Bebé comiendo verdura

Todo lo que debes saber sobre el 'baby-led weaning'

Gracias a este popular método de alimentación, tu bebé aprenderá a descubrir por sí mismo las texturas y sabores de los alimentos. Sin embargo, hay una serie de precauciones e indicaciones a tener en cuenta antes de aplicarlo

A muchas madres, sobre todo las primerizas, les surgen dudas sobre cuál es la mejor forma de alimentar a su bebé una vez han dejado de dar el pecho. Algo que, habitualmente, se decide cuando el pequeño cumple los seis meses de vida, ya que, siguiendo las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS), la lactancia materna es el alimento más completo que existe para los pequeños, y debe mantenerse, por lo menos, hasta ese momento. A partir de entonces, se inicia una nueva etapa, en la que se comenzará a introducir la alimentación complementaria, sin abandonar por completo la leche materna. Uno de los métodos más conocidos para hacerlo es el baby-led weaning (BLW), o lo que es lo mismo, la alimentación autorregulada por el bebé, que en los últimos años ha ido ganando cada vez más adeptos. Te contamos en qué consiste esta técnica y qué es lo que debes tener en cuenta antes de ponerla en práctica de la mano de Laura Hoyos, asesora de este método en nuestro país, y autora del libro 'Comida real para bebés' (Editorial Vergara).

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¿Qué es el baby-led weaning (BLW)?

Laura Hoyos nos explica que, tal y como indica su nombre en inglés, es una alimentación complementaria autorregulada por el bebé. Es decir, que se trata de una manera de incorporar alimentos en su dieta, dejando que sea él quien se alimente, y respetando siempre sus señales de hambre y saciedad.

Lejos de la creencia general, este método no sólo consiste en ofrecer a los bebés alimentos troceados. De hecho, tal y como indica la propia Laura, los padres pueden comenzar ofreciéndoselos triturados. "Lo único que hay que tener en cuenta es que es el bebé quien dirige la alimentación, y no los padres que, tradicionalmente, se los ofrecían con la cuchara u otro cubierto". De esta forma, al principio, el pequeño utilizará sus propias manos para llevarse los productos a la boca, y después aprenderá a usar los cubiertos.

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A partir de los seis meses, se puede empezar a introducir alimentos sólidos

La Asociación Española de Pediatría (AEP) publicó hace dos años una completa guía en la que abordaba, por primera vez, este método, y recogía algunos consejos para llevarlo a cabo con éxito. Sumándose a los consejos de la OMS, la organización recalca que es imprescindible que la leche materna (o, en su defecto, de fórmula) siga manteniéndose como alimento principal, que el pequeño irá tomando a demanda, antes de sentarse a la mesa. El proceso de baby-led weaning puede iniciarse alrededor de los seis meses, cuando sea capaz de sostenerse sentado, sujetar un trozo de alimento con la mano y llevárselo a la boca.  

No obstante, es muy importante que, aunque sea él quien dirige el proceso, no se le pierda de vista. La asociación insiste en que el bebé nunca debe comer solo, además de por los posibles peligros que esto pueda entrañar, porque es vital que la comida se convierta en una experiencia social que disfrute en familia.

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Precauciones importantes y alimentos prohibidos

Es lógico que muchos padres muestren su desconfianza hacia este método, y tengan miedo de que sus hijos puedan atragantarse si no procesan bien un alimento sólido en su boca. Por ello, para aplicarlo con seguridad y confianza, Laura Hoyos aconseja a todos los progenitores que antes de poner en práctica el baby-led weaning, realicen un curso básico y presencial de primeros auxilios para bebés y niños. Mientras, la Asociación Española de Pediatría nos facilita, por su parte, las siguientes indicaciones para prevenir cualquier susto:

  • El bebé debe mantener una posición erguida, nunca recostada para comer. Ha de estar sentado en una trona o, en su defecto, en el regazo de su cuidador.
  • Un adulto debe supervisar el proceso.

E indica que no se pueden dar alimentos duros y/o redondos con forma de moneda a los más pequeños. Es más, existe una serie de productos 'prohibidos' en función de su edad:

  • Hasta el primer año: lácteos, sal, azúcar, miel o algas.
  • Hasta los 3 años: carnes de caza, pescados poco cocinados y de gran tamaño, cabezas de gambas, langostinos, carnes y huevos poco cocinados.
  • Hasta los 5 años: frutos secos, uvas enteras, tomates cherries, champiñones pequeños enteros, manzana y zanahoria cruda, gajos de mandarina enteros, salchichas, palomitas de maíz, y otros alimentos duros o pegajosos como los caramelos o la mantequilla de cacahuete.
  • Por último, las tortillas y las bebidas de arroz se reservarán hasta que el niño tenga 6 años.  

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Los platos, mejor cocinados al vapor o cocidos

Claro está que, con el paso del tiempo, podrá ir probando el resto de comidas, pero los padres tienen que prestar especial atención a la forma de cocinar los alimentos:

  • Las verduras tienen que estar cocinadas al vapor o ligeramente cocidas, asadas o fritas. Pueden estar enteras o cortadas en trozos del tamaño de un dedo.
  • Frutas y verduras crudas, excepto las nombradas anteriormente, cortadas en forma de crudité.
  • Carne guisada, cocida o a la plancha, cortada en tiras.
  • Otros alimentos que pueda manipular el bebé, como taquitos de queso, bolas de arroz, colines o mini sándwiches.

Resulta fundamental hablar con su pediatra para elaborar platos que sean completos, y que contengan todos las nutrientes que el bebé necesita. "Lo más importante es ofrecer alimentos nutritivos y saludables, que lo que tenga en el plato sea comida real, y tampoco podemos olvidarnos de la hidratación, dejándoles un vasito de agua junto al plato".

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Un método con múltiples beneficios para los más pequeños

La experta en baby-led weaning nos resalta algunos de los beneficios que este método reporta a los bebés:

  • Ayuda a fomentar una buena relación con los alimentos. Al darles los alimentos tal como son, sin mezclar, aprenderán a diferenciarlos y a apreciar los diferentes olores, sabores, texturas y colores.
  • En línea a lo anterior, se fomentará que los niños no protesten, y se aventuren a comer de todo. De esta forma, no rechazarán algunos alimentos porque no les gustan a simple vista.
  • Los bebés aprenderán a interpretar sus señales de hambre y saciedad, lo que, a la larga, les resultará útil para prevenir problemas como la obesidad.
  • Se propicia la independencia del bebé. Al fin y al cabo es él quien decide cuánta cantidad y cuándo come, lo que le dará confianza en sí mismo.
  • Mejora su psicomotricidad fina y gruesa, puesto que tienen que realizar el ejercicio de coger los alimentos (y después los cubiertos) con sus manos.
  • El niño disfrutará de la experiencia que supone comer en una mesa junto a su familia.

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