Niña tapándose la boca

Consejos para 'acabar' con el hipo de los más pequeños

No es peligroso, pero sí muy molesto, y muchos padres se preocupan cuando aparece con frecuencia. Te explicamos a qué se debe y cómo puedes aliviarlo

"¿Tienes hipo? ¡Entonces estás creciendo!". Seguro que en algún momento de tu infacia, una persona cercana te dijo algo similar. Y, a continuación, procuró darte el clásico susto para que terminase (sin mucho éxito). Aunque no es peligroso, el hipo puede llegar a resultar muy molesto para quien lo sufre. Más si se trata de niños pequeños, puesto que no comprenden qué sucede, y si aparece de forma habitual, los padres también llegan a preocuparse. 

La pediatra Nerea Sarrión, más conocida como nerea_pediatra en redes sociales, nos explica qué es, qué lo provoca e insiste en que los progenitores tienen que mantener la calma, dado que ni es peligroso ni provoca ningún daño al niño.

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¿Qué es el hipo?

Se trata de una contracción repentina, brusca e involuntaria del diafragma, el músculo que separa los pulmones del abdomen, que, junto al cierre de las cuerdas vocales, favorece ese ruido tan característico. 

En la infancia, las crisis de hipo son relativamente frecuentes, suponiendo, en muchos casos, un motivo de preocupación para los padres. Pero no es señal de ningún tipo de enfermedad o problema de salud importante ni es doloroso para los pequeños. En definitiva, no es peligroso, así que envía un mensaje de tranquilidad a los padres.

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¿Por qué aparece?

La pediatra comenta que se considera normal que los recién nacidos y los bebés tengan hipo. Es más, pueden estar hasta media hora con estas crisis, y se ha demostrado que el feto puede tener hipo desde las 8 semanas del comienzo de la gestación. El motivo por el que es tan frecuente en los más pequeños se debe a la inmadurez que les caracteriza en todos los sentidos, tanto en el sistema nervioso como el digestivo.

Aunque no se conoce exactamente el motivo que lo provoca, se piensa que cualquier 'irritante' en el diafragma genera como respuesta este hipo, como, por ejemplo:

  • Tragar aire.
  • Cambios de temperatura ambiental.
  • Exceso de alimento.
  • Reflujo.
  • O comer muy rápido.

Por otro lado, en los niños más mayores existen otras situaciones que pueden desencadenar la crisis de hipo:

  • El estrés y la ansiedad.
  • Las comidas copiosas o ingerir los alimentos muy rápido.
  • Beber refrescos.
  • Tragar aire, comidas copiosas.
  • La fiebre.

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Cómo podemos aliviarlo

En la mayoría de los episodios, no suelen necesitar ningún tipo de tratamiento, ya que son transitorios y autolimitados, resolviéndose de forma espontánea. En el caso de los bebés, también, con el paso del tiempo irán disminuyendo la frecuencia e intensidad de los episodios de hipo

Existe una gran variedad de remedios caseros y tradicionales para aliviarlo. Por ejemplo, apretarse los oídos, beber agua, tumbarse de espaldas... pero con dudosa evidencia demostrada. La pediatra afirma que no existen remedios milagrosos. En cambio, lo que sí podemos lograr es prevenirlo, y nos da los siguientes consejos para aliviarlo en los bebés:

  • Asegurarnos de que comen despacio. Recomienda alimentar al bebé en un ambiente relajado y cuando éste se encuentre tranquilo, antes de que tenga hambre para que la succión sea más relajada. Además, se puede hacer alguna interrupción para que descanse.
  • Durante el episodio de hipo, se puede intentar ayudar al pequeño ofreciéndole el chupete o la toma (tanto de lactancia materna como de fórmula artificial) para que se regule su respiración con la succión. 
  • Asimismo, se le puede ayudar a eructar, colocando al bebé en el hombre y masajeando su espalda. 
  • Si el hipo aparece durante la comida, se puede esperar unos minutos, cambiarle de posición y ofrecerle, de nuevo, la toma.

Con respecto a los de edad más avanzada, además de comer a un ritmo más pausado, señala:

  • Evitar aquellas situaciones que les produzcan estrés.
  • Se puede probar a detener temporalmente la respiración (apnea) durante 15 segundos

Aunque es muy poco común en los niños, los padres deben estar atentos de que el hipo no sea persistente o incoercible. Es decir, que dure más de 24-48 horas, y afecte a sus actividades diarias: alteraciones de alimentación y sueño, o que provoque cansancio o malestar. En estos supuestos, los progenitores tendrán que acudir a la consulta del pediatra para que éste valore si puede existir alguna causa médica que lo cause.

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