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Cómo puede influir el confinamiento en la conducta de algunos adolescentes

Desobediencia, malas contestaciones... Durante el confinamiento, la convivencia puede verse afectada, en especial, en aquellas familias donde conviven jóvenes con problemas de conducta.

Si la cuarentena y el confinamiento han pasado factura a los adultos, también han repercutido de forma significativa en la vida de los más jóvenes. Tal y como advierten desde Amalgama 7, centro de atención terapéutica y educativa para adolescentes, en muchos casos, la convivencia se ha agravado. En especial, en aquellas familias donde los hijos ya mostraban anteriormente una conducta inadecuada a la hora de tratar con sus padres. Se trata de 'adolescentes disruptivos', aquellos que según nos explica Jordi Royo, director clínico del centro, "no participan en casa, se niegan a hacer sus tareas, a comer con los padres…". Y estos días se han convertido "en bombas de relojería a punto de estallar".

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¿Cuáles son los problemas más habituales durante la cuarentena?

Desde Amalgama 7 apuntan a que las consultas y quejas más frecuentes de los progenitores durante la cuarentena son las siguientes:

  • La poca motivación de los jóvenes y desmotivación a la hora de realizar las tareas del colegio.
  • Escasa o nula participación a la hora de llevar a cabo las tareas domésticas.
  • 'Pantallismo', sobreexposición a las pantallas (móviles, tablets, televisión…).
  • Conflictos relacionales. Falta de respeto a los padres y a los hermanos.
  • Tendencia a evitar los espacios comunes familiares. Optan por quedarse de forma permanente en su habitación.
  • Falta de información y control de lo que hacen dentro de su habitación. Con los riesgos que ello conlleva, como, por ejemplo, que consuman contenidos inapropiados para su edad.
  • Consumo de tabaco y/ o de otras sustancias tanto en su dormitorio como en las áreas comunes.
  • Negación a comer lo que se les ha preparado o malas contestaciones a la hora de la comida. Incluso, en ocasiones, quieren comer cuando y donde les plazca.
  • Desobediencia, desprecio… incluso insultos.
  • Peticiones reiteradas para salir de casa, en pleno confinamiento, con la excusa de que van a ver a un amigo.
  • En el caso de padres separados, se acentúan las fisuras. El hijo no quiere ir a la casa del progenitor que le corresponde o amenaza con marcharse. Lo que, además, puede plantear un problema legal.

No obstante, el psicólogo Jordi Royo comenta que ni "los adolescentes son homogéneos" ni tampoco sus familias y su forma de educarles. Frente a los jóvenes disruptivos que se comentaba líneas atrás, se encuentran los 'normativos', que, por el contrario, trabajan y participan en casa.

De igual modo, existen diversos modelos de progenitores, desde los que sobrepotegen a sus hijos hasta los que aspiran a ser sus amigos. Y aunque cada uno de ellos responde de manera diferente, por lo general, "tienden a ceder o a negociar con los adolescentes". Su actuación responde a un objetivo claro: 'desescalar' el conflicto y buscar la paz familiar.

Sin embargo, "cuando se justifica lo injustificable, se están equivocando", asevera el experto. "Si en tiempos de confinamiento, sólo son los padres quienes tienen las obligaciones y los hijos todos los derechos, es un problema".

"Nuestra experiencia es que muchas veces los padres están confusos y sienten que son malos padres" porque no comprenden el motivo por el que ponen en práctica ciertos consejos educativos y no funcionan. "Pero por mucho que cedan, no consiguen buen clima familiar. Es bueno pedir ayuda profesional en trastornos de conducta”.

Y es que, en ocasiones, lo que puede tomarse como una rebeldía adolescente puede esconder un problema conductual como el Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH) o la dislexia.

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¿Maleducados o jóvenes con trastornos de conducta?

La línea entre unos y otros es muy sutil desde los ojos de los progenitores. Así que es preciso contar con un diagnóstico. Jordi Royo comenta que si perciben indicios como:

  • Que no quieren hacer los deberes.
  • O confían en "lo veo, lo quiero, lo tengo". Es decir, que ven cualquier objeto, lo quieren, pero no comprenden que no siempre pueden tenerlo, hay un problema. Hay que pedir ayuda.

El profesional ayudará a distinguir si se trata de un trastorno conductual o mala educación, aunque el psicólogo da una pequeña pista para discernir entre ambos. "Si la violencia física, psicológica… se da de forma progresiva, o la desobediencia se convierte, poco a poco, en maltrato, puede ser déficit educativo". En cambio, estas actuaciones aparecen de forma repentina, suele deberse a trastornos neurológicos, como el Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH), trastornos del aprendizaje, como la dislexia, trastornos de la alimentación, como la bulimia…

Y "a veces es más fácil revertir los malos comportamientos de un enfermo que de un maleducado, que se siente en una posición de poder y no quiere cambiarla", añade.

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Cómo actuar en estos casos

Dadas este tipo de situaciones, es habitual que muchas veces la convivencia se torne imposible. Por eso, resulta imprescindible solicitar la ayuda de profesionales que intentarán reconducir la relación en el propio espacio del confinamiento familiar. Para que esto sea posible, se tienen que dar ciertas condiciones, explica Jordi Royo:

  • que se pueda intervenir en un espacio exclusivo con los padres
  • que se pueda intervenir en un espacio exclusivo con el hijo
  • que se pueda tener un espacio conjunto para los hijos adolescentes
  • que todas las partes estén dispuestas a cumplir con los acuerdos estipulados

Si no es factible, entonces se debe asumir que la convivencia no es posible, e incluso en algunos casos, habrá que buscar otro espacio para que el adolescente pase el confinamiento. Preferiblemente, en el hogar de familiares más cercanos, o ante la falta de estos, en un centro.

De hecho, el psicólogo recalca que "los ingresos en centros terapéuticos no son sólo aptos para personas con patologías, sino para familias que presenten un problema grave de convivencia".

El experto asegura que la separación ayuda y favorece la reconducción de la relación, así como el cambio de los hábitos patológicos de los adolescentes. Ya que esos jóvenes ven a sus padres como enemigos que no son.

Las visitas entre padres e hijos se realizarán de forma progresiva, poco a poco, y al cabo del tiempo, en el 70% de los casos, la relación habrá mejorado. De todos modos, comenta Jordi Royo, que se hace "un seguimiento vía telemática" para garantizar que así sea.

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