Mujer tocándose la tripa de embarazada

¿Sabes qué es la maniobra de Hamilton?

Se trata de una técnica manual que los ginecólogos pueden llevar a cabo para inducir el parto. Te explicamos en qué casos se contempla

Es lógico que aumenten los nervios (y las dudas) cuando se aproxima la fecha del parto. Sobre todo, si se trata de la primera vez que se va a dar a luz. Aunque es preferible que el proceso comience de forma espontánea, en algunas ocasiones, debido a motivos de salud, los médicos deben provocarlo (lo que llaman inducción al parto). Para ello se sirven, normalmente, de métodos farmacológicos, pero también existen otros mecánicos. En concreto, uno que no está exento de polémica: la maniobra de Hamilton. Te explicamos en qué consiste, de la mano del doctor José Luis Neyro, experto en salud de la mujer del Hospital Universitario Cruces de Bilbao y autor de neyro.com.

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Qué es la maniobra de Hamilton

El doctor nos detalla que se trata de una técnica de inducción del parto que consiste en, durante la exploración vaginal, introducir un dedo por el cuello uterino para despegar levemente las membranas del saco amniótico (también llamado saco gestacional) del lugar donde están asentadas, en la parte inferior del útero.

La contracción se inicia siempre en la parte superior del útero, desde los marcapasos uterinos, donde se ejerce presión para que el cuello se vaya acortando, y, poco a poco, dilatando, permitiendo el paso del bebé, que puede salir al exterior todavía dentro del saco amniótico o haberlo roto con anterioridad. Un proceso que se conoce como la rotura de la bolsa de aguas.

De ahí que, por ejemplo, cuando se acerca la fecha del parto, pero no se ven signos de preparación en el cuerpo de la mujer, los médicos suelan recomendarque camine y procure no estar en reposo. De este modo, se favorecerá que el bebé descienda, ejerciendo presión sobre el cuello, que empezará a borrarse, y propiciando la aparición de las contracciones.

Así que, en definitiva, el objetivo de la maniobra de Hamilton es una técnica más cuyo fin es estimular el parto de forma manual para que se den estas contracciones. También hay que tener en cuenta que el trabajo de parto no comenzará de forma inmediata, sino que puede tardar hasta 12-25 horas.

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Casos en los que debe inducirse el parto

A pesar de que lo ideal es que sea espontáneo, pueden darse situaciones en las que el ginecólogo lo considere necesario. Tal y como se indica desde la Sociedad Española de Ginecología y Obstetricia (SEGO), las situaciones que pueden llevar a la inducción del parto son:

  • Un embarazo prolongado, más allá de las 41-42 semanas.
  • Que se produzca alguna complicación técnica y del embarazo.
  • Que se rompan prematuramente las membranas sin que comience el parto en un plazo de 24 horas.
  • Infecciones o la muerte del feto dentro del útero.
  • Que el feto corra algún tipo de riesgo por no poder recibir nutrientes u oxígeno suficiente a través de la placenta.
  • Otras razones de conveniencia personal por asuntos varios como circunstancias laborales, problemas familiares... etc.

En cualquier caso, la organización señala que las condiciones para hacerlo tienen que ser muy rigurosas y favorables, y siempre que el embarazo haya llegado a término, el feto haya madurado y no se dé ninguna complicación médica u obstétrica.

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¿Conlleva algún tipo de riesgo la maniobra de Hamilton? 

El especialista nos indica que se trata de una técnica muy antigua, que proviene de la época en que no existían las modernas técnicas de inducción del parto de las que los ginecólogos disponen hoy. "En realidad", señala el doctor, "es una obra casi en desuso", pero que puede hacerse en algún momento de la evolución de cada embarazo. Como adelantábamos al principio del artículo, se trata de una técnica rodeada de polémica por los riesgos que conlleva, sin embargo, resalta que si se hace de forma delicada no tiene por qué ser peligrosa. Algunas de estas complicaciones pueden ser:

  • Sangrado, que suele ser leve.
  • Dolor, que debería ser escaso. Es más, debería ser prácticamente indoloro.
  • Rotura prematura de membranas, una circunstancia que no debe producirse si la maniobra se realiza delicadamente.

La SEGO, por otra parte, señala que, pese a ser una técnica segura, es cierto que la inducción del parto conlleva unos pormenores, tales como:

  • Una mayor duración, lo que, al final, incrementa las posibilidades de tener que hacer una cesárea.
  • Mayor necesidad de anestesia epidural.
  • Hospitalizaciones más largas.

Sea como fuere, lo que sí es cierto es que, antes de llevarla a cabo, el médico tiene que explicar a la mujer por qué se debería realizar, y solicitar su consentimiento.

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Más allá de la maniobra de Hamilton

Puede que sea el más popular, sin embargo, en la actualidad, los especialistas suelen utilizar otros métodos no mecánicos para provocar el parto.

Los más comunes son los farmacológicos, destacando:

  • Las prostaglandinas, unas sustancias que se usan para mejorar las condiciones del cuello uterino. Son las hormonas que naturalmente desencadenan el parto de manera espontánea.
  • La oxcitocina, una hormona (que se conoce como la de la felicidad) que se produce en la glándula hipófisis, y que favorece las contracciones. Al ser administrada por vía intravenosa, desencadena las contracciones de forma rápida.

En el caso de que, tras 12 horas, no se haya logrado una dilatación de unos 2-3 centímetros, del cuello del útero, se considera que la inducción no está evolucionando adecuadamente, y cabe la posibilidad incluso de estudiar la finalización del parto mediante cesárea.

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Cómo distinguir las contracciones de parto

No sólo la rotura de aguas anuncia el parto (aunque, si se rompe la bolsa, hay que ponerse en contacto con el ginecólogo de inmediato), sino que también es muy importante prestar atención a las contracciones, que te dirán si el proceso se ha iniciado o se trata de lo que los ginecólogos conocen como 'falso trabajo de parto'. Las contracciones han de ser:

  • Regulares. Siguiendo un horario fijo, y si van en aumento significa que se han desencadenado los marcapasos uterinos, ubicados en los lugares más altos y laterales del útero, y que ordenan al útero que hay que comenzar el parto.
  • El dolor depende de la persona. Puede que se note una molestia que comienza en la zona lumbar, y que se traslada hacia el abdomen, pero también cabe la posibilidad de que sean indoloras, por lo que, lo más importante, es atender a la frecuencia con la que se producen.

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