carácter actual, desenfadado y romántico a la vez, como toda la decoración que había en la boda. Las flores que se usaron fueron rosas, proteas, scabiosa, helecho, eucaliptus y palmito, pero las grandes protagonistas fueron sin duda las rosas en diferentes variedades y la protea".

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¿El peinado y el maquillaje? Si algo tuvo claro Paula en todo momento fue que llevaría la melena suelta, como suele lucirla, y que el maquillaje sería muy natural, para que encajara totalmente con su personalidad. Y es que para ella lo más importante a la hora de elegir su look nupcial era "sentir que te representa y que te hace sentir guapa y única. Cuando me probé el mío por primera vez pensé "podría salir ahora mismo a la calle y seguir sintiéndome yo, un yo divino, pero muy yo". Me aterraba que el día de mi boda pudiera verme en el espejo y no reconocerme, sentirme disfrazada. Seguir tus instintos y elegir por ti misma es lo mejor que puedes hacer en un momento tan bonito como ese".

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VER: ¿Por qué no deberías guiarte solo por las opiniones de tus amigas al elegir el vestido de novia?

El match de Paula y Julio

Solo hicieron falta 9 meses para que Paula y Julio decidieran dar un paso más en su relación. La casualidad, el destino y una App móvil hizo que la gallega y el malagueño se conocieran en Barcelona, la ciudad en la que ambos vivían en aquel momento. "Aunque a mucha gente le puede parecer muy poco tiempo, para nosotros fue más que suficiente. Los dos tuvimos súper claro desde el primer momento que lo nuestro era real y definitivo. Recuerdo que en la cuarta cita me dijo "algún día te casarás conmigo" y yo le respondí con un bolsazo y le tildé de loco, pero la verdad es que me conquistó bien y pronto acabó por no parecerme una locura", explica ella. La petición oficial llegó después de su primera Navidad juntos, cuando recibió como regalo de Reyes una cajita con una carta que era, en realidad, el inicio de una yincana. "Cada carta me llevaba a otra y cada una de ellas estaba escondida por un punto diferente de nuestro apartamento. Hasta que llegó la carta final con la petición y el anillo".

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Paula y Julio se casaron en Masía Egara, situada a 30km de Barcelona. "Elegimos casarnos cerca de donde vivimos y no en Galicia ni en Andalucía simplemente porque no quería pasarme todo el año volando cada dos por tres para elegir la mantelería, el color del cojín de las sillas del banquete o decidir dónde se ubicaría el grupo de música, por ejemplo. Soy muy puntillosa y como me conozco y sé muy bien lo que quiero, sabía que la mejor formula era hacerlo cerca de casa". Ellos mismos se encargaron de elegir todos los detalles del evento aunque para el gran día contaron con la ayuda de Lara, de Lara Cos. "La contratamos para la coordinación final de la boda y la ejecución in situ pero la verdad es que entró mucho antes en el proceso, ya que nos salvó la vida en momentos críticos y nos aportó luz en aquellos aspectos que desconocíamos –yo nunca había organizado una boda–. Con ella al mando en el proceso final disfruté muchísimo el día de la boda, pues me olvidé por completo de todo lo que había que coordinar (que no era poco). Ella con su equipo se encargó de que todo saliese como teníamos en mente".

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Aunque su enlace dejó anécdotas de todo tipo –desde historias de nivel light hasta otras más fuertes– hubo varios detalles que hicieron que aquel día fuera tan especial. Por un lado, que todos sus familiares y amigos llegaran a Barcelona desde todas partes de España y del mundo, porque muchos de los invitados vivían diferentes ciudades de EEUU, China, Europa o Israel. Por otro, que todos los proveedores y profesionales con los que Paula llevaba años trabajando en la organización de eventos pusieran su granito de arena para que todo saliera como habían soñado. Pero lo más especial "fue decir 'sí, quiero pasar mi vida contigo' delante de todos nuestros familiares y amigos. Para mí era muy importante compartir algo tan fuerte como haber conocido a Julio con nuestras personas más queridas, y ese fue el regalo más grande".

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