Niños jugando al fútbol

¿Sabes por qué los deportes de equipo son buenos para tu hijo adolescente?

No sólo se trata de su bienestar físico, sino también mental, ya que este tipo de actividad física ayuda a prevenir los trastornos de la conducta alimentaria. Te explicamos por qué

Alrededor de 300.000 adolescentes sufren algún tipo de trastorno de conducta alimentaria (TCA) en nuestro país, según datos de la Fundación Fita y la Asociación Española para el Estudio de los Trastornos de la Conducta Alimentaria (AETCA). Y en los últimos cuatro años, el porcentaje de menores de 12 años afectados por un problema de este tipo ha aumentado en un 15%. Las causas son diversas, y las señales que nos pueden indicar que nuestros hijos están en riesgo, también pero, tal y como destacan desde la Copa COVAP, promovida por la Cooperativa Ganadera del Valle de los Pedroches (COVAP), basándose en un estudio de la Universidad de Chile, existe una herramienta que nos puede ayudar a prevenirlos: el deporte. Más allá de sus múltiples (y conocidos) aspectos positivos para la salud física, su práctica se postula como beneficiosa para la salud mental de los adolescentes. Te explicamos por qué.

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¿Cuáles son los trastornos de la conducta alimentaria más habituales en adolescentes y sus causas?

El doctor Ignacio Jáuregui Lobera, psiquiatra y psicólogo de la Fundación para la Prevención y Erradicación de los Trastornos de Conducta Alimentaria, nos comenta que los más conocidos para la población general son la bulimia y la anorexia nerviosa. Pero el experto considera, que hoy en día, hay que ir "más allá. Hay muchísimos adolescentes y preadolescentes que padecen trastornos de la conducta alimentaria que todavía no han llegado a converger (en cuanto a los síntomas) en una anorexia o en una bulimia. Sin embargo, ya se observan alteraciones: como menores que vomitan de vez en cuando porque piensan que esta es la única forma de controlar su peso, o que si un día se han excedido, deben hacer dietas por su cuenta". Todo esto indica que esos jóvenes tienen un alto riesgo de padecer un trastorno de la conducta alimentaria en el futuro.

Su aparición puede deberse a diferentes causas:

  • Estrés.
  • Presión académica.
  • Personalidad del adolescente, que todavía se está desarrollando. Las personas con rasgos muy perfeccionistas tienden más fácilmente a desarrollar una anorexia nerviosa, mientras que las personas más inestables emocionalmente suelen desarrollar bulimia.
  • Perturbación emocional debido al divorcio de los progenitores o al fallecimiento de un familiar cercano.

También señala que, en ocasiones, hay una predisposición genética, y que la presión social (de las redes sociales, la publicidad…) es responsable sólo de alrededor del 4-5% de los trastornos de la conducta alimentaria.

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Algunas señales de alerta

El doctor Jáuregui nos expone algunas actuaciones que nos pueden revelar que algo sucede:

  • Realización de dietas de manera repentina. Ese decir, que de la noche a la mañana, un joven con un peso normal (e incluso por debajo del mismo) decide que se va a poner a dieta.
  • Da argumentos socialmente aceptados como que "quiere comer de forma más saludable para estar más sano" o que "ya no quiere comer carne o pescado". Es una forma muy sutil porque, al principio, no saltarán las señales de alarma, advierte el experto.
  • Síntomas físicos. Como que, en el caso de las chicas, pierdan el periodo.
  • Protestan por las comidas, diciendo que es demasiada cantidad o que es demasiado grasa cuando hace un mes no se quejaba de nada.
  • Está continuamente moviéndose, o que, después de las comidas, siempre va al cuarto de baño.

El 'peligro' del gimnasio

El doctor explica que muchas personas consideran actualmente que hacer deporte "pasa, exclusivamente, por ir al gimnasio. Y aquí tenemos un caldo de cultivo porque en estos espacios hay situaciones que son repetitivas, unas rutinas, que pueden convertirse en una obsesión. Por ejemplo, si empiezan haciendo 20 abdominales, después querrán hacer 40".

Además, señala que hay mucho culto al cuerpo y a la imagen. "Se comparan unos con otros, y son espacios en los que, en muchas ocasiones, también se juega mucho a la nutrición cuando no son expertos. Entonces, muchos adolescentes terminan tomándose batidos para la masa muscular, haciendo todo tipo de dietas…" que no son beneficiosas para su salud.

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La importancia de practicar deporte de equipo

Lo que sí es beneficioso, desde el punto de vista del experto, son los deportes de equipo. Sobre todo, porque fomentan la sociabilidad: "al jugar al fútbol, al pádel… harán amigos con los que jugarán, se divertirán y compartirán experiencias. La razón por la que son tan a la hora de prevenir trastornos de la conducta alimentaria es porque inculcan valores tan importantes como el trabajo en equipo, la solidaridad, el ayudar a un compañero que se ha lesionado… Y para los adolescentes, el desarrollo grupal es muy importante".

Además, los deportes en equipo favorecen relaciones donde los pequeños no se sienten presionados ni juzgados por su estado físico, lo que "evita que lleven a cabo dietas restrictivas o ingestas desmesuradas", fomentando, al mismo tiempo, su autoestima. Por ello, resulta fundamental su práctica desde la infancia para que puedan, así, afrontar la pubertad de la forma más sana posible.

No obstante, el psiquiatra y psicólogo también advierte que no se puede saturar a los niños con las actividades extraescolares, o, de lo contrario, podemos generar situaciones de estrés. Por ello, hemos de tener en cuenta que un día tiene 24 horas, "tiene que dormir ocho horas, después tiene que ir al colegio, hacer los deberes, tener sus momentos de ocio…". Por lo que considera que tres o cuatro horas a la semana sería lo adecuado.

"Si son deportes que implican estar en un club, que el fin de semana tengan competición, por ejemplo, lo mejor es que tengan entrenamiento, como mucho, una hora al día", añade.

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Los padres, un modelo a seguir

El papel de los padres es fundamental, y, según apunta el doctor, es importante que estén pendientes. Además, como medidas de prevención frente a estos problemas de conducta alimentaria recomienda:

  • Educar en valores. Fomentar una autoestima que no se base esencialmente en el peso, en la figura…
  • Ser un modelo para los hijos. Si los hijos ven que sus padres obsesionados con su físico, se convertirán en un modelo negativo para su recuperación. "Si les decimos que no preste atención al físico, pero después no cenamos porque queremos perder peso, no les estamos enviando un mensaje coherente".
  • Hacer al menos una comida al día en familia, convirtiendo la alimentación en un acto social y familiar.
  • Ofrecer herramientas para desarrollar un sentido crítico frente a estereotipos de belleza.
  • Compartir actividades en el tiempo libre y practicar deportes de equipo.

La adolescencia, resume "es una etapa de cambios a nivel físico y hormonal, que afectan a cambios de carácter, de personalidad… La crisis puberal llegará, pero si los niños han sido educados en valores, van a afrontar mejor todos estos retos".

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