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Con estos consejos, lograrás que tus hijos sean más ordenados

Conseguir que los niños organicen sus cosas no es una misión imposible, y los padres juegan un papel fundamental en ello. Te lo contamos

Durante esta cuarentena, seguro que en más de una ocasión, has tenido que pedirle a tu hijo que recoja sus juguetes. Y es que, salvando ciertas excepciones, es muy habitual que los más pequeños de la casa dejen sus bártulos en todos los rincones, provocando que el orden en casa brille por su ausencia. 

Pero este comportamiento tiene una buena explicación. Según nos detalla la psicóloga Paula Pérez Marina, de Psiconsulta, se debe a que "los niños, en especial los más pequeños, están en una etapa evolutiva en la que necesitan explorar el mundo, coger cosas, tocarlas, golpearlas, hacerlas sonar… Por lo tanto, es evidente que estas acciones van a conllevar que intenten coger cualquier cosa que se interponga en su camino para hacer sus experimentos".

Aunque esto no exime a los padres de imponer límites e instaurar el hábito de recoger tras el juego, desde el punto de vista de la psicóloga.

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Ningún niño es 'desordenado' por naturaleza

Cuando un niño no recoge, los padres tienden a concluir que su hijo es muy desordenado. Pero nada más alejado de la realidad. "Por suerte, no se trata de 'maneras de ser' rígidas e inamovibles. Al contrario, todas las personas, y mucho más los niños, nos comportamos de una u otra forma en función del contexto en el que nos encontramos". Lo que significa que "no nacen desordenados, sino que aprenden a serlo por las pautas y conductas que los padres tienen hacia ellos", afirma Paula Pérez Marina.

La psicóloga pone un sencillo ejemplo: "puede ser que hayan aprendido que si no recogen sus juguetes no pasa nada porque, aunque su madre les diga cuatro veces que, por favor, los recojan, saben que al cabo de una hora, si no han obedecido, ella los recogerá por pura desesperación. ¿Para qué iban a ser ordenados entonces? No les compensa".

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¿Cómo conseguir que aprendan a ser organizados?

"Lo que verdaderamente se esconde tras el desorden son unas pautas educativas ineficientes, o incluso la ausencia total de éstas", comenta la psicóloga, al tiempo que lanza un mensaje tranquilizador: "los padres tienen un gran poder a la hora de regular la conducta de sus hijos, y en cuanto al orden no iba a ser menos. De lo que hagan los padres, dependerá lo que hagan los niños. Así de fácil".

Para conseguirlo, la experta nos aconseja:

  • Crear una lista de normas de orden a seguir. Es necesario que estas reglas estén lo más ajustadas posible a la realidad, y que no sean demasiado laxas ni demasiado estrictas. Para ello, una buena idea es que las normas se elaboren entre padres e hijos, de manera consensuada y haciendo hincapié en la explicación de por qué son importantes.
  • Un sistema de economía de fichas. Se trata de dar unas fichas (o pegatinas) a los niños por cada norma que cumplan. Estas fichas las podrán canjear por reforzadores previamente consensuados, por ejemplo, jugar a un videojuego. Por el contrario, si entran en números rojos de fichas por no haber ordenado, entonces tendrán que pagar un precio por ello. De esta manera, existe una motivación en los más pequeños para comenzar a poner orden.
  • Reconocer sus logros. Los reforzadores como los videojuegos, series o dulces cumplen su función, pero el reforzador más relevante para los niños siempre es y será la atención y el reconocimiento por parte de sus padres. Así que debemos expresarles las cosas que hacen bien y mostrar nuestro orgullo por ello.
  • Predicar con el ejemplo. Nada mejor para ellos que aprender de sus propios padres, que tienen que actuar como modelos para que los pequeños los imiten. Además, cuando los progenitores estén ordenando, pueden detallar con instrucciones verbales cómo lo están haciendo para que los niños comprendan cuáles son los pasos a seguir.
  • No recoger sus cosas por ellos. Por muy difícil que resulte. Hay que resistir la tentación de ordenar por ellos, de lo contrario, nunca asumirán esa responsabilidad. No hay otra opción
  • Hacerlo divertido. Si ya hemos intentando todo esto, y aun así nos sigue costando que ordenen sus cosas, podemos probar a inventarnos una canción que contenga los pasos a seguir, por ejemplo. De esta forma, haremos la tarea mucho más atractiva.
  • Ir retirando poco a poco los reforzadores. A medida que el niño va aprendiendo a ordenar por sí mismo, es necesario ir retirando de manera gradual los reforzadores para que la conducta pueda darse sin necesidad de acudir a estos sistemas de economía de fichas, y salga de manera natural y espontánea. A modo de ejemplo, los reforzadores que antes eran diarios pueden pasar, progresivamente, a ser semanales, después mensuales, y así hasta que vayan desapareciendo.

Paula Pérez Marina también destaca que estas técnicas deben ser individualizadas y adaptarse a cada caso. "Si no sabemos muy bien cómo hacerlo de forma correcta, lo mejor es acudir a un profesional de psicología para que nos ayude a diseñar las actuaciones".

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Al estilo Marie Kondo: si ordena sus cosas, ordenará su mente

Ya no sólo se trata de mantener la casa ordenada, sino de los muchos beneficios que conlleva para pequeños y mayores. A corto plazo, "los niños tendrán la satisfacción personal de haber cumplido su deber, así como el reconocimiento de sus padres". Instaurar en el pequeño el hábito del orden le servirá a lo largo de su vida: "logrará un grado mayor de autonomía e independencia y hará que la convivencia sea más llevadera".

Además, siguiendo la línea de Marie Kondo, "si ordenas tus cosas, ordenas tu mente. El orden da sensación de paz y tranquilidad, lo que va a ser muy beneficioso para disminuir estados de estrés y ansiedad. Es casi como una terapia".

¿Y desde cuándo podemos comenzar a inculcar estas rutinas? Desde los 2 años, pero "habrá que ir adaptando la complejidad en función de la edad". Paula Pérez Marina nos da las siguientes pautas generales:

  • De 2 a 3 años, deberían comenzar a recoger sus juguetes, cuentos y ropa. También pueden empezar a tirar cosas a la basura.
  • De 4 a 5 años pueden comenzar a recoger la habitación, ayudar a quitar y poner la mesa, así como guardar los libros en la mochila
  • De 6 a 7 años ya son capaces de llevar la ropa sucia a lavar, doblar la ropa limpia, ordenar su escritorio o limpiar la jaula de su mascota.
  • De 8 a 11 años. Es necesario que empiecen a realizar las tareas anteriores de manera cada vez más completa y autónoma. Además, pueden preparar y elegir su propia ropa, limpiar su habitación, sacar los platos del lavavajillas o la ropa de la lavadora.
  • A partir de los 12 años. Pueden hacer las mismas tareas que un adulto, ayudando en el orden general de la casa.

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