Madre tratando de hablar con su hija adolescente

¿Problemas de convivencia con tu hijo adolescente? Así puedes solucionarlos

Discusiones, conflictos... Vivir con un joven no siempre es sencillo, pero con estos consejos, conseguiréis resolver vuestras diferencias

La convivencia nunca ha sido un asunto sencillo, pero si uno de los miembros que forma parte del núcleo familiar es un adolescente, todavía puede tornarse más complicada. Hablamos de una etapa repleta de cambios y actitudes. Un tránsito entre la infancia y la edad adulta que es temido por muchos padres quienes, la mayoría de las veces, no saben cómo deben actuar ante la rebeldía y disconformidad de sus hijos.

Por ello nos hemos puesto en contacto con Ernesto López Méndez, médico especialista en medicina familiar y comunitaria, psicopedagogo, psicólogo especialista en Psicología clínica, y uno de los autores de 'Familias competentes, por una convivencia confortable en casa' (Editorial Pirámide) junto a Jesús Paños Martín, Miguel Costa Cabanillas y María Paz García-Vera, para averiguar cómo habitar bajo el mismo techo que un joven puberal de la mejor manera posible.

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¿Es la adolescencia la etapa más complicada de un niño?

El psicólogo nos detalla que no es una etapa necesariamente problemática por sí misma, si bien es cierto que aparecen diferencias y discrepancias. Hemos de tener en cuenta que en esta fase crece su autonomía e independencia, a medida que deben afrontar los nuevos retos que entraña su propio desarrollo y maduración (a nivel biológico y psicológico). A esto hay que sumarle otros aspectos tan importantes como las relaciones afectivas y las exigencias de la vida escolar.

Todo ello "hace que sea un momento lleno de oportunidades, pero también de riesgos". De ahí la importancia de que exista una convivencia confortable en casa, que servirá de protección, y además, puede contribuir a desarrollar todo el potencial que encierra esta etapa. De hecho, el psicólogo añade que la pandemia ha evidenciado la relevancia de la convivencia, puesto que ha puesto a prueba dicha convivencia y "la capacidad de las familias para afrontar y gestionar los cambios que la pandemia ha producido".

Desde las normas de casa hasta la falta de implicación en las tareas: estos son los problemas más habituales

En general, vivir con un adolescente no significa que la vida diaria esté llena de viscitudes, pero sí puede acarrear ciertos problemas. Al fin y al cabo, "nuestros hijos adolescentes han ido creciendo, diferenciando más su identidad personal, sus intereses, necesidades y aspiraciones". Y aunque todavía se compartan cosas con ellos, padres e hijos son distintos en muchos aspectos. Estas diferencias se traducen en la contraposición, la discrepancia y la controversia, que desencadenan, a su vez, en los indeseados conflictos. Sobre todo, si se enfrentan esos intereses opuestos de los progenitores y sus vástagos.

Algunas de las situaciones y de los motivos más comunes de conflicto son:

  • Organización general de la vida familiar, lo que suele generar discusiones. Como, por ejemplo una falta de acuerdo sobre la hora a la que el adolescente debe llegar a casa por la noche.
  • Malestar por la distinta forma de entender lo que es el orden y el desorden en la habitación de los hijos.
  • Falta de implicación de los hijos en las tareas de casa.
  • Disputas en cuanto a los gustos personales en aficiones, arreglo personal y amistades.
  • Inicio en el consumo de alcohol, tabaco y otras drogas.
  • Discusiones por discrepancias ideológicas y políticas.
  • El inicio de las relaciones afectivas del adolescente.
  • Problemas en el desarrollo escolar o abandono escolar.
  • Dudas e incertidumbres de los hijos respecto a su proyecto de vida, y dificultades para hablar de sus dudas con sus padres.

El primer paso será reconocer la existencia de todas estas diferencias para afrontarlas y resolverlas de manera satisfactoria.

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Una lucha entre padres e hijos

El impacto que tengan todos estos problemas tanto en los padres como en los hijos dependerá de cómo se afronten en la comunicación familiar. De este modo, el experto nos comenta que, a pesar de lo que se suele pensar, pueden suponer una oportunidad para fortalecer los lazos afectivos entre padres e hijos, basándose en el respeto y poniendo en valor todas las identidades personales que forman parte de un ‘nosotros’ (es decir, la familia).

Tal y como expone el especialista, para ser "una familia ‘competente’", tal y como se detalla en el libro del que Ernesto López Méndez es coautor, hay que afrontar los problemas y conflictos de esa manera constructiva". Algo que, en muchas ocasiones, no es fácil porque los conflictos pueden distanciar y provocar malestar en padres e hijos.

Es como si se estableciese un pulso o una contienda entre ambas partes, en la que una gana y la otra pierde. "Se observan como un obstáculo", y la única forma de solucionar el problema es removerlo. Lo que ocurre es que de una guerra nadie sale indemne, y al final, esto deja heridas en la convivencia.

La clave está en la escucha y en el acuerdo

Es normal que aparezcan estos problemas y conflictos, pero "lo bueno es que nuestra capacidad para resolverlos también forma parte de nuestra convivencia familiar", resalta el psicopedagogo, que nos da las siguientes recomendaciones:

  • Resolver los conflictos mediante el acuerdo, buscando beneficios mutuos, escuchando, y logrando soluciones aceptables para todos. Después de alcanzar una solución acordada, que es, pues, una "solución nuestra", se fortalecen nuestros vínculos afectivos porque habrá sentimientos de reconcimiento mutuo.
  • No tomarlo como una "rendición" o una muestra de "debilidad". Al contrario, es un acto de valentía, una victoria compartida que nos fortalece como familia y como personas individuales.
  • Aceptar con responsabilidad y sin "escurrir el bulto" el papel que cada uno ha tenido y tiene en el conflicto.

Si actuamos de este modo, los adolescentes valorarán el hecho de que no hayamos recurrido al uso de la fuerza, y se sentirán bien porque es un indicador de la confianza que depositamos en ellos. En los capítulos del libro 'Familias competentes, por una convivencia confortable en casad', se desarrolla de manera muy didáctica y práctica una especie de programa de paternidad competente y positiva, capaz de afrontar los problemas y conflictos con una estrategia de victoria compartida.

"Cuando les mostramos que damos importancia a sus necesidades, intereses y aspiraciones, es más probable que ellos sean más considerados con los nuestros", destaca Ernesto López Méndez. Además, es beneficioso que ellos cooperen activamente en la búsqueda de alternativas de la solución, ya que así aumentan las posibilidades de que se responsabilicen, se comprometan y pongan más interés para que funcionen y no fracasen. Lo que requerirá un menor esfuerzo por parte de los padres para asegurar que funcionen.

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