Mindfulness para niños

Ejercicios fáciles y divertidos de 'mindfulness' para niños

Entrenar la atención consciente cuando eres un niño puede resultar complicado, pero si se hace a través de ejercicios sencillos, los más pequeños pueden verlo como un juego. Y los beneficios para ellos son enormes.

El mindfulness es una práctica con mucho éxito en el mundo de los adultos. Permite entrenar en la mente la atención consciente, el aquí y el ahora, lo que redunda en un mejor control del estrés y de las emociones. Todos estos efectos son muy necesarios en determinadas etapas de la evolución infantil, por lo que cada vez más el mindfulness se está utilizando tanto de manera individual con los más pequeños como de manera grupal en algunos centros educativos.

Habitualmente, los padres que lo practican y que han notado una mejora en su bienestar físico y mental quieren trasladarlo a sus hijos. El quid de la cuestión es encontrar la fórmula para que los pequeños se 'enganchen' a él. Para ello, nada mejor que acercárselo mediante ejercicios fáciles.

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¿Desde qué edad se puede practicar?

El mindfulness se puede practicar desde que el niño tiene 5-6 años, cuando ya es capaz de fijar mejor la atención. "El mindfulness ayuda a los niños a identificar primero y despues a entender su dolor emocional, activando y reforzando la capacidad de prestar atención en el tiempo a su experiencia interior, desarrollando la curiosidad y la bondad en las relaciones sociales", explica María Saaveda Garlito, psicóloga de El Prado Psicólogos (www.elpradopsicologos.es).

Entre los beneficios del minfulness está la capacidad de favorecer personalidades infantiles más resilientes, seguras y empáticas, pues se elimina el juicio negativo hacia los demás y hacia sí mismos. Ser más reflexivos ayuda a que los niños no sean cautivos de las emociones, algo muy positivo para ellos.

¿Hay alguna situación en que el "mindfulness" esté especialmente indicado?

El mindfulness puede ayudar cuando hay problemas y antes de que aparezcan. No se debería practicar solo como reacción a algo negativo. Es una "base" que se puede ir dejando al niño para que sepa reaccionar bien en momentos presentes y futuros. Es una forma más amable de entender lo que le sucede a ellos mismos y a los de su alrededor. Sin embargo, es especialmente útil "para aquellos niños que estén estresados, dispersos, angustiados, para días previos a exámenes o pruebas deportivas", destaca la especialista. 

En momentos de especial estrés, como ahora durante la pandemia, la psicóloga también lo recomienda para que los niños "manejen sus emociones". En este caso, puede ser muy beneficioso practicarlo de manera conjunta padres e hijos, como un espacio común para liberarse de las tensiones. Una buena orientación, según aconseja la experta El Prado Psicólogos (@pradopsicologos en Instagram), es la que proporciona la Guía Headspace de Mindufulness en Netflix. "Que ambas partes puedan compartir momentos de conexión, relajación e introspección ayuda a los niños a que sientan más la experiencia y a los padres a dedicar tiempo de calidad familiar", detalla.

10 ejercicios muy fáciles 

Los beneficios del mindfulness no son inmediatos, sino que se van notando con la práctica. Por eso es bueno ofrecer a los más pequeños ejercicios que les "enganchen" para que no sea cuestión de un día. Estos son 10 ejercicios muy fáciles con los que pueden disfrutar de la práctica del mindfulness.

  1. A soplar. Se puede practicar con una vela o con un molinillo de viento. Especialmente indicado para los más pequeños. Es una forma de que concentren la atención en el soplo y en la respiración.
  2. Botellas sensoriales. En el mercado hay muchos materiales sensoriales, pero también se pueden fabricar en casa botellas ("rellenándolas de papel, purpurina, vaselina líquida y agua", concreta María Saavedra) o un frasco de la calma. Cuando el niño se centra en la observación de su interior, de las figuras que se forman... se ancla al aquí y al ahora.
  3. Recordar objetos. Para que el niño mantenga la atención sostenida un rato, se le puede plantear el reto de que mire unos cuantos objetos que se le presentarán a la vista durante un rato. Después, se retirarán y tendrán que explicar, o mejor dibujar o escribir, de cuáles se trataba.
  4. Pintando mandalas. Los mandalas también son un ejercicio muy fácil para concentrar la atención. Hay de muchos tipos y dificultades y se puede elegir uno conforme a la edad del niño. Es una forma, además, de potenciar su creatividad y de que se centre solo en una actividad.
  5. Salto y pausa. El niño puede pasar un rato saltando. Después, se le pedirá que pare y que se ponga las manos en el pecho para notar cómo late su corazón. Permanecer un rato así le conectará con sus sensaciones internas y con su respiración.
  6. Con un muñeco. Tumbado boca arriba, se pone un peluche (que no pese demasiado) encima del abdomen del niño. Tendrá que observar durante un rato cómo el muñeco sube y baja según su ritmo respiratorio.
  7. Adivinar qué suena. Se hace sonar un objeto o un instrumento musical, y el niño tiene que permanecer quieto mientras dura el sonido. Después, tendrá que decir de qué se trataba.
  8. Quietos como una rana. Se le plantea el reto de quedarse muy quietos como una rana, observando cómo se llena su tripa de aire y cómo el aire sale del cuerpo.
  9. Soy un detective. Se deja al niño que elija un objeto de la habitación, a ser posible pequeño, y se le pide que se concentre en él durante un minuto, sin hacer nada más. Después, lo describirá y contará las sensaciones que ha tenido.
  10. Nos miramos a los ojos. Se trata de un ejercicio para hacer en pareja. Sentados enfrente uno del otro, se deja que el niño y su pareja se miren fijamente sin hablar y sin hacer nada más durante un rato.

Hay muchas prácticas de mindfulness y merece la pena probarlas en familia para encontrar equilibrio, serenidad y más conexión interior.

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