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Entrevista

"Los padres somos la mayor influencia que existe para nuestros hijos"

La psicoterapeuta británica Philippa Perry nos habla de su último libro, 'El libro que ojalá tus padres hubieran leído (y que a tus hijos les encantará que leas)', en el que reflexiona sobre la educación, la crianza y la relación entre padres e hijos

Philippa Perry no es una psicoterapeuta al uso, y su forma de abordar y explicar el papel de los padres en la educación de sus hijos tampoco. Lo ha dejado claro en numerosas ocasiones, admitiendo, abiertamente y sin reparo, que "la maternidad/paternidad es muy difícil" para todos. Incluso para una experta en psicoterapia como ella, cuya larga trayectoria en el campo de la salud mental le ha valido el reconocimiento de su Reino Unido natal. 

En su última obra, El libro que ojalá tus padres hubieran leído (y que a tus hijos les encantará que leas), publicada en España por la Editorial Zenith, no sólo habla del proceso de crianza, sino de cómo mejorar la relación entre padres e hijos. Así, bajo este sugerente título, invita a los lectores a descubrir de una forma inteligente y divertida qué es lo que de verdad importa en esta fascinante 'aventura' de la maternidad, al tiempo que les incita a reflexionar sobre su propia experiencia con sus padres.

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Éste no es un libro común sobre cómo criar a un hijo. ¿Qué deben esperar los lectores de él?

Mi libro es diferente a otros sobre paternidad porque no sólo se centra en qué necesitan los niños, sino en ti. Hay gente que ha dicho que leerlo es como hacer un curso en psicoterapia porque hago al lector mirar al pasado y pensar en él. De este modo, va a ser más consciente de cómo afecta a su presente, y lo más importante, qué efectos tiene en la relación con su hijo. Porque la obra se centra en la relación que existe entre el lector y sus hijos o hijo.

Si tú piensas que tu pequeño tiene un problema, lo que tienes que hacer no es sólo mirarle a él, sino prestar atención a cómo te relacionas tú con él. Es en esa relación que tenéis los dos donde encontrarás las soluciones, no puedes sólo enfocarte en el niño. Por tanto, ésta es una obra sobre cómo optimizar esta relación con tu hijo. Establecer un vínculo sano contigo (que te pueda contar o mostrar cualquier cosa que quiera), es lo que necesita sobre todas las cosas. 

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¿Cuándo te decidiste a escribirlo y por qué?

Pienso que la idea de escribir este libro siempre ha estado en mi mente desde una edad muy temprana, y mi vida me ha llevado finalmente a hacerlo. Pero el catalizador ha sido mi trabajo como psicoterapeuta. Muchos de mis pacientes no tuvieron una infancia cruel o tóxica, de hecho, sus padres fueron buenos. Es sólo que los instintos de esos padres se vieron influidos por la cultura de sus propios padres y la sociedad, por lo que, de forma inconsciente, al final no hicieron lo mejor para sus hijos. Y a menos que echemos un vistazo a estas prácticas, se lo transmitiremos a la próxima generación.

Por ejemplo, no es inusual que los padres quieran que sus hijos sean felices todo el tiempo. Pero esto no es realista: lo que les hace felices tiene también el poder de entristecerles. A veces, los padres desean tanto que sus hijos sean felices, que no les permiten mostrar su tristeza ni les ayudan a encontrar formas aceptables para manejar sus enfados o su ira. Les incitan a negarlos

Sin embargo, de forma paradójica, se crea dentro de nosotros una gran capacidad para ser felices cuando nuestros padres nos acompañan, sin importar cómo nos sentimos. En lugar de negar nuestras emociones, nos ayudan, y están a nuestro lado sin importar lo que estemos experimentando: miedo, ira, tristeza o alegría.

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¿Qué consejo darías a los padres a la hora de educar a sus hijos?

Es un asunto demasiado serio como para resumirlo en una línea, ¡por eso tuve que escribir un libro sobre ello! Hay que deshacerse de cualquier idea sobre que existe una fórmula o un método. Los niños y los bebés son personas, así que no se merecen que formulemos trucos y consejos para aproximarse a ellos. Se merecen una relación honesta y abierta contigo. 

Los niños harán lo que tú hagas. Por tanto, si intentas manipularles o entrenarles, aprenderán a manipular y entrenarte a ti y a otras personas. Lo que necesitan es una relación segura contigo, y recuerda que eres la mitad de esa relación, así que necesitas ser tan curioso con lo que estás aportando como sobre ellos.

En el libro destacas la idea de que la infancia de los padres influye en la de sus hijos. Por lo tanto, como padres, ¿nos invitarías a pensar y analizar nuestro propio pasado para convertirnos en mejores padres?

Creo que 'analizar' suena como un trabajo duro. Pero lo que sí que pienso es que deberíamos intentar recordar o imaginar cómo era ser un bebé, un niño, un adolescente. Es preciso tener en mente que ostentamos más poder en esta relación, y por tanto, no debemos explotarlo.

Si recordamos cómo eran esas estapas, estaremos buscando cooperación y no coerción, sintiendo en lugar de negociando, y lo fundamental: conectando con ellos. Es importante que no veamos cada situación sólo desde nuestro punto de vista.

También enfatizas que no deberíamos tener miedo a asumir nuestros errores y decírselo a los niños. ¿Solemos tratar de ocultarlo porque tememos que nos perciban como 'débiles' y nos pierdan respeto?

Un padre me preguntó una vez si no era peligroso admitir que nos hemos equivocado. Se cuestionaba si no provocaría un sentimiento de inseguridad en su hijo si supiera que comete errores. Mi respuesta es: ¡NO! Un niño sabrá cuándo has cometido un error, de todas formas, así que asúmelo y pide perdón. 

Si insistes en ser quien lleva la razón, estarás interfiriendo en los instintos de tu hijo, incluso poniendo en riesgo su inteligencia. Trátale como a ti te gustaría que lo hiciesen si estuvieras en su lugar. Todo el mundo tiene fallos, todo el mundo admite que se ha equivocado a veces y no hacerlo significa acumular una vergüenza innecesaria por tener errores

Yo tenía el hábito de decirle 'lo siento' a mi hija cuando no la entendía bien o malinterpretaba algo. Había una ventaja escondida en esto. Un día, cuando tenía alrededor de 4 años, me dijo, de repente: "Perdón, mamá, estaba un poco gruñona en el coche. Sólo tenía hambre, ahora estoy mejor". Había aprendido a disculparse sin humillación, sin ser avergonzada porque era la manera en que yo la trataba. Los niños van a seguir nuestro ejemplo, así que no tenemos que darles un modelo de inflexibilidad y cabezonería.

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Está claro que nuestro comportamiento tiene un impacto en el de nuestros hijos: aprenden de nosotros. ¿Qué responsabilidad tenemos entonces con respecto a su personalidad y salud mental?

Sólo voy a decir que somos la mayor influencia que existe en su personalidad y salud mental: mayor que el colegio, los amigos o la sociedad. Les damos la bienvenida al mundo cuando su capacidad de recepción es mayor, el primer año de su vida y los siguientes. Si les mostramos consideración, amabilidad, y nos relacionamos con ellos en vez de sólo hacer cosas para ellos durante este tiempo, tendrá ventajas para ellos y para ti. 

No sólo tenemos casi una influencia total en nuestros hijos cuando están a nuestro cargo, sino cuando han crecido. Transmitirles orgullo y alabar su trabajo significará mucho para ellos, e impactará de forma positiva en su confianza.

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