Ilustración del Primperan

Por qué no se debe utilizar el Primperan para tratar los vómitos de los niños

El uso de la metoclopramida (principio activo, la forma genérica de este medicamento) siempre debe ser bajo prescripción del médico, y no debe darse 'a la ligera'. Te explicamos los motivos.

El Primperan es uno de esos medicamentos que goza de una gran popularidad, y muchas personas lo recomiendan como si se tratase, casi, de un remedio casero. En este caso, para aliviar las náuseas y los vómitos de los más pequeños.

Sin embargo, los expertos advierten que no debe utilizarse ‘a la ligera’, y siempre tiene que estar recetado por un médico, ya que su uso no es el que nos imaginamos. Te contamos los motivos de la mano de la doctora Pascual Marcos, especialista en Pediatría del Hospital Vithas Pardo de Aravaca y del centro médico Crezen, miembro de 'Top Doctors'.

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No, no sirve para tratar los vómitos 'normales'

El Primperan es un medicamento cuyo principio activo es la metoclopramida, y que se utiliza, principalmente, por sus propiedades antieméticas, o lo que es lo mismo: para evitar el vómito.

La doctora Pascual Marcos destaca que los niños menores de un año no pueden tomarlo, y en los pequeños de 1 a 18 años su uso está restringido. Se trata de “una segunda opción de tratamiento (la primera opción terapéutica a día de hoy es el Ondansetron) en cuadros de náuseas o vómitos secundarios a los tratamientos de quimioterapia o vómitos postquirúrgicos”. Es decir, después de una operación.

Por lo tanto, advierte la doctora, los padres no pueden utilizarlo para aliviar los vómitos normales de un niño. Sobre todo, debido a sus efectos secundarios, que les pueden afectar a nivel neurológico y cardiovascular.

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Los efectos secundarios del Primperan

La Asociación Española de Pediatría (AEP) también alerta sobre los efectos secundarios de este medicamento. De ahí que, como reitera la doctora Pascual Marcos, sólo deba tomarse en los casos citados anteriormente, y siempre y cuando lo recete el médico.

Entre esas reacciones adversas que son, generalmente, “transitorias y reversibles” una vez se interrumpe el tratamiento, se encuentran la somnolencia, la fatiga y la diarrea, así como la posibilidad de que se produzca un bloqueo cardíaco y bradicardia (el descenso de la frecuencia cardíaca por debajo de lo normal).

Si se sobrepasan las dosis que los médicos recomiendan (ladosis máxima es de 0,5 mg. Por kilo de peso en un día) a los niños y a los adolescentes, sus efectos son severos. Y es que existe un alto riesgo de que se produzcan reacciones extrapiramidales, unos movimientos breves, involuntarios e irregulares, que no se pueden controlar (de hecho, al pequeño le cuesta mantenerse quieto), y que se pueden traducir en espasmos de los músculos de la cara, del cuello y de la lengua.

En caso de sobredosis, el niño también puede sufrir somnolencia y sentirse desorientado.

Cualquiera de estos síntomas llevará a los médicos a suspender su tratamiento, y si persisten se les hará un lavado de estómago, administrándoles una medicación para tratarles (benzodiazepinas).  

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Éstas son sus contraindicaciones

La doctora Pascual Marcos destaca que su uso está contraindicado en los siguientes casos:

  • En niños menores de 1 año, por el riesgo de reacciones neurológicas.
  • Cuando hay obstrucción intestinal, hemorragias o perforación gastrointestinal, dado que estimula la motilidad gastrointestinal (cuando el aparato digestivo desplaza el contenido de la boca hacia el ano).
  • Niños epilépticos , ya que puede causar convulsiónes.

La médico añade los casos de feocromocitoma (un tumor de la médula suprarrenal), y la lactancia. La metoclopramida atraviesa la barrera hematoencefálica (lo que permite que el agua, el oxígeno pasen al encéfalo), afectando así al recién nacido.

Y, por último, recuerda que no se debe combinar con medicamentos como levodopa, fenotiacinas y butiroferonas.

¿Qué se debe hacer si un niño vomita?

Los vómitos son uno de los problemas más frecuentes en los niños, pero su aparición puede deberse a diferentes causas. De hecho, es posible que estén relacionados con una gastroenteritis, un catarro, una otitis… Es por ello que serán los otros síntomas que acompañen a los vómitos (como, por ejemplo, la fiebre) los que indiquen a los pediatras qué es lo que sucede.

En muchas ocasiones, los vómitos van desapareciendo sin un tratamiento específico, mientras que, en otras (por ejemplo, si se deriva de una otitis), necesitarán un tratamiento con antibiótico.

Lo más importante cuando un niño vomita es que no se deshidrate, así que se aconseja ofrecer al niño líquido en pequeños sorbos, dejando, más o menos, media hora para que su estómago descanse. Asimismo, se recomienda utilizar el suero de rehidratación oral, dado que tiene agua, azúcar y sales que ayudan a compensar todo lo que ha perdido.

En cuanto los padres perciban que el niño tolera cada vez mejor el líquido, una vez los asimile totalmente, se puede ofrecer sólidos.

No obstante, en el caso de que los vómitos persistan o que se tenga cualquier duda sobre el estado de salud del niño, los padres tendrán que consultarlo con su pediatra, quien examinará al pequeño y les dará las pautas a seguir.

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