Dejar que nuestros hijos se equivoquen es bueno para su educación

El fracaso y la frustración forman parte de nuestro día a día y es vital para los niños que aprendan y convivan con ellos

En el 'arte' de educar hoy en día, los padres estamos preocupados en todo momento de proteger a nuestros hijos al máximo con tal de evitarles el sufrimiento. Lo que pretendemos es que tengan lo que quieren, que no sufran y, sobre todo, que sean felices, pero lo que hacemos es caer en la sobreprotección. En muchas ocasiones, les tenemos en una 'burbuja', que produce el efecto contrario a que lo que aspiramos conseguir. El fracaso y la frustración forman parte de nuestro día a día y es vital que los niños sepan que tienen que convivir y aprender de ellos. Una persona feliz no es la que no tiene problemas, sino la que ha sabido cómo afrontarlos. Si les dejamos equivocarse, les estaremos dando las herramientas adecuadas para que sepan cómo actuar cuando en un futuro tengan que enfrentarse a cualquier situación en la que ya no estarán ni mamá ni papá para solucionarla. Y como siempre, sus padres, son el mejor ejemplo a seguir.

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¿Por qué tenemos que dejarles equivocarse?

El amor por nuestros hijos nos hace llevarles de la mano mostrándoles que no todo es fácil y, aunque nos cueste, equivocarse y pasarlo mal también forma parte de la tarea de educarles. Estos son algunos de los beneficios de dejar que se equivoquen:

  • Fomentar su autonomía: es una frase que escuchamos desde que empiezan la guardería. Adelantarnos a su error solo provocará que el niño sienta que no confiamos en él. Pero el aprendizaje requiere de tiempo y paciencia, dos cualidades de las que parece que carecemos hoy en día, y que son vitales precisamente para que nuestros hijos ganen en independencia. La autonomía, además, es la base para que gocen de una buena autoestima.
  • Tolerancia a la frustración: cuando el niño comienza a hacer cosas por sí mismo empieza a equivocarse para luego dar paso a la frustración que, lejos de lo que podemos pensar, no es negativa. Es la oportunidad de superarse y de establecer nuevas metas. Es precisamente lo que debemos inculcarles a nuestros hijos durante su niñez, de tal manera que en su etapa adulta no desarrollen relaciones de dependencia, ansiedad o algún tipo de fobia social.

Aprender de los errores es una actitud importanteVER GALERÍA

  • Aprender del error: es importante enseñar a nuestros hijos a sacar el lado positivo de las cosas y, más en especial, de cada error. Además de fomentar su autonomía, les estaremos mostrando la capacidad que tienen de sobreponerse a cada equivocación
  • Saber afrontar los imprevistos: los contratiempos forman parte de la vida adulta, y es en la infancia cuando se aprende a afrontar lo que conllevan. Esto también está conectado de manera directa con la independencia. Algo tan simple como animarlos y hacer uso del refuerzo positivo les va a ayudar ante las situaciones inesperadas que se les presenten.

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¿Cómo hacerlo?

Dejar que nuestros hijos se equivoquen también es un ejercicio difícil para nosotros como padres. Tenemos que evitar caer en los errores cometidos hasta el momento, teniendo en cuenta que lo hacemos siempre por su bien. Siguiendo estas sencillas pautas conseguiremos nuestro objetivo:

  • Ser el espejo en el que se miren: nosotros somos el mejor ejemplo para ellos. Nuestros hijos son una copia de nosotros, de lo que decimos y de lo que hacemos.
  • Dejar que hagan cosas por sí mismos: tenemos que evitar la sobreprotección, la permisividad y no ayudarles en todo.
  • No ceder ante rabietas: no hay que tolerar que la frustración sea sinónimo de una rabieta o viceversa.

Frustración e imprevistos son dos circunstancias del día a díaVER GALERÍA

  • Marcar metas razonables: si les damos tareas y órdenes sencillas acordes a su edad, conseguiremos que al cumplirlas se sientan orgullosos y crezca así su autoestima.
  • Afrontar los errores en familia: de esta manera evitaremos que nadie se sienta triste por haberse equivocado.
  • Evitar las reprimendas excesivas: la paciencia va a ser nuestra mejor aliada. Los gritos y los castigos en exceso cuando se equivocan, si son errores banales, lo único que van a provocar es disminuir su autoestima. Pero tampoco tenemos que dejarles hacer lo que quieran. Lo ideal es encontrar un término medio.
  • Dejarles llorar: reprimir el llanto no es bueno. Aunque nos duela verlos llorar, esta es una manera de mostrarnos su frustración y hay que entender que tenemos que dejarles expresarse. Es importante que los acompañemos en ese momento y que hablemos con ellos cuando estén calmados, para ayudarles a canalizar su malestar. Eso sí, sin minimizar sus sentimientos.

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