Educación sexual en familia

Educación

¿Cuándo y cómo hay que empezar a hablar de sexo con los hijos?

No es, de entrada, un tema fácil para los padres, aunque los niños tienen la capacidad de entender la vida con más naturalidad que los adultos. Educación sexual: ¿desde qué edad están preparados los hijos para hablar de ello? Y, sobre todo, ¿cómo debe abordarse en familia?

Aun siendo un aspecto esencial, la mayoría de los niños y adolescentes reciben información sobre sexualidad no a través de sus padres, sino mediante Internet. Así lo dice la Encuesta Nacional de Anticoncepción y Sexualidad que presentó en 2019 la Sociedad Española de Contracepción. Para el 47% de los menores, esa es su vía de formación, seguida de los amigos y los profesores. Los progenitores ocupan el último puesto, con diferencia entre las madres (23%) y los padres (12%).

¿Qué falla para que los hijos tengan que recurrir a otras fuentes y no a su familia? El pudor y los tabúes juegan mucho a favor de que esta situación, aun hoy, se perpetúe. Y eso a pesar de que los niños adelantan cada vez más la fecha de la primera relación sexual. Según la citada encuesta, está en los 16,4 años. Menores que, en la mayoría de los casos, no han recibido ninguna formación en este sentido por parte de sus padres.

La sexualidad no es solo sexo

Uno de los mayores errores que comenten los adultos en relación a este tema es reducir la sexualidad al sexo. “La educación sexual es mucho más que hablar sobre de dónde vienen los niños, qué es hacer el amor o las enfermedades de transmisión sexual”, aclara Raúl Padilla, psicoterapeuta y terapeuta sexual y de pareja (www.raulpadilla.es). “Es algo que, además de escucharse, se siente, se comparte y se vive. La educación sexual debería formar parte de la educación como una más de las dimensiones de la vida”, destaca.

Desde que son bebés, los niños exploran su cuerpo y buscan estímulos; con año y medio ya son bastante conscientes de su realidad corporal. Por eso, la educación sexual empieza desde mucho antes de lo que se cree, siempre adaptándola al interés y a la capacidad del menor. Una buena forma de educar sanamente en la sexualidad es referirse a las partes íntimas con su nombre verdadero desde que los niños empiezan a nombrarlas: vagina y pene. Lo hacen así también en los centros escolares y al niño le beneficia no sentir que todo ello es misterioso y por eso recibe nombres raros.

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Errores a evitar

A partir de los cinco años, los niños comienzan a hacerse preguntas sobre la sexualidad. Algunos las formularán en alto y otros no. Es muy importante que los padres se muestren accesibles para charlar sobre ello; eso sí, “adaptando el lenguaje y el contenido a la realidad evolutiva de quien nos escucha, porque lo más importante en la comunicación no es quien dice algo sino quien lo escucha”, aconseja el experto.

En esas primeras preguntas sobre sexualidad o sobre el origen de la vida, conviene no cometer errores como estos:

  • Mentir. No se puede decir a los niños que los bebés vienen de París o que los trae la cigüeña, sino dar una explicación adaptada a su edad del proceso de gestación.
  • Ridiculizar sus intereses o no responder a sus preguntas con expresiones como “y a ti qué te interesa”, “eres muy pequeño para saber eso” o “estas son cosas de mayores”.
  • No asegurarse de que han entendido la conversación. Después de terminar conviene cerciorarse de la idea que ha sacado el niño.
  • Dar una clase magistral. “Se debe producir una interacción y no un monólogo o una clase magistral”, apunta Raúl Padilla. En este sentido, no deberían ser conversaciones con mucha solemnidad o un protocolo especial, como “cariño, ven aquí, que mamá tiene que hablarte de algo muy importante”.
  • No ponerse en su lugar. Los niños suelen hacer preguntas para corroborar o refutar sus hipótesis; es así también en temas relacionados con la sexualidad. Es muy importante ponerse en el lugar del niño y “saber qué pregunta, por qué lo pregunta, qué piensa sobre ello y cuál es la idea que necesita corroborar”, destaca el terapeuta.

La pubertad, una edad clave

La pubertad es el periodo en que los niños se preparan para la adolescencia (algunos la sitúan entre los ocho y los 13 años, y otros entre los nueve y los 14). Es un momento de excepcional importancia para ahondar en la educación sexual, sobre todo porque comienzan a vivirse cambios tan profundos a todos los niveles que necesitan estar preparados. Les cambia la voz, aparece la menstruación, pueden comenzar las autoexploraciones, las primeras relaciones con otras personas… “La sexualidad empieza mucho antes de realizar el coito y es mucho más amplio que este”, recuerda Raúl Padilla. “Si tenemos un entorno que vive de espaldas al hecho sexual lo veremos como algo oculto y especialmente atractivo, morboso, y lo viviremos con culpa y en la clandestinidad, pero lo viviremos de todas maneras”, advierte.

Si a esta edad no se han tenido conversaciones en este sentido, no se debe esperar más. En la adolescencia, ya es tarde.

Llega la adolescencia

Es muy difícil que si no se ha tratado antes el tema de la sexualidad en familia, el adolescente confíe en esta etapa en sus padres. Sus iguales, sus amigos, son los que los sostienen en esta fase, y los padres quedan muy atrás. Por eso es tan importante hablar de sexualidad con los hijos desde muy pronto.

“Cuando nos sorprenden con que ya han realizado el coito, se nos eriza el pelo pensando en que, de repente, se han hecho personas mayores, como si volviéramos a verlos después de mucho tiempo y hubiéramos descubierto que han dado el estirón”, reflexiona Raúl Padilla. “Eso quiere decir que nos estamos perdiendo parte de su desarrollo, porque todo es gradual y progresivo”, subraya.

El ejemplo de los padres

Como en otros ámbitos de la vida, el ejemplo de los padres influye mucho en la manera en que los hijos entienden y viven la sexualidad. Los progenitores han de convertirse en un espejo en el que sus hijos “puedan mirarse e identificarse para vivir su sexualidad positivamente”, apunta el especialista.

Así, los hijos deberían aprender de sus padres “a no usar su sexualidad sino a vivirla, sentirla y a compartirse con cada persona emocional y afectivamente con seguridad, disfrutando de su tiempo y siendo empático con las necesidades de los demás sin olvidarse de sí”, aconseja.

Hay que tener en cuenta, además, “que en el día a día hay mucha educación sexual que realizamos a base de silencios, cambios de conversación y malas caras. No hablar también comunica”, resalta Raúl Padilla.

En definitiva, de forma consciente o no, los padres educan a sus hijos en la sexualidad desde muy temprana edad. Cada niño muestra un tipo de interés y es bueno que pueda resolverlo con sus padres, que adaptarán sus mensajes a su madurez. Conviene tratar el tema antes de que sea una urgencia y de sentir que se ha llegado tarde.

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